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Opinión

  • | 2018/06/11 08:00

    ¿Miedo? ¿Miedo a qué?

    Por algo será que nadie produce tanto miedo en este país como Álvaro Uribe Vélez. Así quedó demostrado en los resultados de la primera vuelta, donde Duque se valió del “Divide y reinarás” para pasar por el medio a pesar de la aplastante votación en contra del uribismo: más del 50 por ciento.

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Los uribistas conocían de este miedo de antemano y, convencidos de que Petro es el único rival que produce más miedo que Uribe, se encargaron de aupar las aspiraciones de Petro. Eso dicen. Sin embargo…

Hace casi treinta años, siendo representante a la Cámara, Petro organizó una caravana de setenta personas de Bogotá a Bahía Málaga, amenazando con una veeduría al entonces presidente Gaviria por haber permitido, de manera ilegal, el tránsito de tropas norteamericanas por el croquis nacional. Acababa de aprobarse la Constitución y el M-19 recién comenzaba a hacer parte de la vida política y este hombre, con menos de 35 años, ya enfrentaba al presidente. Hizo lo propio luego contra Álvaro Uribe por la relación entre los grupos paramilitares y algunos políticos cercanos a sus afectos. Y más adelante también lo hizo con Ordóñez, ese viejo cavernario que al final tuvo que bajarle la cabeza y cruzarse de brazos. En tales ocasiones, como en todas las demás de su vida pública, ha sido Petro quien ha escogido a su rival.

Petro es un hombre valioso y valiente, no tanto por enfrentar la muerte en la guerra (nunca estuvo en combate), sino por alzar la voz en contra de las mayorías. Su debate sobre la parapolítica, sus denuncias contra el fenómeno del paramilitarismo, la ruptura con el Polo, las denuncias de corrupción en la administración distrital y la existencia del carrusel de la contratación son prueba de ello.

Lo que representa el pasado de este país habla de miedo, y yo pregunto: ¿miedo a seguir en lo mismo? ¿A no poder elevar la propia voz? ¿A seguir avergonzándonos de ser quienes somos? ¿A no vencer al destino y dejarnos tragar por los de siempre? ¿A seguir masacrándonos los que no nos conocemos para que no se masacren los que sí se conocen y viven alegres por tanto robar lo que es de todos? Sé de gente que votará por Petro pero teme decirlo. No hay rollo: el voto es secreto. A mí, como a Lemebel, el miedo se me fue pasando de tanto atajar cuchillos. “Miedo es lo que hace que nos atrevamos a tomar riesgos”, escribió Paul Auster. Por eso no me avergüenza decir que votaré por Petro. Más bien me produce miedo continuar hasta la eternidad con lo mismo, ¡con los mismos!

Podría mencionar muchas razones, pero me quedo con una sola: el cáncer de la corrupción, que tiene raíces tan profundas que llegan al otro lado del mundo. Como las cuentas que Odebrecht abrió en Andorra y China para pagar las coimas de esos políticos con los apellidos de siempre que corrieron a apoyar a Duque en gavilla, de Santos y Vargas Lleras a Morales y Gaviria, dejando claro que el miedo no es por Venezuela: el miedo es a no poder ladronear. Mientras más arriba están, más grandes son sus miedos porque nada los sacia: han desangrado mil veces esta nación y aun así quieren hacerlo un millón de veces más.

Petro les produce pánico porque es el único que los ha enfrentado y les ha ganado; les horroriza saber que durante su gobierno no podrán acceder al erario para seguir robándose esas escandalosas cifras con tantos ceros que no caben en una calculadora. 

PD. Gracias a una paciencia de artesano y a una tenacidad de hormiga, esta semana finalmente Angélica Lozano (entre otras) logró que el Congreso votara a favor de la consulta anticorrupción. Lo malo es que ahora esta podría terminar siendo letra muerta de ganar la presidencia la alianza del uribismo con el vargasllerismo, el gavirismo, el santismo, el ordoñismo y los demás de siempre. Ya de hecho Duque está ofreciendo a la juventud y a las mujeres el 50% de su gabinete, es decir, del presupuesto nacional. Con este tipo de promesas para ganar el voto de los jóvenes y las mujeres es como se manipula al electorado y se conserva la corrupción.



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