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Opinión

  • | 2019/01/31 00:27

    Tirar la historia por la ventana

    Asegurar, por ignorancia o malaleche, que los problemas de inseguridad que hoy azotan a las grandes y pequeñas ciudades del país se deben a la ola migratoria de los vecinos, no deja ser un chiste mal contado.

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No deja de ser curioso que mientras que en Colombia se derrama a diario la sangre de los líderes sociales, el presidente del país esté obsesionado con promover una intervención militar que ponga fin a la “dictadura de Venezuela”. Tampoco deja de serlo que un general cuestionado por “falsos positivos” sea el encargado de la protección de los líderes reclamantes de tierra y voceros de las comunidades abandonadas por la mano del Estado. Creo que las torceduras de este país tienen solución, pero no por cuenta de aquellos que las originaron. Hace poco vi morir a una señora en una clínica de Barranquilla mientras esperaba que la atendieran. Su hija, que la acompañaba, aseguró que era la tercera vez que la llevaba de urgencia en una semana, pero los médicos solo la chequeaban, le formulaban unos medicamentos y la enviaban de nuevo a casa. Estas muertes a cuentagotas y de las que nadie, o casi nadie, se entera, se producen a diario en distintos establecimientos de salud del país. Lo mismo ocurre con los miles de muertes de menores por enfermedades prevenibles, consecuencias de la falta de alimentación y agua potable. Sin embargo, para muchos colombianos, el problema mayor sigue siendo la llegada masiva de venezolanos a nuestro suelo.

El otro día le escuché decir a una dama que hace sus compras en un supermercado de cadena, que el gran problema de la inseguridad en nuestras ciudades es por culpa de los venezolanos que llegan. Callé no porque ella tuviera razón, sino porque, por su edad, podría ser mi madre. Claro, no que faltó el séquito de señoras que aprobara su comentario, agregando una gran dosis de veneno y una buena porción de xenofobia. Me pregunté dónde había estado viviendo la dama en las últimas décadas de violencia desata por el paramilitarismo y la guerrilla. Me pregunté si antes de la llegada masiva de los vecinos no había niños pidiendo monedas en los semáforos, puentes y esquinas de las grandes y pequeñas ciudades de este país desmemoriado, o vendedores informales abriéndose un espacio en los andenes y calzadas de las principales avenidas. Pensé en la Bogotá preTransmilenio y en la Barranquilla desordenada, sucia y oscura antes de la primera administración del cura Hoyos. No obstante, para la señora, el problema lo había originado la ola migratoria de los vecinos.

El asunto real no es, pues, el comentario en sí mismo, sino la falta de información o la desinformación que yace en él. Siempre he creído que el verdadero problema de este país es el desconocimiento de la historia que nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos. Olvidamos, o desconocemos, que, en las décadas de los setenta, setenta y ochenta, Venezuela fue el polo de desarrollo más grande del Cono Sur y que millones de colombianos llevados por la pobreza que acechaba como fiera salvaje el territorio nacional, se iban al país vecino a echar trapero o a internarse en la casa de algún rico para así enviarle a sus familiares unos bolívares que pudieran satisfacer sus necesidades básicas. Olvidamos que hoy, a pesar del rosario de dificultades que afectan al país vecino, cientos de colombianos cruzan ilegalmente la extensa frontera para contrabandear unos galones de gasolina porque allá un litro de combustible es mucho más barato que una bolsa de agua en el nuestro.

No voy a discutir aquí que una parte de los problemas sociales y económicos que perturban a la nación bolivariana es el resultado de la pésima administración que se vino gestando en los últimos decenios y los altísimos niveles de corrupción. Las protestas que se toman hoy al país del Libertador son, sin duda, consecuencias del descontento de los ciudadanos con sus gobernantes. Sin embargo, jamás se ha gestado en territorio venezolano un movimiento revolucionario como el se dio en Colombia a comienzos de los sesenta y que originó la conformación de verdaderos ejércitos armados como las Farc, ELN, EPL y otros que han buscado transformar (no invertir, como se ha dicho numerosas veces) la estructura social que permite, sin que nadie se escandalice, la muerte frente a las clínicas y hospitales de cientos de ciudadanos cada año, el abandono del Estado a sectores amplios de la población campesina, las muertes por inanición de miles de niños y la ausencia de escolarización de otros miles porque las necesidades básicas del hogar los lleva a cumplir labores de cualquier índole antes de llegar a los dieciocho años.

Asegurar entonces, por ignorancia o malaleche, que los problemas de inseguridad que hoy azotan a las grandes y pequeñas ciudades del país se deben a la ola migratoria de los vecinos, no deja ser un chiste mal contado. Pero peor es desconocer los grandes lazos comerciales que durante décadas la nación bolivariana ha mantenido con el país del Sagrado Corazón. Eso sí es tirar la historia por la ventana.

Twitter: @joaquinroblesza

Email: robleszabala@gmail.com

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