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Opinión

  • | 2006/03/19 00:00

    Milagro En La Tierra Prometida (Por Rafael Rodríguez Jaraba)

    En la tierra que Dios prometió a Moisés, siguen sucediendo milagros. Pero esta vez, los milagros son hechos por hombres visionarios que invirtieron toda su capacidad y empeño en el mejor insumo del progreso y en la verdadera semilla de la prosperidad: La Educación.

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Gracias a esa inversión, hoy Israel, es una nación notoria y meritoria. Elocuente ejemplo de avance, y testimonio vivo de la esperanza cierta que deben tener los países menos desarrolladas de poder alcanzar progreso social y económico.

Todas las mediciones internacionales sitúan a Israel como la segunda nación con más alto standard de calidad en la educación, y como el país con el mayor auge en términos de iniciativa privada y de promoción del espíritu empresarial.

Amenazada por un terrorismo vociferante y sordo, Israel es una ínsula democrática, rodeada por un océano de dictaduras y de regimenes totalitarios, la mayoría de ellos, amparados en fundamentalismos religiosos beligerantes, que por no admitir la diversidad ni el disenso, no cesan de intimidar la tranquilidad de un mundo pluralista y diferente.

En medio del asedio y de la amenaza incesante del fundamentalismo demencial, Israel, día a día se sobrepone a su suerte, y con base en la cohesión de su sociedad y en la determinación de sus gobernantes, hace posible el milagro moderno del progreso, ante la mirada incrédula de analistas cotoplacistas y de eruditos fatalistas, que no auguran buen suceso al anhelo de las naciones pobres de acceder al desarrollo.

Con una población de 7 millones de habitantes y con escasas ventajas comparativas, Israel ha venido construyendo un presente promisorio, fincado en la conversión de sus debilidades en fortalezas. Con mas carencias que recursos y con una topografía mayoritariamente desértica en donde escasean las fuentes naturales de agua, Israel en tan solo 58 años le ha probado al mundo, que las naciones jóvenes, pobres y emergentes tienen posibilidades reales de romper con los falsos atavismos del subdesarrollo, el atraso, el aislamiento y la marginación.

La disciplina y la cohesión inquebrantable de sus ciudadanos, que no niega espacios al pluralismo y a la diversidad ideológica sobre la forma como se debe enfrentar la guerra o la paz, ha hecho de Israel, una democracia sólida, donde el reconocimiento y el respeto por el escrutinio de las mayorías, es la base de la unidad nacional.

A pesar de su breve historia, es una nación de ingreso alto, con un PIB de 116.900 millones de dólares y un PIB por habitante de 16.942 dólares. Su economía está basada en la innovación y su mayor renglón es su comercio internacional liberalizado, que contribuye con cerca del 90% de su PIB.

Contrario a lo que se pueda imaginar, Israel ocupa el primer lugar en el mundo, en el denominado coeficiente “I+D” que pondera los logros de las sociedades, frente a la inversión en investigación, y la incidencia de esa inversión en el PIB. La investigación y el avance tecnológico alcanzado, han permitido el maravilloso milagro de la transformación de un territorio agreste y árido, en un edén de innovación y de mejoramiento continuo de la actividad agrícola.

Por momentos pareciera que los obstáculos y las vicisitudes que Israel ha tenido que enfrentar para alcanzar su desarrollo, hacen parte de una cadena interminable de pruebas que el pueblo de Moisés debe seguir superando, para merecer la tierra que Dios le prometió.

Honor y admiración a Israel, cuna de la civilización, y ejemplo del milagro humano que produce la educación.


RAFAEL RODRIGUEZ-JARABA*

*Consultor Jurídico y Corporativo. Catedrático Universitario. El autor recientemente visitó Israel por Invitación de la Universidad de Tel-Aviv.
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