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Opinión

  • | 1996/02/19 00:00

    MOCKUS ESTADISTA

    Si Mockus logra aprobar una privatizacion a traves de un plebiscito entra en forma automatica a las grandes ligas

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EL ALCALDE ANTANAS MOCKUS YA NOS tiene acostumbrados a los sobresaltos. El más reciente, aunque no el último de todos, es el anuncio de la venta de la Empresa de Teléfonos de Bogotá ETB, uno de los temas tabú de cualquier administración municipal. Pero no sólo dice estar de acuerdo con la operación sino que anuncia una consulta popular sobre ese punto, lo cual es tanto o más atrevido que la venta misma.
Para arrancar por el comienzo, hay que decir que la ETB está desde hace tiempo en una carrera sin reversa hacia la muerte. Las cargas laborales acumuladas de la empresa son infernales y desde hace rato distintos especialistas han activado la alarma sobre el coletazo financiero que puede significar un infarto en la ETB para la administración distrital y para las telecomunicaciones de la capital.
Me quedé con la boca abierta cuando le oí decir al alcalde que si la ETB se vende por mil millones de dólares habría que destinar cerca de 400 millones al hueco sin fondo del pasivo de pensiones con los trabajadores. Una auténtica locura.
Aunque no es hora de llorar sobre la leche derramada, hay que decir que es inadmisible que una sociedad haya permitido la acumulación de esa mezcla de vagabunderías, ingenuidades y desaciertos administrativos que acabaron por crear un monstruo de esas dimensiones.
La imagen del sindicato eufórico cargando en hombros a un gerente de la ETB, después de la negociación de un pliego de peticiones, merece ser esculpida en piedra como recuerdo imborrable de la falta de seriedad de nuestros dirigentes.
Dicen los enterados que las peticiones que consagra el pliego que el sindicato le acaba de entregar a la empresa le costarían a la ciudad, de ser aprobadas, algo así como 40 millones de dólares en los próximos dos años.
Este recuento, sin embargo, sólo serviría para demostrar que la situación es grave pero no que la venta va a resolver el problema. Pero si se le echa una mirada al futuro se ve que la cosa sí puede funcionar.
En muy poco tiempo la telefonía va a entrar en un sistema de competencia abierta. Eso quiere decir que quien compre la ETB va a tener que operar en un sistema en el que sólo la eficiencia la puede sacar adelante, y la concurrencia de operadores va a significar una mejora para el usuario en cuanto a opciones de tarifas y calidad del servicio.
El otro lado del asunto es que con la plata de la venta se financiaría parte del proyecto del metro y se salvaría la Empresa de Energía de la ciudad. ¿Por qué, entonces, ven- der la ETB y no la Energía también?, preguntan algunos. Porque el servicio de energía seguirá siendo un monopolio que conviene mantener y no entregar a particulares.
Hay que reconocer, dicho sea de paso, que esta propuesta es de Enrique Peñalosa, perdedor frente a Mockus en la campaña electoral.
Sin embargo la audacia de Mockus no está tanto en la propuesta como en el mecanismo. Hay pocas cosas más impopulares que la venta de las empresas estatales, y el alcalde resolvió avalar su idea mediante una consulta ciudadana.
Hay que reconocer que el único político conocido que lograría la aprobación de un plebiscito de esta naturaleza es Antanas Mockus, y que se convertiría en el primer dirigente latinoamericano en ganar una consulta popular sobre privatizaciones
Eso haría pasar a Mockus a las grandes ligas de la política. Lo hemos visto lidiar mimos, cambiar el horario de los bares, domesticar al Concejo, atreverse a prohibir la pólvora, comer zanahoria y besar a la novia. Y en todo ha tenido éxito (sobre todo en lo último).
Pero si logra domar la impopularidad de la privatización y vende la ETB después de un plebiscito, habrá que darle al señor Antanas Mockus el título de estadista.
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