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Opinión

  • | 2019/09/09 18:49

    Monos: espejo de una guerra delirante

    En el espejo social que construyeron Landes y Dos Santos (escritores), se cuenta una historia que queda abierta sin principio ni fin, tal y como ha sido nuestra guerra.

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La mayoría de las películas de guerra se acaban cuando se acaban, otras duran un poco más mientras se conversa de ellas en el pasillo de salida, las mejores trascienden algunas horas extras durante la comida, pero son realmente pocas las películas que se adhieren a la psiquis y sus imágenes se quedan taladrando la cabeza por varios días. Monos, la última película del director Alejandro Landes hace parte de estas últimas.   

Este filme es un espejo abstracto y atemporal del conflicto, son 105 minutos donde todo se mezcla, los climas fríos con los templados, los personajes buenos que hacen cosas malas con los malos que hacen otras peores, en los sonidos no hay límites entre la música, los ruidos secos de la guerra, el bochinche penetrante de la selva con sus grillos, y los silencios coloridos. Además, en esta mezcla de ideologías y delirios, entre una imagen y otra, todo se va acelerando tan lentamente que casi no se nota, hasta llegar a la taquicardia y el vértigo de los minutos finales.  

En el espejo social que construyeron Landes y Dos Santos (escritores), se cuenta una historia que queda abierta sin principio ni fin, tal y como ha sido nuestra guerra. Cuando nacimos el conflicto armado ya estaba allí, ya eran parte de nuestro paisaje rural los jóvenes con fusil, los amaneceres con neblina, los secuestrados y las vacas (como la infortunada Shakira) pastando en los páramos, los helicópteros artillados y los caudalosos ríos que separan las montañas. 

Precisamente en esa atemporalidad de las escenas está lo más difícil de digerir como espectador, nos hace reflejar en el difuso y hasta psicodélico espejo de la guerra que sigue allí, donde todavía abundan los movimientos y las justificaciones trastornadas para darnos bala. Es ver por un caleidoscopio que esta y las otras guerras no paran, y que tal vez moriremos sin ver el final, sin saber quién ganó. 

Cuando la manada de los ocho Monos se reúne, fluyen diálogos delirantes, llenos de profundidad personal, el cada quien sobreviviendo a la guerra. Imagino al ver Monos que así podrían ser los encuentros de los nueve miembros del secretariado de las FARC, las reuniones de los cinco cabecillas del Comando Central del ELN o las cumbres de los dieciséis bloques de los bien llamados paramilitares. Por eso Monos no es una película de ficción sino de realidad extrema, ausente de contexto político o moral, ese es su encanto. 

Monos no es la historia del conflicto en Colombia, no sale ni una mata de coca ni un político, tampoco hay culos ni tetas de silicona, no se escuchan groserías que exacerban maldad o acentos que intimiden. Monos es la historia de la demencia de todos los conflictos, así es que logra esa universalidad en el relato que muchas veces le falta al cine colombiano. Es una historia que le encaja y sacude a espectadores de todas las latitudes, por eso ya se ganó premios y nominaciones en  festivales tan importantes como disímiles, desde Sundance, Berlín, Cartagena, Toulouse, Buenos Aires, Newport, Odeas, Transilvania y Santiago, hasta la representación oficial del cine colombiano los premios Goya y la próxima edición de los Oscar. 

Un mérito que sí es muy colombiano de Monos está en la producción, esta película no nació de un presupuesto grande ni plazos claros u horizonte definido para su distribución en cines, sino de una idea sólida que por su calidad y creatividad fue superando obstáculo tras obstáculo al igual que pasa con la mayoría de nuestros deportistas, artistas y científicos que triunfan afuera; al proyecto de Monos se le terminaron sumando aliados (co-productores) de nueve países. Con una taquilla que ya ronda los 200 mil espectadores en Colombia, (todo un récord para una película nacional que no sea de humor estereotipado), esta semana se estrena en los Estados Unidos, en el que parece ser el marco de distribución en teatros más amplio que haya tenido una película colombiana fuera de estas fronteras.  

Al final de la película, cuando salen los créditos y las luces del teatro se prenden, Monos sigue ahí, no se acaba. 

***

Anticipo: ¿Será que alguien en el Gobierno Nacional responderá la invitación del ex-comisionado de paz Sergio Jaramillo (difundida en El Tiempo y La W), donde invita a todas las corrientes políticas a trabajar unidas para superar el mayor obstáculo que le han puesto la banda de Santrich y Márquez a la paz de los colombianos?

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