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Opinión

  • | 2019/04/22 02:51

    Negro, gris y blanco del futuro de la paz

    Luchemos todos por la paz y por el inicio de nuevos procesos para la convivencia tranquila en un espacio en el que quepamos todos, sin distingos, sin diferencias irreconciliables, sin rencores, al unísono de un grito de paz y un abrazo fraternal en procura del bienestar general. Así lo reza nuestra Constitución.

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En diferentes medios de comunicación escrita se está mostrando un panorama gris, si no negro, para el futuro de la paz en Colombia, soportado en el crecimiento de las disidencias de las farc, la persecución de los antiguos jefes de este grupo guerrillero a manos de sus propios antiguos subordinados, hecho que está sirviendo como excusa para la no comparecencia ante la JEP, los quebrantos institucionales de esta corporación de justicia transicional, el crecimiento de las hectáreas sembradas con coca, las relaciones del gobierno nacional con Trump que cada día empeoran y exacerba la crisis, la precaria gobernabilidad interna del presidente Duque, la polarización política sin precedentes en el país, las relaciones con Venezuela rotas al extremo, etc.

Sin embargo, todos estos temas cruciales para el encarrilamiento del tren institucional son superables, salvo los que fueron, son y serán la génesis del conflicto interno armado: La pobreza y la corrupción.

La pobreza es el flagelo que representa el mayor descontento de la gente con los gobiernos de más de seis décadas que se olvidaron de las regiones como el Pacífico, los territorios nacionales, las fronteras y hasta las goteras de las grandes ciudades que se convirtieron en focos de miseria y violencia social.

Los jóvenes en estos sectores desprotegidos no cuentan con recursos para acceder a la educación y si logran la secundaria no les alcanza para los estudios superiores, y si por fortuna culminan una carrera o una tecnología, salen y no consiguen trabajo. Esta cadena adversa a sus intereses desincentiva a quienes sin garantía ven sus esfuerzos arrojados a la basura, no quedándoles otro camino que hacer parte integral de los grupos al margen de la ley.

Los padres de familia que no consiguen un ingreso para sostener a sus hijos, igualmente se ven abocados a formar parte de la criminalidad que desde diferentes aristas logra permear la familia y la sociedad.

Pareciera que la desgracia es connatural a la pobreza.

Quienes superan los corredores de la miseria y la pobreza y con la suerte de un empleo público o privado de mediana categoría logran los ingresos necesarios para sostenerse en la clase media, luchan a diario para seguir ascendiendo. En ese camino, los desanima brutalmente cuando ven que las clases privilegiadas política y económicamente, cuando tienen la oportunidad, arrebatan, por no decir se roban, los recursos del Estado destinados para la educación, la salud, el empleo, los servicios básicos, la infraestructura vial y para el desarrollo sostenido del país.

La corrupción es un cáncer, como así lo ha denominado el señor procurador general de la nación, que carcome la sociedad, y tal vez es el flagelo que más causa repudio y rechazo de quienes ven sus esfuerzos y luchas aprovechadas por los que más tienen.

El panorama es gris, o si se quiere negro, pero no podemos perder las esperanzas en una paz que debe consolidarse sobre la base de la erradicación de patologías que le hacen daño a nuestra sociedad como la miseria, la pobreza y la corrupción, por lo que no nos cansaremos de exhortar al Presidente Duque a que convoque a la unidad nacional en torno a estas causas primigenias de la guerra, del conflicto armado y de la desilusión de todo un país que le exige políticas claras y prontas en la reconstrucción de un mejor futuro para todos los colombianos.

Deseamos que esa mirada oscura se convierta en un camino puro, blanco y sin manchas que fortalezca el ánimo de quienes queremos ver crecer a nuestros hijos y a nuestros nietos en mejores condiciones.

Luchemos todos por la paz y por el inicio de nuevos procesos para la convivencia tranquila en un espacio en el que quepamos todos, sin distingos, sin diferencias irreconciliables, sin rencores, al unísono de un grito de paz y un abrazo fraternal en procura del bienestar general. Así lo reza nuestra Constitución.

Transitemos de un negro a un gris, y desemboquémonos en un blanco de la paz, único camino para crecer y desarrollarnos dignamente.

Para este cometido, invocamos la juventud del presidente Duque para pedirle que pase de negro a blanco como se lo solicitan todos los colombianos para reunir a las cortes, a los órganos de control, a todas las fuerzas políticas, a la Iglesia y a los jóvenes que tienen derecho a la paz, en una sola mesa, en una sola dirección, en un solo deseo de tener un país viable para siempre.

(*) Abogado Constitucionalista.

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