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Opinión

  • | 1994/01/10 00:00

    No hay mal...

    El clásico de clásicos lo constituye para Gaviria la vergonzosa fuga de Pablo Escobar

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QUE CATASTROFE EL DISCO DE FRANK Sinatra. Y cuánto, en contraste, prometía. Esta leyenda de la música de to- dos los tiempos no debió permitir que se produjera un conjunto tan deshilvanado, so pretexto de reunir a una pléyade de conocidos cantantes para que le hicieran dúo en algunas de sus canciones más famosas.
Ninguno de los invitados se tomó el trabajo de encontrarse con Sinatra para cantar con él en persona. Y eso se nota. Son pistas musicales con voces sobrepuestas al azar que igual están allí, pero podrían haber estado en otro lado. Si como el disco de Sinatra es la desilusión musical del 93. Pero en cambio, si hubiera que escoger los aciertos musicales del año, a nivel nacional no hay duda de que es el de "Clásicos de la Provincia", de Carlos Vives, que convirtió el vallenato en un best seller nacional, así se revuelquen en sus silla los puristas como Juan Gossaín. Y a nivel internacional, música de la película The Bodyquard, de Whitney Huston, la versión de UB40 del clásico éxito de Elvis Presley "Can't help falling in love", y el disco " Mi Tierra", de Gloria Estefan. Si en la colección personal del lector se ha omitido alguno de los mencionados, pilas, como dicen los jóvenes melómanos. No se debe dejar pasar el año sin completarlos.
Toda esta introducción, curiosamente, no es para hablar de música, sino de política. Una de las mejores canciones del disco de la Estefan es,"No hay mal que por bien no venga". Y el coro lo reafirma: "No hay mal, no hay mal ". Yo diría que es la canción de moda en la política colombiana, donde la peor suerte está resultando ser, a la larga, la mejor.
El primer ejemplo es el de Andrés Pastrana. En cualquier campaña política de Colombia o del mundo, capturar a un lavador de dólares que resulta ser primo hermano de un candidato presidencial es ya un golpe del que resulta difícil recuperarse. Y si además primo dice que hace lo que hace para levantarle plata a campaña de su primo candidato, las cosas empeoran. Si Andrés no se hundió fue porque no existe un solo colombiano que crea que Pastrana tiene algo que ver con el negocio de las drogas o del lavado de dólares. Pero el hecho fue que no so no se hundió, sino que salió mejor librado del incidente de que las encuestas de opinión registraban antes de él. Le puso la cara al problema, apareció en grandes dosis por la televisión, que es el medio que domina por excelencia, y se dio pantallazo involuntario que lo impulsó nuevamente en las encuestas de popularidad. Andrés: en esta vida, "no hay que por bien no venga. No hay mal, no hay mal ".
Pero a Ernesto Samper también le cabe la canción. Primero comenzaron los rumores sobre la posibilidad de que el presidente Gaviria prefiriera a Andrés sobre Ernesto como sucesor. Pero luego vino el libro de Mauricio Vargas, que colocó los rumores en el campo de los hechos verificables. Según el libro, Gaviria bailó a Samper a la hora de conformar su primer gabinete, un poco por desprecio por lo que Gaviria considera que son las debilidades de Ernesto en el campo del orden públi- co, y la mala gana que puedan tenerle los gringos por su par- ticipación en los primeros intentos de diálogo con el cartel de Medellín. Y otro poco por arrogancia política de Gavi- ria. No lo quiso nombrar ni Canciller, ni Ministro de Go- bierno. Le entregó en cambio el Ministerio de Desarrollo, donde un hombre con aspiraciones presidenciales para el 94 podía lucirse muy poco o casi nada. Pero el libro también cuenta que a la hora de alinearse con Rudy Hommes, que quería acelerar la apertura, o con Ernesto Samper, que quería desacelerarla, el Presidente claramente se alineó con el primero, dejando a Samper algo así como colgado de la brocha.
Ante tan tremendos cohetes, en medio de una campaña tan difícil como la actual, al presidente Gaviria no le ha quedado más remedio que salir a decirle a los cuatro vientos que no es enemigo de Samper, que lo estima, que lo aprecia, que lo apoya. Con un entusiasmo que jamás se habría producido si no hubiera mediado el libro de marras. Ernesto: "No hay mal que por bien no venga. No hay mal, no hay mal ".
Pero sin duda alguna el clásico de los clásicos lo constituye para Gaviria la fuga de Pablo Escobar de la cárcel de Envigado. ¿Algo peor habría podido suce- derle a un Presidente? ¿Algo que lo humillara más, que lo colocara en peor descrédito, o que arrastrara más por el sue- lo el nombre del país? Un año después, Escobar esta muerto y el cartel de Medellín desintegrado. Si Escobar no se hubie- ra fugado, el cartel, y su jefe a bordo, seguirían vivitos y coleando porque como el país vino a saberlo después, la verdad es que no solo se estaban reorganizando, sino fortaleciendo, bajo la firme vigilancia de las autoridades, que más se ase- mejaba a una custodia muy efectiva de la vida del jefe del cartel y de sus secuaces.
Dicho de otra manera, si Escobar no se hubiera fugado de la cárcel, no estaría muerto.
Presidente Gaviria: "No hay mal que por bien no venga. No hay mal, no hay mal".
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