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No volvamos trizas el cambio

El proceso de paz con las Farc desquició la política porque en realidad fue un acuerdo de paz sin acuerdo y una negociación con total exclusión de importantes sectores de la opinión.


Por: Noemí Sanín, Excanciller-columnista invitada para esta edición

No he vivido campaña alguna en la que, en la víspera de las elecciones, no se supiera quién iba a ganar. Cambiamos de pronóstico (no la decisión de por quién votar) cada vez que de uno u otro lado llegaban encuestas, muchas fake y hechas a la medida de las necesidades de cada campaña.

Escribo este comentario sin saber quién será el presidente. Para los dos el país es el mismo y su deber es igual: consensuar y lograr pactar el cambio que todos reclamamos. Llegaron a la recta final el ingeniero y Petro, no creo que por ser los mejores. Tuvimos muy buenos candidatos. Llegaron, creo yo, porque fueron los más radicales, los que más polarizaron y los mejores lectores en ofrecer lo que ya se había dado: el cambio.

Esta campaña se parece más a un referendo que a una verdadera campaña política. Se votó por Petro o contra Petro. Las dos campañas utilizaron todas las posibilidades de hoy. Fueron mesiánicas. Fueron populistas. Integraron todas las posibilidades de la tecnología. Hubo espionaje ilegítimo, hasta en la intimidad. Infamias y calumnias. La voz de un ciudadano con robots y trolls la convirtieron en opinión social. Las fake news fueron tan bien e inescrupulosamente elaboradas que difícilmente hoy conocemos la verdad. Los videos sin contraste alguno nos inundaron y la frivolidad del espectáculo nos impidió conocer opinión alguna sobre las prioridades de la agenda nacional y sobre otros temas de la mayor importancia, como los nuevos derroteros de la geopolítica, o la inutilidad de los organismos creados para evitar la guerra, como Naciones Unidas. Nada supimos de su opinión sobre el papel de América Latina como región en la Cumbre de las Américas. La política del amante prevaleció y los dos gozaron, utilizaron y aprovecharon a los políticos. Y los políticos, como cualquier buena amante, se dejaron esconder.

El cambio que nos ofrecieron los candidatos ya se dio y se notificó de manera irreversible, inequívoca y general con las protestas de 2021. Todos, sin excepción, entendimos que la situación de exclusión política, social y económica, que veníamos aceptando, se acabó. Unos con opinión, todos con reflexión, otros levantando la voz, muchos caminando y otros dolorosamente con violencia dijimos no más. Este cambio, notificado por todos, estuvo orquestado y precedido por la pandemia, que, a pesar de los esfuerzos de un Gobierno responsable, agudizó y aumentó el desempleo. Esa pandemia visibilizó la endemia estructural e insoportable que veníamos tolerando durante décadas.

El proceso de paz con las Farc desquició la política porque en realidad fue un acuerdo de paz sin acuerdo y una negociación con total exclusión de importantes sectores de la opinión. Fue esa incapacidad de luchar por un consenso la que realmente puso en riesgo que los acuerdos de La Habana fluyeran como política de Estado.

Sea Petro o sea Rodolfo, se tiene que buscar ya el consenso para adelantar la paz entre nosotros, la sociedad toda, no solamente con los rebeldes. Tenemos que resolver de manera estructural y con políticas de Estado lo que reclama el país, en un proceso similar al que adelantó España con los Pactos de la Moncloa al final de la dictadura. A cualquiera de los dos que gane, gústenos o no, debemos darle un compás de espera, sin renunciar al pensamiento crítico. Se necesita una actitud generosa y solidaria para interpretar lo que la sociedad no reclama, sino que ya exige porque el cambio ya se dio, lo que no ha acabado es el paro. Ojalá no volvamos trizas el cambio.