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Lucia Bastidas
Lucia Bastidas - Foto: SEMANA

¡Nos estamos matando!

No se puede promover la violencia bajo ninguna circunstancia y debe quedar claro que una cosa es el legítimo derecho a la defensa y otra muy diferente creer que se tiene el derecho de quitar una vida justificándose en la inacción institucional.

Por: Lucía Bastidas

En Colombia los casos de justicia por mano propia vienen en aumento, con el agravante de que son celebrados por gran parte de la opinión pública, que en ocasiones difunde escenas dantescas de linchamientos y hasta torturas. Lo peor que le puede pasar a la sociedad es naturalizar la violencia. Esta no puede ser una respuesta ante la inseguridad. Por el contrario, el Estado debe tener un papel eficiente y ser el garante de los derechos de los colombianos.

Veamos unos ejemplos ocurridos en los últimos días: un adolescente que cometió un hurto en el centro de Cali recibió una paliza; en el municipio de Santa Rosa de Bolívar, un hombre, que presuntamente estaba robando una vivienda, fue golpeado, amarrado a una moto y paseado por las calles; en Bello, dos sujetos fueron sometidos por la comunidad que decidió pintarlos en el cuerpo con la palabra “ratas”. Los casos son cada vez más habituales, se registran en las redes sociales junto con comentarios cargados de violencia y odio, que evidencian la destrucción del tejido social.

En lo corrido del año, la Policía Nacional ha registrado 32 muertes en medio de linchamientos. En 2021 se reportaron 43 muertes y en 2020 fueron 30. No hay un indicador sobre los casos de linchamientos que se dan por justicia por mano propia, solo existe el reporte por muerte

La encuesta de percepción ciudadana de Bogotá Cómo Vamos mostró que solo 4 % de los bogotanos se sienten seguros en la ciudad; son datos que prenden las alarmas sobre el accionar de la administración distrital. La encuesta Invamer Poll de octubre, publicó que la percepción de seguridad en Colombia decayó, el 83 % considera que está empeorando, frente al 75 % registrado en agosto.

Urge que haya justicia, cero impunidad, eliminar las barreras y mejorar los canales de acceso a la denuncia para generar confianza entre los ciudadanos y con las instituciones, ante los problemas derivados del actual sistema. Las condiciones de inconvivencia e inseguridad nos han hecho caer en una espiral de violencia sin retorno, posicionando la violencia como única alternativa viable para que los delincuentes paguen. ¡Un gran error!

La más reciente encuesta de Cultura Política publicada por el Dane muestra un panorama de desconfianza en la comunidad, el 80,4 % de los colombianos afirma no confiar en los demás ni en las instituciones, en el caso de los jueces y magistrados la cifra es del 11,2 % en la Fiscalía del 16 %, en la Procuraduría es del 13,2 % y en las Alcaldías es del 19,1 %. La falta de confianza se relaciona con una percepción de inoperancia institucional. De acuerdo con Latinobarómetro para Colombia, en el año 2020, el 48 % consideraba que el sistema judicial no castiga a los culpables de delitos.

Al analizar la funcionalidad del sistema judicial, los datos publicados por el Índice Global de Impunidad (2020) muestran a Colombia en la posición 57 de 67 países. El 57 % de los departamentos del país se clasifican en un grado alto o muy alto de impunidad. No es percepción, es realidad. También se observó que hay 5,53 jueces por cada 100.000 habitantes, una cifra que está por debajo del promedio internacional que se sitúa en 17,83.

Estas cifras son el reflejo de que el sistema judicial, tal y como lo conocemos, ha contribuido a que la impunidad no sea una excepción, sino la regla. Especialmente, cuando la respuesta que reciben los ciudadanos al intentar denunciar es un proceso burocrático con infinidad de formatos y documentación extensa que muchas veces deja como resultado al agresor en libertad, lo único que logramos es dejar en riesgo la vida de la víctima y un sinsabor ante una justicia laxa y débil.

Es importante poner en la agenda pública el debate de la reforma al sistema judicial, orientada a evitar la impunidad y agilizar los procesos de judicialización. Se debe aplicar la ley de seguridad ciudadana, que castiga a quienes reincidan en delitos menores, lo que incrementaría la agilidad en el sistema. Si la ciudadanía observa que los delincuentes responden pagando penas justas se podrá cambiar el imaginario que se ha creado en torno a la justicia por mano propia.

El deterioro en la salud mental de los colombianos va en aumento. Según el Dane, a junio de 2021 el 25,9 % manifestó altos niveles de estrés, agravados después de los confinamientos por el covid-19. Cada vez es más común ver a personas sumidas en el estrés y otras patologías que hacen más propicia una reacción violenta ante situaciones de adrenalina. Muchos han optado por protegerse con la compra de armas, lo que crea una constante tensión en cualquier espacio: transporte público, calles, parques, etc., que puede terminar por agudizar la violencia.

La respuesta institucional debe ser integral. Escoger el linchamiento, los castigos físicos y las agresiones es una alternativa fatal que no solo repercute en la deficiente confianza en la institucionalidad, sino que fortalece la narrativa de odio contra la policía, el ejército, las leyes y los jueces. La justicia por mano propia, agranda la fractura social y hace que nos veamos los unos a los otros como enemigos. Los gobiernos locales no tienen estrategias integrales y permanentes con presupuestos que contribuyan a combatir la criminalidad.

No se puede promover la violencia bajo ninguna circunstancia, y debe quedar claro que una cosa es el legítimo derecho a la defensa y otra muy diferente creer que se tiene el derecho de quitar una vida justificándose en la inacción institucional. Son este tipo de incidentes los que confirman que los planes de seguridad o convivencia no tienen alcance en la ciudadanía.

Señor ministro Néstor Osuna y congresistas de la República, ustedes tienen el escenario propicio para hacer una reforma, donde la justicia restaurativa, la no impunidad y la convivencia sean un eje central. ¡Salven vidas!