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Opinión

  • | 2003/07/07 00:00

    Nuestra hoja de ruta

    El documento no aclara cuál es el problema que pretende resolver. Este vacío impide definir prioridades y evaluar la estrategia

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Como a Uribe lo elegimos para eso, el recién publicado documento sobre "Política de Defensa y Seguridad Democrática" podría ser el texto más importante del cuatrienio.

De entrada hay que aplaudir que el gobierno dé cuenta clara de los planes y métodos que usará para atender el principal problema de Colombia. Y hay que aplaudir que este asunto vital salga de los cuarteles donde estuvo encerrado por medio siglo para que lo examinen y debatan los políticos, los académicos y los medios.

El documento está además lleno de aciertos. Comienza por despejar temores y afirmar los principios de una genuina seguridad democrática: protección para todos, garantías a la oposición, respeto a los derechos humanos, solidaridad del ciudadano, eficiencia y transparencia. Subraya la necesidad del trabajo concertado: Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, Junta de Inteligencia, unidades de apoyo interinstitucional, matriz de responsabilidades para cada agencia. Destaca los elementos de tecnología suave y no de fuerza bruta (inteligencia, coordinación, movilidad, comunicaciones). Esboza un sistema de unidades móviles seguidas por grupos mixtos de soldados regulares, carabineros y soldados campesinos, tras de los cuales vendrían la Fiscalía y los jueces. Aumenta por supuesto el pie de fuerza y crea nuevas unidades especializadas (batallones de alta montaña, guardianes de la vía, comandos antiterroristas). Y, en fin, propone medidas puntuales que en mi humilde opinión serían benéficas (consejos locales de seguridad, interdicción aérea, pactos de no pago de secuestros, servicio militar igualitario).

Creo en cambio que otras propuestas aumentan la inseguridad o son no-democráticas: los informantes pagados, los militares con funciones de policía judicial, la fumigación sin ton ni compasión, los programas de desmovilización adscritos a MinDefensa, la tolerancia con el porte de armas.

Hay además supuestos clave en el texto que a mí me suenan falsos o ilusorios. Que esta será "política de Estado", cuando no la acordaron los partidos, el Congreso ni las cortes. Que habrá dinero bastante para todos los programas -y que saldrá más que todo de "austeridad y eficiencia"-. Que es posible la "eliminación 'total' de los cultivos". Que no hay temor a las redes de informantes porque funcionan "en Australia y el Reino Unido". Que los grupos armados "subsisten 'sólo' mediante el terror con que disciplinan a sus hombres". Que las guerrillas han de aceptar un "cese de hostilidades" para reabrir el diálogo, cuando su único argumento son las hostilidades.

Y sobre todo el documento no aclara cuál sea el problema que la "Política de Defensa y Seguridad Democrática" en realidad pretende resolver. En lugar de un diagnóstico razonado acerca del conflicto, hay una lista de las seis "amenazas" o delitos que enfrentamos (terrorismo, narcotráfico, lavado, importación de armas, secuestros y homicidios). Este vacío no es apenas académico, sino que impide definir prioridades y evaluar la estrategia, saber a dónde vamos y si así llegaremos.

-Cuando nada es prioritario todo es prioritario, así que la política en cuestión acaba en un exceso de programas que compiten por recursos escasos y que a veces se estorban mutuamente. En este caso tenemos cinco "objetivos estratégicos", 17 subobjetivos, seis grandes "líneas de acción" y algo así como 33 programas nuevos por financiar.

Es más: cuando uno no aclara sus prioridades, se las aclaran la inercia o un tercero. La inercia en este caso significa que el componente estrictamente militar seguirá dominando la política de seguridad; y el tercero en este caso significa que nuestra agenda seguirá siendo la de Estados Unidos: droga, terrorismo y petróleo.

-El documento sobre "defensa y seguridad" habla más de seguridad que de defensa. Con excepción quizá de los batallones de montaña, las nuevas tropas y los nuevos programas se dedican a proteger blancos potenciales (infraestructura, vías, pueblos apartados, territorios vulnerables y fronteras) no a perseguir y derrotar un ejército en batalla.

Así que, contra todo lo que se decía, este gobierno no aspira a ganar la guerra. Aspira a que la guerrilla vaya quedándose sin oficio y a que un día se canse de no hacer nada. ¿Será que nos resulta? ¿Será que 'Marulanda' leyó los borradores y se sentó a esperar que al Presidente se le acabe la plata o que le llegue el turno a otro presidente?
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