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Opinión

  • | 2006/09/11 00:00

    Nuestro llanto en nuestra tele (Por Fabio Parra Beltrán)

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Los colombianos nos proclamamos felices aunque a menudo sufrimos; también somos expertos en negociar y hay quienes han encontrado en teatralizar la amargura y la penuria un lucrativo negocio. Es el caso del canal RCN, especializado en hacer del drama y el sufrimiento de los participantes de sus concursos una excelente fórmula para atraer televidentes y obtener excelente pauta comercial.

Ocurría en Sábado Espectacular de Jota Mario Valencia los sábados en la tarde, en el cual los concursantes eran expuestos a una serie de pruebas humillantes para ganarse unos cuantos premios; en Factor X fueron populares las lágrimas del campesino Francisco, pero melodramático fue Factor Xs, donde los niños, acostumbrados a ser reprimidos, encontraron un escenario más para recibir negativas, esta vez con el llanto como protagonista ante los miles de espectadores que hallan distracción nocturna en la dolorosa derrota y el sufrimiento de los infantes; Bailando por un Sueño no fue la excepción, en ocasiones parecía más preocupado el canal en las trágicas vidas de algunos personajes que en presentar la evolución que ganaban como bailarines; ahora es igual en Cambio Extremo donde la constante son mujeres llorando de espanto o de asombro ante sus cambios y tras ellas una historia de penas y cohibiciones.

Son formatos en los cuales los complejos de los participantes saltan a flote en primer plano, la narración de las historias cargadas de dolor y lágrimas, presentadas en un plano cerrado; en la edición el espectador más débil llora conmovido y cuando es el caso, de inmediato vota.

Solo en Factor Xs fueron 48 mil niños a los que se les dijo -no pasas a la siguiente ronda- con esto le cortan las alas a quienes pudieran llegar en un futuro a ser los sucesores de Shakira o Juanes, que siempre llevarán ese recuerdo de haber sido rechazados y despedidos llorando y suplicando. La alegría fue exclusividad de los 20 finalistas. No hay derecho a tal abuso. La nación debe darles felicidad a los niños, impulsarlos y no desilusionarlos, no crearles miedos y traumas que sufren casi por igual participantes y televidentes. Menos mal que ya terminó esa comedia.

Para los productores de los programas no es suficiente el drama de los desplazados, de las familias de los secuestrados, de los vendedores ambulantes, de las prostitutas por necesidad, de los hogares que mueren de hambre, ni los niños reclutados por la guerrilla, los violados o los maltratados que en todo momento reciben negativas. Ellos, los productores saben que eso es lo que vende, lo que el pueblo quiere ver en la pantalla: personas del común, representando las penurias del común. Así de sencillo es el negocio. Unos se enriquecen y los otros igual de llevados.

Ya es momento de que las organizaciones sociales, preocupadas entre otros por censurar revistas, tomen cartas en el asunto. ¿Dónde está la sociedad civil que no sirve siquiera en este tema? ¿Por qué la CNTV no regula este tipo de explotación? De verdad que es cruel y despiadada la forma de vivir del dolor ajeno; si bien es cierto que la gente tiene necesidades y por suplirlas es capaz de cualquier cosa, no es justo tal atropello a la honra y bienes fundamentales de los desesperados. La programadora debería obviar un poco las imágenes de dolor y centrarse más en el origen de los programas. Si es el canto, el baile o la belleza, darle mayor enfoque a esto y no a los motivos que llevan a las personas a caer de rodillas ante el Canal para ser usados en contraprestación de un dinero que se ganan como esclavos.

Ahora los ojos están puestos en Cambio Extremo, programa en el que veo, mientras escribo esto: Ante mis ojos la triste historia de mujeres de baja autoestima que, con más llanto del que ha corrido en esta cuartilla, exponen sus historias de pena y aislamiento mientras son reconstruidas, eso si, por los mejores cirujanos plásticos del país. Hasta congoja producen las historias que llevan a muchos sin recursos a buscar el mejoramiento de su cuerpo. Todo cuesta demasiado y alimenta más la desazón del televidente. No hay derecho a tanto.


FABIO PARRA BELTRAN
ABOGADO
DESEMPLEADO Y PADRE SOLTERO
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