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Opinión

  • | 2019/12/03 14:51

    Obsesión con Venezuela

    Es increíble que el presidente Duque, en vez de convocar la Comisión de Relaciones Exteriores para construir una política internacional de Estado con participación de todos los sectores políticos, incluida la oposición, se aferre a una política de gobierno que excluye hasta las relaciones diplomáticas con Venezuela.

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Ya termina el año 2019 y la sentencia del presidente Duque, desde el publicitado concierto de enero en la frontera, no se ha cumplido. Pese a los esfuerzos del Grupo de Lima y de la OEA, con los Estados Unidos a la cabeza, Maduro sigue gobernando. Tampoco pudo Duque convencer cuando intentaron echarle la culpa de las inmensas movilizaciones del 21 N al agenciamiento externo. Ni la expulsión de 15 venezolanos en la víspera, ni el cierre de la frontera, ni la deportación de 50 inmigrantes acusados de desmanes (falsamente, según abogados entrevistados en Noticias Uno), cumplieron el objetivo de responsabilizar a Maduro por las protestas de Colombia, como antes de las de Chile y Ecuador. 

Semejante desenfoque podría explicarse por el miedo o la inexperiencia, pero la reunión del TIAR en Bogotá permite plantear otra hipótesis. ¿Será que, en la obsesión por tumbar a Maduro, algunos pretenden armar una conspiración internacional para presionar una intervención militar contemplada en ese tratado? Es por esa posibilidad que la activación del TIAR ha generado tanta inquietud, pues es precisamente la opción de recurrir a acciones armadas lo que lo diferencia de las facultades sancionatorias y diplomáticas previstas en la Carta Democrática de la OEA.

El empleo de la fuerza armada ha estado latente desde cuando Donald Trump afirmó que “todas las opciones están sobre la mesa” hace ya tres años. Con todo, este lunes, el secretario de estado Pompeo pareció anunciar un giro en la política de EEUU al afirmar que la utilización de la fuerza militar en Venezuela tendría "riesgos" significativos y que lo que se impone es una política “mezclada con moderación".  De ser así, se abriría camino la política de diálogo prevista en la Carta Democrática. 

En ese contexto tiene todo sentido la propuesta hecha por dos connotados economistas, el venezolano Francisco Rodríguez, jefe de Torino Economics y Jeffrey D. Sachs, profesor de la Universidad de Columbia, en el mes de febrero, en columna para el New York Times y reiterada por este último en diálogo este lunes con Moisés Naim. 

En febrero, hicieron un llamado urgente para llegar a un acuerdo en Venezuela, exponiendo fórmulas concretas de cohabitación gobierno-oposición, con traslado de las funciones económicas y electorales a manos distintas a las de Maduro. En la entrevista con Naim, Jeffrey Sachs vuelve sobre el tema y alerta que el bloqueo económico absoluto contra Venezuela “es ilegal” y constituye “un crimen de lesa humanidad porque las víctimas son los 32 millones de venezolanos que no pueden conseguir medicinas ni alimentos.” 

Recuerda su experiencia en Polonia en 1989 cuando la confrontación entre el régimen comunista y la oposición del movimiento Solidaridad estaban duramente enfrentados. El diálogo los llevó a compartir el gobierno y en las nuevas elecciones salió triunfante Lech Walesa. 

Enseguida expresa: “La idea de exigir que Nicolás Maduro debe irse no me parece correcta, ni viable ni que vaya a funcionar… Lo que sí creo necesario es que la oposición tome control de los ministerios económicos como parte de un acuerdo y que haya nuevas elecciones libres y justas, supervisadas por entes internacionales, sin el control del régimen ni de ningún otro actor político venezolano.” 

Por ahí es la cosa. Los amigos de ambas partes de la confrontación venezolana asesoran intransigencia cuando lo que se impone es un arreglo. Ojalá las voces de la sensatez se impongan y que los cancilleres en la reunión del TIAR desoigan las tentaciones bélicas de quienes como el congresista Michael Waltz de EEUU, invitan a crear una franja humanitaria bajo el control de fuerzas militares extranjeras en la frontera colombo-venezolana. 

Es increíble que el presidente Duque, en vez de convocar la Comisión de Relaciones Exteriores para construir una política internacional de Estado con participación de todos los sectores políticos, incluida la oposición, se aferre a una política de gobierno que excluye hasta las relaciones diplomáticos con Venezuela. Ha regresado el momento del diálogo. Que los países que se dicen amigos descarten la confrontación y pongan sus buenos oficios a favor de la paz y la convivencia pacífica.

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