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Opinión

  • | 2002/06/17 00:00

    '¡Oh my God!'

    Durante la campaña se decía que Uribe no iba a nombrar ministro de Defensa porque ese ministro iba a ser él. Pues resultó cierto

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Cuando ni siquiera se descartaba que Alvaro Uribe optara por revivir la fórmula de un Ministro de Defensa militar —lo que la opinión habría recibido con naturalidad, por ser una decisión coherente con la postura del nuevo Presidente en el tema del orden público—, ¡oh my God! Vuelve y nos da cipote sorpresa: se va al otro lado del espectro y se atreve a nombrar a una mujer en el único Ministerio en el que eso todavía parecía imposible en Colombia.

Hay mucha gente boquiabierta con la decisión de Uribe, algunos, incluso, preguntándose si hay un límite entre la audacia y la locura.

Mujeres de Defensa hay en este momento en Chile -hija de un general anti pinochetista, un mensaje muy subliminal-; en Canadá, en Noruega y en Francia. Claro, ninguno de esos países está incendiado como Colombia.

Pero apuesto a que en el curso de los próximos días la opinión digerirá favorablemente la presencia de esta Ministra, y su gran reto será que en el futuro no juzguen su gestión como la de una mujer sino como la de un colombiano más que tiene la difícil misión de estar al frente de las Fuerzas Armadas en medio de la guerra.

Olvidándonos, entonces, de que es mujer, hablemos más bien de esa persona que es Marta Lucía Ramírez. ¿Qué pretende Uribe nombrando en ese cargo a esta ex ministra workaholic, superintensa, laboriosa como nadie, terca, tesonera, famosa por sus interminables intervenciones en los foros, cero humor, incansable, meticulosa y cuadriculada?

Mucha gana sí debía tenerle, pues no solamente ni siquiera contempló como impedimento renombrar a una Ministra del gobierno Pastrana -cosa muy a la meritocracia uribista- sino tampoco hacerle a Francia el mismo desplante que venimos haciéndole desde hace años: embajadores de a cuatro meses. (Van siete seguidos).

Muchos expertos opinan que el Ministerio de Defensa, en momentos en que el propio Ejército, la Policía, la Armada, atraviesan por serios escándalos de corrupción, estaba pidiendo a gritos un gerente. Para ello es perfecto el perfil de la nueva Ministra. Además de eficaz, tiene un gran manejo de las relaciones internacionales y le pone, como mujer, un toque amable al escenario de la defensa.

La crítica de que no conoce del tema militar es injusta e inválida: ninguno de los anteriores ministros tenía experiencia en este campo, pero además, de los Ministros de Defensa civiles no se espera que sean comandantes de tropa sino traductores de las directrices presidenciales.

Claro que algunos de los antecesores de la señora Ramírez intervenían más que otros en el diseño de la estrategia militar. Es el caso de Rafael Pardo, Fernando Botero, Rodrigo Lloreda y Luis Fernando Ramírez. A ellos se habría parecido más un estilo como el de Fanny Kertzman, que también estuvo muy opcionada para el cargo.

Un papel ajeno al funcionamiento estratégico mismo del Ejército que será el de la nueva Ministra lo jugaron Juan Carlos Esguerra, Gilberto Echeverri y Gustavo Bell.

Durante la campaña se decía medio en serio, medio en chanza, que Uribe no designaría ministro de Defensa porque ese ministro iba a ser él. Pues resultó cierto. Una completa tecnócrata, la nueva ministra carece por completo de concepción política, por lo que es obvio que el tema de la defensa y seguridad nacional será manejado directa y personalmente por el presidente Uribe y su ministro del Interior, Fernando Londoño.

Pero independientemente de sus grandes méritos, la Ministra de Defensa tendrá que resolver dos problemitas para que no se le amargue la vida: el primero, su carácter conflictivo -de lo que son prueba sus malogradas relaciones con el actual embajador en Estados Unidos, Luis Alberto Moreno- y sus 'estrellones' con el canciller Guillermo Fernández, quien tuvo que trancarla varias veces porque por cuenta de su falta de olfato político casi nos mete en una guerra comercial con Ecuador y Venezuela.

El otro es su alergia por el ambiente parlamentario, que no dudaba como Ministra en exteriorizar con una frase: "Yo al Congreso, no voy".

Afortunadamente ya no quedan más ministerios por proveer. Estaríamos insomnes por cuenta de la próxima audacia del Presidente.
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