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Opinión

  • | 1999/03/08 00:00

    OLFATEANDO AL DICTADOR

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Los periodistas, que somos fundamentalmente seres libres, percibimos el tufillo de dictadura,
a distancia. Ahora la modalidad en América podría ser la de gobiernos fuertes, constitucionales en
apariencia, con preludio electoral, pueblo y reelecciones sucesivas. Y, claro, con merma de las llamadas
garantías civiles.Muchas cosas en la región han tenido un marcado paralelismo. En Latinoamérica
coincidieron, entre otros, gobiernos autocráticos como los de Pérez Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla en
Colombia y Juan Domingo Perón en Argentina. Eran los años 50. Cayeron casi a un mismo tiempo y había
cierta similitud entre un Frondizi y un Alberto Lleras.
Coincidieron también, bajo un mismo sol cubano _que aún alumbra_ las revoluciones de tipo marxista
en Centroamérica, la colombiana y las que se pretendieron afincar en Bolivia y Venezuela, más la que aún
combate en las montañas peruanas. Para domeñarlas sobrevinieron las temibles doctrinas de la seguridad
nacional y la Escuela de las Américas, con sede en Estados Unidos. De ahí, Videla y sus generales en
Argentina; Bordaberrys y Turbayes hasta Pinochet, a quien se quiere juzgar ahora, fuera de su país.
Pues bien, tras la aparición del homo novus que significó en el Perú el mandatario Fujimori, quien
marcha hacia la segunda reelección inmediata, se dieron en Venezuela fenómenos como el increíble de
una reina universal de belleza lanzada a la presidencia o el de un oficial, de no muy alto rango, golpista
fracasado y preso político, que asumió el poder la semana anterior, en medio de vítores y ante 16 colegas de
mando de distintos países.
El ex teniente coronel Hugo Chávez es de los que habla de "mi pueblo" (a lo Moreno de Caro), con voz de
chafarote y temple militarista y con mezcla de imprecaciones y giros suaves, que denotan a leguas su
inconsistencia. Creo que nadie sabe mucho a qué atenerse frente a Chávez Frías.
Para quienes, como Lorenzo, vemos las cosas sin muchos disfraces, se avecina un dictador. La posesión lo
dijo todo: invitado a juramentarse sobre la Constitución y acerca de su cumplimiento, eludió hacerlo, haciendo,
en cambio, otras promesas, sobre las cuales no era inquirido. Un legalista bien podría sostener que Hugo
Chávez no cumplió con la formalidad de jurar el cargo, el pasado 2 de febrero. Creo que el viejo zorro de Rafael
Caldera se dio buena cuenta de ello.
Quien cumple con leyes que son anteriores a su llegada al mando político de una nación, se puede decir que
se somete a un estado de derecho; pero el que llega con el propósito de imponer su propia constitución y
leyes, para ajustarse a ellas, viene con ánimo autocrático y dictatorial. "Juro sobre esta Constitución
moribunda" no puede ser el juramento formal de un mandatario en regla. Hay, de entrada, algo
tremendamente irregular y amenazante. Aunque con respaldo popular y formas burocráticas y diplomáticas,
un acto de instalación de ese talante equivale a arrebatar el poder en sus tres formas, con el mismo ánimo
del golpista que no ha renegado de las viejas mañas.
Insinúa desde ya la reelección. No ve como suficiente el período constitucional para sus ambiciones de
transformar al vecino país. El ejemplo de Chávez repercutirá en Colombia. Aunque somos, por excelencia,
una democracia que ha repelido las dictaduras como a cuerpo extraño, no faltarán los que quieran abolir las
formas políticas gastadas y proponerse ellos mismos como solución salvadora y mesiánica. Chávez se cree
Bolívar, y a fe que de ese físico debió ser el Libertador, aunque menudo.
Muy parecida a la posesión de Chávez, pero definitivamente grosera, fue la afirmación de nuestro Jojoy
('Jojoooy' arriero, a decir de Antonio Caballero) con respecto a la Constitución y leyes de la República y lo
poco que a ellos les importaban. Sin embargo, todos tienen que llegar a hacer Constitución y a hacerla
respetar. Y vaya si estos advenedizos del mando la saben hacer respetar. Con juicios sumarios; con
ejecuciones mientras llega la orden; con detectivismo de cuadra y familiar. Sólo que la Constitución para
ellos respetable es la que ellos mismos han hecho o presionado para que cuerpos que les son sumisos
las confeccionen sobre sus estrechas y ajustadas medidas.
Parodiando a Humboldt a propósito de posibles sacudimientos en los Andes ( "Ay de América, cuando el león
se despierte" ), se me antoja decir: ¡Ay de Venezuela cuando este León de Apure se despierte!
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