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Opinión

  • | 1995/05/29 00:00

    ORO CONTRA ESCORIA?

    La próxima convención va a ser el escenario de la gran pelea interna del Partido Liberal

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EL PARTIDO LIBERAL SE ESTA DIVIDIENDO. Poco a poco, es cierto pero el hecho es que los últimos acontecimientos ocurrir dos alrededor de la Fiscalía y de los tribunales, en los que han estado vinculados varios parlamentarios, están abriendo una brecha entre dos tendencias de esa colectividad.
El asunto hay que dividirlo en dos. Desde que se promulgó la Constitución del 91 bajo las banderas de la moralización de la actividad política, el Congreso sufrió un garrotazo tremendo. Aparte de la revocatoria del mandato de los parlamentarios a manos de un constituyente más poderoso, los congresistas sufrieron una disminución notoria de su radio de acción. Una serie de inhabilidades que buscaban meter a senadores y representantes en cintura se convirtieron en una apretada camisa de fuerza para el ejercicio de la actividad política.
A pesar de las nobles intenciones del estatuto, me cuento entre los que piensan que el apretón fue demasiado fuerte. La imposibilidad de que un parlamentario sea nombrado ministro condena a los congresistas a un anonimato sólo superable mediante la conformación de una corriente parlamentaria poderosa. Además, la prohibición de realizar cualquier otra actividad paralela pone a los políticos en el borde de la pérdida de la investidura con demasiada facilidad. Desde hace ya un buen rato, estas restricciones exageradas empezaron a produrir las primeras victimas.
Pero por el otro lado están todos aquellos parlamentarios que se han visto sometidos a las sanciones de las cortes o de su propio partido por actitudes que no se consideran sólo restrictivas sino ya inmorales o francamente delictuosas.
El problema es que tanto los primeros como los segundos se han ido uniendo en una lucha común contra el aparato judicial y contra las instancias moralizadoras del Partido Liberal. A pesar de tratarse de dos casos en esencia distintos, el enemigo común los ha acercado tanto que ya se empieza a vislumbrar algo que puede ser considerado como una tendencia.
En los últimos días ese proceso se acentuó con la polémica entre el Consejo de Estado y el ex senador Ricaurte Losada. En este caso, la plenaria del Senado se puso del lado de Losada, en una mezcla de solidaridades: frente a los impedimentos exagerados, en el caso de unos, y por abierta complicidad, en el de otros.
Y en medio del calor de ese debate, la carga de profundidad del Fiscal con sus acusaciones puso de nuevo a un sector del liberalismo a la defensiva. Pero pocos se imaginaban el grado al que llegaría la sensibilidad parlamentaria hasta que la Comisión de Etica liberal retiró temporalmente del partido a los implicados. Las acusaciones y respuestas en tono fuerte entre los dos sectores pusieron de presente una zanja profunda entre un grupo y otro. El propio presidente de la Dirección Liberal, Juan Guillermo Angel, patinó ante la tentación y descalificó la decisión de la Comisión. Pero alcanzó a corregir el rumbo sobre la marcha y matizó a tiempo su postura radical.
La reunión preparatoria para la convención liberal en Antioquia fue escenario de un enfrentamiento similar, aunque más crudo. Allí, incluso, se hicieron presentes políticos separados del partido, como César Pérez García, quienes de la mano de Bernardo Guerra y Jorge Meza, el célebre ex alcalde de Envigado. derrotaron a la fuerza al sector encabezado por Piedad Córdoba y Omar Flórez Vélez.
Este velo se descorre muy poco tiempo antes de la convención nacional del liberalismo. Va a ser allí, en ese foro, donde se van a enfrentar estos dos sectores del partido de gobierno, y ahí mismo se va a desnudar con crudeza total la magnitud de las diferencias. Ya se oye hablar de propuestas como la de desafiar al Consejo de Estado, que podrían ser sometidas a consideración de la convención. Lo que no se sabe es si resultarán triunfantes, como algunos temen.
Lo cierto es que la pelea entre dos bandos, una extraña modalidad del oro y la escoria, está a punto de salir a flote.
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