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Opinión

  • | 1996/12/02 00:00

    OTRO PASO ATRAS

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Incongruencias. Tal vez sea esta la palabra que calza mejor con el actual gobierno. A las muchas que hemos visto ya, se suma otra más, flagrante, relacionada con las ARP (Administradoras de Riesgos Profesionales) privadas. Autorizadas por la famosa Ley 100 y por el Decreto 1295, ahora es el propio gobierno, encabezado por el estrambótico Carlos Wolf, director del Seguro Social, el que levanta contra ellas un hacha de guerra. Con ayuda de un tramposo Decreto reglamentario, el 1530, que tiene todos los pelos y la cola prensil de un 'mico', quiere estrangularlas a fin de evitarle a su ineficiente, costoso y corrupto ISS la competencia de entidades privadas más dinámicas. Y las víctimas de semejante conjura, de la cual participa el propio Ministro de Trabajo, serán, en primerísimo término, los propios trabajadores.Así es. Abriendo una opción a las ARP privadas, el gobierno anterior quiso no sólo ampliar la cobertura asistencial de los trabajadores, sino desarrollar, al fin, en las empresas, una verdadera cultura de prevención de riesgos y accidentes. Que no nos cuente el doctor Wolf, por medio de millonarios anuncios, que esta labor la estaba cumpliendo, y cumpliendo muy bien, desde hace 32 años, el ISS. Mentiras. Con perdón de la expresión, puras y físicas mentiras. No porque sea falso que el ISS tenga centros especializados y toda suerte de equipos. Los tiene, pero eso de muy poco sirve ante la negligencia y la burocracia que corroe a este instituto de arriba a abajo, hasta la médula. Si al Seguro Social se le muere la gente, por descuido, en los servicios de urgencias, si hay para todo colas agotadoras y trámites kafkianos, no es creíble que haya desempeñado una eficientísima acción preventiva contra los riesgos de trabajo y enfermedades profesionales. Eso no es sino pantalla publicitaria.¿A qué obedece? ¿Por qué el famoso 'mico' estableciendo un límite arbitrario de tiempo (hasta el 30 de noviembre de este año), para que las ARP privadas puedan penetrar en el mercado cautivo en el ISS? ¿Por qué el señor Wolf financia contra ellas una aparatosa campaña publicitaria con títulos tales como 'Dése una vuelta por la ARP del Seguro Social y nunca se afiliará a una ARP privada'? La respuesta es simple: por dinero. El ogro filantrópico _como llama Octavio Paz a nuestros Estados_ no puede resignarse a perder 100.000 millones de pesos anuales (el 25 por ciento del mercado) en aportes captados en dos años por las ARP privadas. No puede soportar que se haya cambiado a ellas un millón de trabajadores, de 7.572 empresas, y que todos se sientan mejor atendidos por sus 165 equipos. El ISS necesita plata para alimentar su voraz burocracia. Y, de su lado, el ministro Obregón, viejo sindicalista, pone el interés del aparato sindical del ISS por encima del de los trabajadores, beneficiados por esta saludable competencia.Y es aquí donde vienen las incongruencias:¿Puede un decreto reglamentario de una ley contradecir el espíritu y propósito de la misma? Porque la ley 100 y el Decreto Ley 1295 buscaban quebrar un monopolio del ISS dejando que las ARP privadas compitieran con éste en la prevención y asistencia de accidentes o enfermedades profesionales. En cambio, el Decreto 1530 establece un plazo arbitrariamente restrictivo para limitar o coartar esta libre afiliación. Otra incongruencia: dicho decreto fue suscrito únicamente por el Presidente y su Ministro de Trabajo. Los Ministros de Hacienda y Salud , que en virtud del artículo 115 de la Constitución han debido firmarlo, pues el tema del mismo involucra su respectivo ramo, no fueron consultados ni estaban de acuerdo con él. Más aún: han pedido su derogatoria.El director del ISS solicita, con su estrepitosa publicidad, que ninguna empresa o entidad se afilie a una ARP privada. Es de suponer que eso lo hace con la anuencia del Presidente. Pues bien: la propia Presidencia se cambió a una ARP privada. Sabia medida, pero allí es visible un atentado contra Descartes, ¿verdad?Detrás de todo esto, lo que hay, como ocurre con el proyecto de ley sobre la televisión, es un subrepticio paso atrás, él si reaccionario, que revela un conflicto entre dos filosofías de gobierno. El presidente Gaviria, más alerta a las corrientes aperturistas que se abren paso en el mundo, entendió que la competencia en esta clase de servicios de salud favorecía a los trabajadores. El presidente Samper, fiel a a esos viejos dogmas ideológicos del pasado, que comparte con un Agudelo Villa o un Abdón Espinosa, quiere devolvernos a los catastróficos monopolios estatales. Tiene de su lado el interés de la clase política, el de la oligarquía sindical del país y el de la burocracia. ¿Con ese paquete de intereses reductivos quiere hacer salto social? Debemos sonreír. Sí, es un salto parecido a un asalto. Sube el desempleo, la inflación no disminuye y ahora se quiere impedir que cuatro millones más de trabajadores, buscando mejor protección, escapen a las vicisitudes del ISS, ese reino de desastres que sólo brilla en los avisos y comerciales pagados con el dinero de los contribuyentes y despilfarrado sin piedad por el doctor Wolf.
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