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Opinión

  • | 2007/05/12 00:00

    Pacho tiene razón

    Ni George W. Bush es el mismo Presidente de hace siete años, ni Álvaro Uribe es el mismo presidente de hace cinco.

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El vicepresidente Pacho Santos tuvo razón en todo lo que dijo en la entrevista con Álvaro García en RCN. La discusión más bien está en si debió decirlo, porque paralizó el Congreso y obligó al Presidente a rectificar sus afirmaciones sobre las relaciones con Estados Unidos. Pero conociendo su espontaneidad, que es su peor defecto y su mejor cualidad, es muy difícil suponer que el Vicepresidente se hubiera tragado esos sapos durante mucho tiempo más. Y resolvió escupirlos.

Me voy a detener principalmente en lo de replantear las relaciones con Estados Unidos. ¿Es tan estrambótica la propuesta? Para nada. Pero no como venganza por la enredada situación del TLC, que fue tal vez lo que a Pacho le quedó mal planteado. Sino porque la realidad ha dejado desueto el modelo de relaciones que estamos manteniendo con Estados Unidos.

En primer lugar, ni George W. Bush es el mismo Presidente de hace siete años, ni Álvaro Uribe es el mismo Presidente de hace cinco.

Bush hoy tiene escasamente un 29 por ciento de popularidad. La guerra en Irak lo desintegró políticamente. El triunfo demócrata en el Congreso erodó su poder. No controla la opinión, no controla las mayorías parlamentarias. Tan mala es la percepción de su gobierno, que nunca antes en la historia de ese país, la campaña por las elecciones presidenciales se había anticipado 18 meses: hoy el clima en Estados Unidos es absolutamente electoral, lo que no hace sino confirmar la desesperación con la que se espera el pronto relevo de Bush, que todavía se demora hasta noviembre de 2008. Cuando, si no ganan los demócratas la Presidencia, y lo más posible es que lo hagan, será porque sus candidatos son muy malos, incluidos a la señora Hillary y el señor Obama.

Por su parte, Uribe tiene más de un 70 por ciento de popularidad entre los colombianos. Pero es evidente que hacia a fuera, el debate del paramilitarismo le ha hecho un daño enorme, le ha quitado autoridad, y le ha restado capacidad de maniobra, sobre todo en el escenario del Congreso norteamericano, dominado por los demócratas y donde la mayoría de las comisiones están manejadas por congresistas del ala izquierdista de ese partido, a quienes ni la carnita ni los huesitos de Uribe les producen mayor entusiasmo.

Esa amistad entrañable entre un Bush desgastado internamente y un Uribe desgastado externamente les hace daño a los dos. A Bush, porque el Congreso, que ya le quitó el manejo de las relaciones internacionales por cuenta de la guerra con Irak, ya ni siquiera le confía el manejo de las relaciones con Colombia. Y a Uribe, porque el hecho de que Bush, en un exceso de admiración, lo considere uno de los cuatro líderes más importantes del mundo al lado de Tony Blair -algo que ha dicho públicamente-, lo convierte en un blanco muy apetecible en medio de la campaña demócrata contra el Presidente norteamericano y contra el Partido Republicano.

Pero se pueden ir bajando de la nube los opositores de Uribe que están felices porque piensan que estamos atravesando en las relaciones con Estados Unidos, un momento siquiera cercano al que se vivió en la era de Ernesto Samper.

Expertos opinan que el TLC se aprobará, aunque más tarde que temprano, con algunos aditamentos en el tema ambiental, laboral y de derechos humanos, porque hasta hoy no hay un caso de un tratado de libre comercio que no haya sido finalmente aprobado por el Congreso gringo.

Mientras se da esa aprobación, lo más seguro es que se prorrogue el Atpdea. Pero tan contradictoria será la situación, que la prórroga de ese acuerdo de preferencias arancelarias no sólo beneficiará a Colombia, sino también, y automáticamente, a Ecuador y a Bolivia, los dos gobiernos más cercanos a Hugo Chávez que hay en el continente. ¿No es irónico que al lado de Colombia, el mejor amigo de Estados Unidos, resulten premiados dos de sus peores enemigos?

Porque eso también está pasando: a los demócratas no los impresiona que Colombia sea un aliado incondicional de Estados Unidos. Más importante que tratar bien a los amigos, les parece más útil ganarse a los enemigos. Hasta se dice, soto voce, que las visitas de los senadores Petro y Robledo a Estados Unidos fueron bien vistas por el establecimiento político norteamericano, incluidos sectores del gobierno, porque sería muy torpe no cultivar desde ya relaciones con la oposición de Uribe, que indudablemente tiene vocación de acceder al poder en 2010. Por eso es tan grave la sensación que han dejado estos últimos días los torpes operativos que han rodeado al senador Petro y que sugieren en su contra una delicada persecución política orquestada por el gobierno.

Pacho tiene razón. Las relaciones con Estados Unidos hay que replantearlas, porque el maltrato al que fue sometido el presidente Álvaro Uribe en su reciente visita hace una cosa evidente: que la realidad es la que manda.



ENTRETANTO… ¿Será cierto que hay avalancha de inversiones de venezolanos en Colombia, que están trasladando sus fortunas del chavismo al uribismo, y que eso explicaría los altibajos actuales de nuestra economía?

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