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Opinión

  • | 2019/02/06 21:13

    El pacto que pretende el presidente Iván Duque

    El presidente Iván Duque ha comenzado las reuniones con los diferentes partidos políticos. El objetivo es garantizar la gobernabilidad en el Congreso de la República y con ello, llegar a un acuerdo sobre la agenda legislativa. Pero la posibilidad de que se llegue a un acuerdo estable para el año 2019 es bastante bajo. Al menos por cuatro razones.

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En primer lugar, el Gobierno ha optado por no entregar muchos cargos a los viejos políticos clientelistas. Los niveles de mermelada, para los liberales, Cambio Radical, La U e incluso los conservadores disminuyó comparativamente con los años anteriores. Por el contrario, los grandes beneficiados son algunas fichas políticas de diferentes partidos, a los cuales el Gobierno Duque no les quitó sus puestos burocráticos, es decir, se los mantuvo. El objetivo era tenerlos como infiltrados en los partidos para que puedan ayudar a movilizar votos en caso de votaciones de leyes claves para el Ejecutivo. Obviamente, el Centro Democrático, fue el otro gran beneficiado. En todo caso, algunos líderes del partido de gobierno se sienten inconformes en la repartija burocrática. Por ende, mientras el Gobierno no ceda en los cargos burocráticos será difícil un acuerdo legislativo a nivel de bancada.

En segundo lugar, a nivel político, en las regiones, está ocurriendo un fenómeno de reorganización política. Esta reorganización tendría dos líneas de análisis. Por un lado, hay una gran mayoría de personas que aspiran a participar en política que están buscando aval por el Centro Democrático y el Partido Verde. Se percibe que estas dos fuerzas fueron las mejores posicionadas luego de las elecciones de 2018, por ende, los candidatos con más opción a alcaldías y gobernaciones están tocando la puerta y es previsible un hundimiento de los sectores liberales, La U, y los demás partidos tradicionales. Esto lo que significa es que el Centro Democrático no va a ceder en nada, pues aspiran a llegar a 300 alcaldías y, al menos, 12 gobernaciones. La otra línea de análisis es que los grandes clanes políticos, los caciques, se están uniendo para evitar que el cambio los muela. Por ejemplo, en la costa Atlántica los viejos clanes se unirán para detener fuerzas como el partido verde y el petrismo. La de Petro los dejó en estado de pánico.     

En tercer lugar, según el Estatuto de la Oposición, los partidos declarados de independencia y oposición no podrán acceder tan fácil a participación en el Gobierno. Cambio Radical y los liberales se declararon en independencia, por tanto, no podrán acceder a ministerios o viceministerios. Esa categoría, según el Estatuto, podría cambiar en julio de 2019. Así las cosas, los incentivos para que estos partidos negocien es baja. En el mejor de los casos lo que podrían lograr los congresistas son algunos cargos burocráticos de bajo y mediano nivel. Lógicamente, por debajo de la mesa. Por último, el mayor poder de negociación de los partidos tradicionales se dará en julio de 2019, cuando la presidencia de Cámara y Senado esté en manos de Cambio Radical y el Partido Liberal. Allí es donde la negociación será fuerte.   

En conclusión, no será fácil que el Gobierno logre una coalición. Difícilmente César Gaviria o Vargas Lleras regalarán alcaldías y gobernaciones al Centro Democrático y al contrario también, difícilmente el Centro Democrático, a nueve meses de elecciones, les darán poder burocrático a sus enemigos políticos. Habrá que esperar algunos meses más, pero 2019 será un año intenso en materia política. De hecho, en  2020, cuando el gobierno presente la reforma pensional y una nueva reforma tributaria, tampoco la tendrá fácil. En materia legislativa, en las primeras de cambio, los cuatro años de Duque serán tortuosos.

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