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Opinión

  • | 2006/08/12 00:00

    Para hablar con las Farc

    Rodrigo Rojas explica por qué en las condiciones actuales lo único que se puede negociar con las Farc es el acuerdo humanitario.

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Hace nueve años, convocados por el Observatorio para la Paz, nos reunimos un grupo de personas interesadas en un proceso de negociación entre el gobierno y la Farc, los cuales por razones de nuestro trabajo o experiencias vitales habíamos, directa o indirectamente, participado en acuerdos, desmovilización y reinserción de movimientos armados a comienzos de la década del 90.

Volvimos a reunirnos hace pocos días con el propósito de continuar reflexionando y llegamos a una desconcertante conclusión: hoy sabemos menos de las Farc que antes, no solamente de lo que hoy son o de sus intenciones, sino inclusive de lo que se llamarían las condiciones subjetivas de esta guerrilla.

Producto de ese primer diálogo realizado en noviembre de 1997 se publicó Las verdaderas Intenciones de las Farc, que fue un intento por conocer esta organización mas allá de su discurso y adentrarnos en su modo de pensar y actuar con miras a encontrar claves que hicieran posible un diálogo útil.

En esta reunión participó el doctor Hernán Vergara Delgado (1910-1999), quien era no sólo un maestro de la siquiatría, sino un profundo conocedor del campesinado y del campo, pues no sólo había dedicado su vida a la atención de pacientes, sino que vivió gran parte de su existencia en zonas de conflicto, siendo testigo vivo de la confrontación entre cocaleros y Estado en la lejana región del Ariari o conviviendo entre comunistas en Viotá.

Fruto de su experiencia profesional y de su compromiso a fondo con el problema de la violencia colombiana escribió en esa ocasión Para hablar con las Farc, un documento que sigue siendo vigente y esclarecedor sobre el espíritu de esta organización. Decía: “Las Farc no son un interlocutor, el interlocutor es el comandante Manuel Marulanda. Con él con lo que están siendo: Un cuerpo armado con un determinado nivel de responsabilidad, con una ética. Sin él no sabemos lo que serían. Marulanda es para ellos el referente, la persona ante quien deben responder por lo que hagan. Mientras él viva, hay un interlocutor para el diálogo con las Farc. Es preciso tomar en serio a Marulanda, por lo que él dice de sí mismo y por lo que ha producido... Con Marulanda no hay que hablar de paz porque sólo habla de casos concretos, de acciones y de resultados claramente preestablecidos, como lo es la eliminación de un objetivo militar. La paz, en cambio, no es más que una abstracción mental, un deseo colectivo... Hemos de hablar con él de la vida y solamente de la vida”.

De las muchas mesas que se instalaron en el Caguán durante el gobierno de Andrés Pastrana, faltó la que pudo haber desatado ese nudo gordiano en que cayeron los diálogos sin estrategia de ese gobierno, la del canje. En esa mesa pidió Marulanda sentarse y negociar personalmente.

Los errores y el desgaste de los diálogos sin avance, junto con los excesos cometidos por las Farc en Caquetá y Huila, impidieron que esa negociación comenzara. Hoy, cinco años después, en un clamor nacional expresado por la Conferencia de Obispos, se urge a que sea instalada antes de dos meses.

Marulanda siente un deber moral de sacar a sus compañeros de lucha de la cárcel y tiene la autoridad irrefutable para hacerlo, pero hablar con él no significa que se deba pasar por encima de las exigencias que para ese diálogo ha puesto el vocero autorizado de las Farc, ‘Raúl Reyes’.

Las Farc tienen unos códigos internos que obedecen a una lógica comunista que hay que observar cuando se habla con ellos y una de sus premisas es el respeto a los acuerdos internos. Tampoco se les puede imponer un procedimiento, por bueno que este sea. En esta fase, cuando sobreabunda la desconfianza, todo debe ser acordado.

El acuerdo humanitario es lo único concreto que hoy se puede negociar, eso y sólo eso. No obstante, este puede ser el punto de partida para que se inicie un proceso definitivo de paz. La liberación de secuestrados y la de presos es lo que hoy puede aliviar la catástrofe humanitaria que vivimos, también deberíamos tomar en serio lo que dijo alguna vez Marulanda “esta guerra no hay que humanizarla, sino acabarla”.
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