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Opinión

  • | 2001/02/19 00:00

    ¿Para qué el diálogo?

    Lo importante es la victoria, no la paz, afirmaba con vehemencia hace 51 años el líder conservador Gilberto Alzate Avendaño incitando a la confrontación en un país sumido en la violencia.

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Lo importante es la victoria, no la paz, afirmaba con vehemencia hace 51 años el líder conservador Gilberto Alzate Avendaño incitando a la confrontación en un país sumido en una violencia promovida por odios bipartidistas y alimentada por poderosos intereses políticos y económicos.



De hecho su partido impuso una victoria y un presidente que institucionalizó esa violencia y creó las condiciones para iniciar el conflicto armado que todavía padece el país.



Las voces de la victoria se han mantenido desde entonces, proclamando la guerra, la posibilidad de una salida militar al conflicto, rechazando el diálogo y la negociación y auspiciando toda forma de violencia para “exterminar, eliminar o liquidar a unos cuantos bandoleros que quieren acabar con el país”.



La historia se repite. Hoy se articula una santa alianza contra el diálogo de la que hacen parte algunos militares convencidos de la victoria militar, unos empresarios convencidos de la guerra, unos paramilitares convencidos de la muerte, ciertos medios de comunicación convencidos de su propias mentiras y un candidato presidencial convencido de que el fracaso del proceso de paz es el mejor sustento de su triunfo electoral.



Están entusiasmados por la ayuda militar de Estados Unidos en el marco de Plan Colombia (el 75% de esta ayuda es para la guerra y el resto es para atender las víctimas de esa guerra), cuestionan los derechos humanos como estrategia de la subversión, declaran “idiotas útiles” a quienes defienden el diálogo, intentan demostrar que todo el país y su “sociedad civil” apoyan el camino de la guerra, brindan en cócteles después de las masacres y sueñan con un modelo autoritario que garantice el orden y la seguridad.



A este clima de desconfianza hacia el proceso de paz contribuyen los propios grupos insurgentes que animan la confrontación con acciones de guerra que afectan a la población civil, insisten en el reclutamiento forzado o voluntario de menores, usan armas de efectos indiscriminados, incrementan y extienden el secuestro y justifican la muerte de civiles con su indolente lenguaje de la guerra.













Tal vez los cálculos de la guerra están errados. El proceso de paz que intenta mantenerse se caracteriza porque tiene cuatro y no dos componentes: dos partes en conflicto armado que procuran la paz en medio de una dinámica de guerra, una sociedad que intenta articularse para actuar e incidir con independencia y autonomía frente a los contendientes y una comunidad internacional que, para bien o para mal, tiene a Colombia en la agenda de sus prioridades.



El problema es la incapacidad de comprensión del diálogo como ejercicio político en medio de la precariedad de la democracia colombiana, de la ausencia de garantías que impone la guerra sucia y el nocivo papel de los más poderosos medios de comunicación.



El diálogo entre las partes se inicia desde el reconocimiento del otro como actor político y se convierte en el camino que construye confianzas para una negociación que implica, a su vez, la capacidad mutua de ceder para producir acuerdos.



En todo caso la sociedad civil, no la institucional sino la excluida, tiene un papel inédito que jugar en la construcción democrática de la paz. Su capacidad de interlocución y acción política, la diplomacia ciudadana frente a la comunidad internacional y su disposición de avanzar más allá del proceso de paz y desarrollar una agenda para un nuevo país, plantea otros retos a un movimiento social que intenta reconstruirse en medio de la fragmentación y la intimidación que imponen las voces y los hechos de la guerra.



Tal vez Paz Colombia sea la convergencia social para una acción política de esta naturaleza, que reconozca e incluya los importantes movimientos por la paz, los defensores de derechos humanos y las organizaciones sociales en una agenda común para actuar e incidir en procura de la victoria de la paz.



codhes@colnodo.apc.org
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