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Opinión

  • | 2005/01/09 00:00

    Parqueaderos y sonrisas

    Darío Hidalgo, consultor en transporte, critica el esquema de control de precios en las tarifas de estacionamiento.

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El concejal Hugo Patiño, quien nunca dejará de ser un fino humorista, impulsó un acuerdo para que los usuarios de parqueaderos públicos no quedemos aburridos cuando, por azar del destino, lleguemos cinco minutos tarde y nos toque pagar una hora completa de estacionamiento. Buena intención; malos resultados. La aplicación del nuevo esquema de cobro, en un ambiente de precios no regulados, llevó a que algunos operadores de parqueaderos aumentaran el cobro equivalente por hora, para compensar el ingreso perdido por los usuarios de los primeros 45 minutos. Otros operadores, pescando en río revuelto, aumentaron más que proporcionalmente el nuevo cobro equivalente. Las nuevas tarifas generaron protestas, y una reacción inmediata de la administración distrital. El resultado es que pasamos a un esquema de control de precios, cuyos impactos son insospechados. ¿Por qué se eliminó en 1998 el control de precios de los parqueaderos? Porque era un procedimiento administrativo engorroso, dependiente de la actitud de los funcionarios de las alcaldías locales, en muchos casos arbitraria. Era un ambiente propicio para procedimientos corruptos. Pero mucho más que eso, porque la fijación de precios por vía de la odiosa ley de oferta y demanda es el mejor mecanismo conocido para que el usuario de automóvil y el operador de parqueadero alcancen su punto de equilibrio. Si al usuario no le gusta el precio (que debe estar visible) busca otro parqueadero, el operador entonces puede cambiar su precio para obtener el nivel de ingresos con el cual está satisfecho, y así atraer usuarios. Si el negocio no es satisfactorio el operador de parqueadero se dedica a otra cosa. Si el precio de parquear es muy alto, usuarios de carro buscan otras alternativas para desplazarse. Mejor todavía. Gracias a la fijación de precios por la odiosa ley de oferta y demanda, los negocios han aprendido a internalizar el costo de los parqueaderos en sus costos de venta. Algunos clientes necesitan estacionar, entonces el negocio paga una hora de estacionamiento o construye estacionamiento gratuito, fuera de la vía. Esto siempre y cuando esté prohibido estacionar en el espacio público, el espacio de la gente. Parecía estar funcionando. La administración sólo se concentraba, con las dificultades normales, en controlar que los estacionamientos cumplieran unas normas urbanas: cerramientos trasparentes, pavimentos, áreas de circulación, demarcación, iluminación, baños. Parecía una política consistente con un sistema de movilidad que le da prioridad a las mayorías, usuarias del transporte público, y de modos no motorizados. Gracias al Decreto 001 de 2005, los usuarios de vehículo particular, entre los cuales me incluyo, logramos una nueva protección del estado. Ahora no tenemos que pagar lo que nos tocaría en un ambiente de competencia abierta. Como si ya no estuviéramos suficientemente protegidos al no tener que pagar todos los costos en que hacemos incurrir a la sociedad en su conjunto: no pagamos la pérdida de tiempo de nuestros conciudadanos al generar congestión, no pagamos el efecto nocivo de las emisiones contaminantes de nuestros carros, no pagamos el costo social de los altos índices de accidentalidad, ni tampoco nos importa que las ciudades de carros sean menos humanas. Ni siquiera pagamos el costo de combustible que nos corresponde, porque seguimos subsidiados por nuestra petrolera estatal. Pagamos unos impuestos de rodamiento, la sobretasa a la gasolina, y de vez en cuando, valorización, claramente insuficientes para compensar esas pérdidas sociales. Nuestros impuestos ni siquiera alcanzan para pagar el mantenimiento adecuado de la red vial donde circulan nuestros vehículos. Que tal los alcaldes de Nueva York, Singapur, Londres o Tokio controlando el precio exorbitante de los parqueaderos en sus ciudades para proteger a los usuarios de vehículo particular. Gracias por hacernos sonreír, concejal Patiño. *PhD. Consultor en transporte.
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