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Opinión

  • | 1998/10/12 00:00

    PEQUEÑOS ENOJOS

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En medio de la guerra grande que vivimos y de la cual será difícil salir, se dan dentro de la sociedad civil _llamémosla así por divertimiento_ unos cuantos enfrentamientos, rencillas y enconos.Presenciamos en días pasados el roce _más que roce_ entre Enrique Santos Calderón y Daniel Samper, de quien aquél dijo haber resultado, en estos años, mejor hermano que periodista.
Al libertario Oscar Collazos lo asedia, de un tiempo para acá, el ex director del DAS, que ejerce como columnista en el diario de Bavaria. Y en este mismo diario no dejaban vivir, hace unas jornadas, al escritor Juan Carlos Botero, a quien prácticamente obligaron a hacerse perdonar el ser hermano de Fernando, el socio de Ernesto Samper en la campaña y de los dos, el único que pagó los platos rotos. La deslealtad, en este caso, siempre me pareció mayor la del mandatario para con su colaborador cercano que la de éste con el mandatario.
Qué decir de la beligerante Silvia Galvis, enfrentada a la directora de Cambio por la hazaña del subdirector de la revista, de hacer conocer del columnista D'Artagnan un artículo de Silvia, días antes de ser publicado. La revista, que estrenaba diagramación, padeció este episodio que maltrató su imagen de órgano independiente y respetuoso de sus colaboradores. La querida Silvia, de quien sólo lamento su anticlericalismo fundamental, sigue siendo piedra de contradicción, para gozo de sus lectores.
En esas terció Jaime Garzón, estrenándose como columnista de la misma Cambio y solidarizándose con la tesis de Silvia. De entrada, Garzón se enfrentó a todos los demás mortales que nos comunicamos por columnas y en otras formas con la opinión pública. El dijo que no se proponía hacer lo que otros hacíamos y nos describió con pelos y señales, a su acomodo. Divertido, no sólo para los que no salimos tan mal, sino porque uno se acuerda del simpático Heriberto y sus 'omelettes'.
D'Artagnan no pierde oportunidad para enfrentar a Osuna, de quien dijo, cuando no cabía en el contexto, que fomenta el espíritu maléfico, con su 'lastre laureanista'. Ahora Robertico habla a lo Serpa y utiliza el mismo vocabulario calcado del Chinche Ulloa. Dijo que para Osuna los liberales todos son ladrones y los otros 'prístinos'. ¿D'Artagnan consultará, por ventura, el diccionario? No creo que Osuna se haya ocupado del tema, pero frescos, amigos liberales, tampoco creo que piense eso de todos..., ¿me entienden?
También con Osuna se ha molestado el ex presidente López por andar con 'el cuento' de que él exigió el retiro del columnista Klim del diario El Tiempo, en el año 77. Cuántos no acudieron a la sede presidencial a calmar la furia del mandatario, que para entonces era de muy mal genio. Furia que ocasionaban los escritos imbatibles de Lucas Caballero. A éste terminaron por sacarlo de El Tiempo; claro, él renunció, conocido el alto sentido de su dignidad. Y el presidente desistió de su renuncia, anunciada a su ministro, también fallido renunciante, Abdón Espinosa.
Se habló de un roce de paños, de solapas cogidas, que yo en esta casa no he podido confirmar, entre Juan Gossaín y Felipe López. Lo que no puedo entender, habiendo estado en casi una misma línea, durante los arduos días del Elefante y de su amenazante reelección en Serpa.
No merecen ni mencionarse las diatribas de Moreno de Caro en contra de dos mandatarios colombianos. El Directorio Conservador demandará, aunque es delito querellable y quizás requiera como actor al propio ofendido.Carlos Albán Benavides, columnista de El Nuevo Siglo, critica a Rudolf Hommes, de El Tiempo, por el criterio tolerante de éste con los profesores homosexuales y, aunque Albán, les hace consideraciones humanas, los llama víctimas de un proceso degenerativo. Peor.
Pelea el noticiero En Vivo con su ilustrísima don Pedro Rubiano por el asunto de las palomas de la plaza. El arzobispo afirma que pudo ver palomas heridas a mano para el efecto noticioso y averiguó que la cerca era de alambre dulce. Al prelado le siguen cobrando el elefante, mientras Darío Restrepo, de En Vivo, celebra en el Metropolitan el último día de Samper, en franca camaradería con el ex presidente.
Se enfurece, con razón, el ministro de Defensa (y ésta ya no es la sociedad civil, propiamente dicha) porque se divulga un comunicado viejo de las Fuerzas, en épocas de Bonett Locarno, oponiéndose al despeje de San Vicente del Caguán. Estaba de veras embravecido el ministro, por lo general con amable cara de San Antoñito sin aureola.
Muchas más cosillas podrían estar pasando, que se me olvidan y que no son, como tampoco las que mencioné, significativas. Es saludable pelearse un poco para no hundir el carácter en las complacencias pasivas. Pero en la guerra grande, es urgente cesar las hostilidades.
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