opinión

Columna de opinión Marc Eichmann
Columna de opinión de Marc Eichmann. - Foto: Cortesía

Petro bien, Claudia mal

El desmonte de los subsidios a la gasolina propuesto por el presidente Petro es una medida valiente y responsable, mientras que la falta regulación en Bogotá a las bicicletas adaptadas con motor de motocicleta es falta de valentía para tomar medidas.


Por: Marc Eichmann

El concepto detrás del fondo de estabilización de combustibles (FEPC) tiene sentido cuando se analiza la volatilidad de los precios de los combustibles. En épocas de precios bajos, el fondo se alimenta de los mayores precios cobrados a los consumidores, mientras que en épocas de precios altos se utilizan sus fondos para no tener que incrementar el precio en demasía al consumidor.

El problema del fondo de estabilización es que no puede utilizarse como un mecanismo de subsidio a los precios de los combustibles, sino exclusivamente como una herramienta de estabilización. Es decir que, en el largo plazo y en promedio, el precio de la gasolina debe mantenerse en un promedio similar al precio internacional.

El gobierno Duque, en circunstancias extraordinarias, no por la pandemia, sino por las protestas sociales azuzadas muchas veces por aquellos que hoy están en el poder, pecó justo en eso. Ante el riesgo de comprometer su gobernabilidad con alzas, que en diferentes países de América Latina cada vez son más frecuentes, mantuvo los subsidios que hoy tienen al país con precios de los más bajos del continente.

Hoy en Perú se pagan por galón de gasolina USD 6,2, en Brasil USD 5,8, en Chile USD 5,4, México USD 4,6, Argentina USD 3,7, mientras que en Colombia el precio artificialmente bajo es de USD 2,3, impactando las finanzas públicas con un déficit de COP 40 billones anuales a los precios internacionales actuales del petróleo, de alrededor de USD 90 por barril.

El déficit del FEPC tiene consecuencias varias. La primera es que genera un déficit en las finanzas públicas, similar a un poco menos que el equivalente de dos reformas tributarias Ocampo. En otras palabras, dejar de subsidiar los combustibles, con lo cual se estima que el precio por galón de gasolina quedaría en alrededor de COP 18,000, disminuiría el déficit público de alrededor de 5,6 % a alrededor del 2,3 % del PIB.

La disminución del déficit público, a su vez, tendría un impacto significativo en los costos del endeudamiento del país, que podrían caer de 4 % del producto interno bruto al 3 % a mediano plazo, lo que pondría el déficit fiscal en el 1,3 %, una cifra absolutamente manejable y que le daría al Gobierno para impulsar sus proyectos de reforma.

Por último, es muy probable que una caída de este tamaño del déficit fiscal ayude a controlar la devaluación del peso colombiano frente al dólar, ayudando a disminuir la deuda externa cuando se denomina en pesos e impulsando la economía.

Como sucede con todo, no todos los efectos de disminuir los subsidios a los combustibles son positivos. El efecto negativo más importante es el impacto en la inflación, la cual podría incrementarse en alrededor de un 2 % son el levantamiento definitivo de los subsidios. Sin embargo, dado el crecimiento de la economía de los últimos dos años, la probable ralentización que se dará en el 2023 sería suficiente para volver a tasas de inflación manejables.

Bien, el presidente Petro por promover esta medida responsable, que esperamos pueda llevar a buen puerto lo antes posible.

Refiriéndose a otro tema absolutamente diferente, pero ligado al anterior por la gasolina, es increíble que en Bogotá estén proliferando las bicicletas adaptadas con motor de motocicleta, utilizadas en gran parte por los domiciliarios. Estas bicicletas, que en muchos casos se ven circular a velocidades superiores a 50 kilómetros por hora, no cumplen con normas de seguridad, circulan sin luces por la noche y no tienen ni placa ni registro alguno por parte de las autoridades. Circulan en los andenes, en las ciclovías, en contravía, contaminando ambientalmente y con intensidades de ruido que se podrían comparar a los de una carrera de fórmula 1. Su falta de regulación es un síntoma más de la desconexión que tiene la alcaldesa con la ciudad.