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Opinión

  • | 2007/08/25 00:00

    Plomo y juguetes

    Juan Carlos Correa explica la gravedad de que los juguetes tengan este material, tal como se ha venido denunciando en el mundo entero.

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A raíz del hallazgo de plomo en pintura de recubrimiento en un número importante de juguetes es importante hacer precisión en algunos conceptos y revisar las implicaciones que esto pueda tener para la salud pública.

El plomo es un metal que ha sido ampliamente utilizado por el hombre desde hace milenios en muy diversos usos. Durante el siglo XX y comienzos del actual su producción ha sobrepasado los seis millones de toneladas anuales, mayor que cualquier otro metal pesado.

Por sus propiedades (maleable, resistente a la corrosión y facilidad para conformar aleaciones), se ha empleado en pinturas, tuberías, munición, ornamentos, baterías y cosméticos entre otros. Durante muchos años se utilizó como un aditivo de la gasolina. Esto todavía sucede en algunas partes de África, por ejemplo.

Con este uso tan intensivo, hoy en día encontramos que el plomo está presente como desecho en la tierra, en el aire, y en muchos cuerpos de agua. Por ser un metal puro, no se descompone y no se degrada.

Actualmente este metal está clasificado como un veneno. Puede ingresar al cuerpo principalmente por ingestión de alimentos o agua contaminada. Hasta mediados del siglo pasado, la pintura contenía importantes cantidades de plomo. Al deteriorarse con el paso de los años, esta pintura se cuarteaba y desintegraba lentamente generando polvo con altos contenidos del metal que a su turno era inhalado o ingerido por las personas. Hacia 1970 se descontinuó el uso de este en la pintura para interiores inicialmente y posteriormente para exteriores en los Estados Unidos y en otros países desarrollados aunque aún hay algunas pinturas especiales que lo contienen.

Los niños pequeños son especialmente vulnerables a una intoxicación por plomo. El hábito de los niños menores de 3 años de llevarse todo a la boca aumenta enormemente el riesgo de ingestión de pintura con plomo. Adicionalmente, en un adulto normal solo 10 por ciento del plomo ingerido pasa a la sangre mientras que en un niño puede ser de hasta 40 por ciento. Esto se agrava si hay un estado nutricional deficiente de base. Los efectos del plomo se producen principalmente a nivel del cerebro y la médula espinal. Los adultos tienen una barrera que impide en gran medida el paso del metal hacia el cerebro pero en los niños de menos de 3 años, esta barrera aún no se ha desarrollado completamente y permite el paso de mayores cantidades del veneno.

Sus efectos en la salud son diversos y su intensidad es proporcional a la dosis. Como ya se mencionó tiene especial afinidad por el sistema nervioso central y sus efectos pueden ir desde irritabilidad moderada hasta la muerte pasando por pérdida de la memoria, lasitud, retraso mental, convulsiones, y coma. Además puede producir anemia y daño en los riñones. La exposición crónica a bajos niveles de plomo puede impedir un desarrollo intelectual adecuado con efectos permanentes (Nadakavukaren A. Our Global Environment: A Health Perspective, 4th. Ed.). Las consecuencias para la sociedad en su conjunto pueden ser muy graves.

Es evidente que, en países con leyes y controles menos estrictos como pueden ser algunos países asiáticos aún se utilizan este tipo de pinturas. Es consecuencia de producción masiva sin mayores controles de calidad.

No es lo mismo recoger un juguete que presente un riesgo de atoramiento para un niño que recoger un juguete pintado con plomo. El riesgo de atoramiento está presente pero el atoramiento mismo no se ha producido en la mayoría de los casos. En el caso del plomo es distinto, es posible que el niño ya haya jugado con el, se lo haya llevado a la boca, y que el plomo haya ingresado en su cuerpo. Que afecte su salud. Que pasó con otros niños, los amiguitos o hermanos. Es responsabilidad del fabricante y del comercializador averiguar por todos los medios posibles si se produjo un efecto perjudicial para la salud de estos niños, y en caso afirmativo, resarcir los daños físicos y morales respectivos.

Pero también hay fallas en las entidades de control de los países receptores de los artículos tóxicos. En Colombia debemos velar por controles más estrictos en términos sanitarios de las mercancías que ingresan a través de nuestras fronteras. Es muy difícil para un padre de familia determinar si el juguete que va a comprar es seguro para su hijo más allá de las advertencias que tenga la etiqueta. Es responsabilidad del Estado establecer y ejercer mejores y más efectivos controles.

¿Qué pasa con los desechos tóxicos? Sin duda estos son más peligrosos cuando vienen en forma de muñeca.

*Juan Carlos Correa, MD, MPH
Director de Salud Comunitaria Fundación Santa Fe de Bogotá.
jcorrea@fsfb.org.co

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