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Opinión

  • | 1997/05/26 00:00

    POLITICA SIN BOLA DE CRISTAL

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En los análisis políticos, lo mismo que todo en la vida, en los momentos de duda o dificultad hay que agarrarse de lo seguro, como el nadador a punto de ahogarse se aferra al borde de la piscina. En la discusión política como en la natación _unas veces cerca otras veces lejos_ siempre hay un sitio firme.La situación política actual es una de esas en las que el asunto está tan confuso y hay tantas pasiones enredadas en medio, que es casi imposible participar en una discusión fría sobre el panorama que se avecina en Colombia, después de la echada al agua de los personajes que no han tenido la valentía de aceptar en público lo que todo el mundo sabe, y es que son candidatos presidenciales. Unos tipos inteligentes sostienen que la opción presidencial de Serpa está liquidada y que el hombre es Valdivieso. Otros, igual de agudos, aseguran que a Serpa no lo tumba nadie y que Valdivieso es flor de un día. Otros especialistas descartan a todo el mundo después de la salida de Mockus, según ellos el único aspirante que está por fuera de lo que todo el mundo rechaza. Muchos políticos trajinados en el oficio apuestan lo que sea a que lo único que no es continuismo es Noemí, y no pocos especialistas consideran que al final la suerte se reencontrará con Andrés Pastrana, que es el propietario legítimo de la elección de hace tres años.Demasiada teoría para una misma realidad. Parece ser el momento de agarrarse de la orilla. Y la orilla, mucho más que la adivinación, son los hechos repetidos del pasado. Todo es posible, pero lo más seguro es que la lógica de la política beneficie a aquellos a quienes ha beneficiado en el pasado. Y entre la maraña de aspirantes, solo veo a Andrés Pastrana y a Horacio Serpa parados en tierra firme. Al primero lo cobija la única ley natural de la política electoral, y es que en momentos de duda y confusión el más fuerte es aquel que la logrado la magia de convencer a alguien de votar por él. En un país de escépticos sacar a millones de personas de sus casas en un día libre y llevarlas a votar es un patrimonio que solo minimizan quienes nunca han participado en una elección. El otro es Horacio Serpa. Lejos, muy lejos, el actual Ministro del Interior tiene la solidez que le da el haber ocupado todos los cargos posibles de elección y nombramiento, y de haber hipotecado la vida a cambio de hacer los méritos de contacto vivencial con todas las formas de vida humana colombiana, que obligaba la tradición política hasta hace poco a aquel que quisiera llegar a la Presidencia. El resto es, por ahora, literatura. En la primera vuelta electoral debe haber el equivalente a los cinco millones de votos que hubo en el 94. La mitad de maquinaria y la mitad de opinión. El 60 por ciento de esos votos del Partido Liberal y el 40 o algo menos del Conservador. Si la votación es baja se benefician los candidatos de la maquinaria, Pastrana y Serpa. Si no lo es, entran a pelear el voto de opinión con los demás (un montón de gente). Pero además la historia también indica que los que mayor número de enemigos tienen son aquellos que más atraen el voto de opinión. Y en este caso, en contra de lo que dicen los teóricos, los dos personajes que polarizan el debate son Pastrana y Serpa. Súmele, entonces, a la mitad de los votos de maquinaria un porcentaje (10, 20, 30 por ciento) a cada uno de estos dos personajes, y encontrará que para ganarle a ellos hay que tener un gallo de la categoría de Gaitán, o más, para desequilibrar el panorama electoral. Acepto que es el escenario más aburrido entre todos los posibles. Acepto también que todo puede pasar, como hipótesis general, y que no es del todo imposible que las encuestas de popularidad de hoy correspondan a los votos del futuro, como nunca ha pasado. Pero si se trata de hablar de política por fuera de la bola de cristal, el final de esta contienda en la segunda vuelta enfrentará otra vez al equivalente del Ernesto Samper de antes con el equivalente al Andrés Pastrana de la pasada pelea electoral.
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