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Opinión

  • | 2018/03/10 08:10

    Líderes y charlatanes

    Los líderes y los charlatanes aparecen. Los venezolanos para acabar con la corrupción y el mal gobierno imperante eligieron a Chávez. Jamás pensaron que el país caería en la peor crisis de su historia republicana.

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Tomás Cipriano de Mosquera, fue el gran protagonista de la vida nacional desde la disolución de la Gran Colombia en 1830 hasta 1876, cuando no obstante haber sido presidente de la república en cuatro oportunidades, fue elegido senador del estado soberano del Cauca.

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Aunque calificado de polémico, vanidoso, arrogante y ciclotímico, fue un líder y dejó una huella imborrable en la historia de Colombia. Se enfrentó al general Juan José Flores, que aprovechando la confusión que existía en el sur, pretendió varias veces incorporar los departamentos de Nariño y del Cauca al Ecuador. Mosquera comandó las tropas colombianas en una de las más brillantes acciones de nuestra historia militar: la batalla de Cuaspud el 6 de diciembre de 1863, que muy pocos recuerdan. El tratado de paz que se suscribió después de la batalla, consolidó el trazado actual de la frontera común, definida en 1916.

En 1867 el comandante del ejército, le dio un golpe de estado mientras que sus adversarios, que no eran pocos, lo acusaron ante el senado de haber firmado un acuerdo secreto para el traspaso de un buque al Perú, que se encontraba en guerra con España que había ocupado las islas peruanas de Chincha. Aunque no recibió “coimba” ni comisión alguna por la transacción, fue declarado culpable por “poner en peligro la neutralidad de Colombia” y enviado al exilio.

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En el Ecuador, el general Flores tres veces fue presidente. Un siglo después, Velasco Ibarra fue elegido primer mandatario en cinco oportunidades: ambos fueron líderes. No obstante Velasco, sólo una vez terminó su mandato ya que, en cada ocasión, irreversiblemente era derrocado por los militares.

Velasco Ibarra, aunque no tenía la voz ni la entonación de Jorge Eliecer Gaitán, también electrizaba a las multitudes con su lenguaje directo y sin reservas. Señalaba “dadme un balcón y seré presidente” …y generalmente lo cumplía. Años después Rafael Correa, también con vocación de líder, después de haber sido presidente durante tres períodos, dejó en el poder a su vicepresidente con la convicción de que en breve volvería con un mandato indefinido. Una consulta popular le cerró el paso.

En Venezuela José Antonio Páez, tres veces presidente e impulsor de la disolución de la Gran Colombia, durante varias décadas lideró la política de su país. Más tarde, Juan Vicente Gómez en diciembre de 1908 ascendió al poder y en medio de enemigos y abyectos servidores, regentó los destinos de los venezolanos hasta su muerte en 1935.   

Hugo Chávez gobernó a Venezuela durante 14 años. Llegó a presidente simbolizando una aspiración de cambio, con el deseo colectivo de un país cansado de la corrupción y del mal gobierno, que fueron su trampolín hacia el poder.  

Los venezolanos buscando la transformación, no presumieron lo que Chávez tenía bajo la manga. Jamás pensaron que Venezuela dentro del marco del socialismo del siglo XXI y en manos de Maduro, que a diferencia de Chávez es un charlatán, caería en la peor crisis de su historia.

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Sabe sin embargo el mandatario, que por más populistas y absurdas que sean las medidas que adopta y las cosas que dice, ésta no es época de golpes militares como en los tiempos de Mosquera y de Velasco Ibarra y que a pesar de censuras y condenas “después de ojo afuera no hay Santa Lucía que valga”.  

Se les olvidó a los venezolanos una de las famosas Leyes de Murphy: “toda situación por mala que sea, es susceptible de empeorar”, así como el viejo adagio bogotano: “a quejarse al mono de la pila” …ya veremos si se aprendió la lección.

*Profesor de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario 

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