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Salud Hernández
Salud Hernández. Bogotá Noviembre 8 de 2019. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana. - Foto: Juan Carlos Sierra

¿Por qué el Paisa quería matar a Timochenko?   

Lo publiqué en su momento y lo reitero: el Paisa fue el cerebro del fallido atentado en el Quindío contra Timochenko que desbarató la policía.


Por: Salud Hernández-Mora

Timochenko y Márquez se detestaban. El ahora muerto o herido grave consideraba que tenía mejores condiciones para liderar el partido Farc, pero perdió el pugilato y desde ese momento comenzó a organizar su retorno sin disimulos a la criminalidad.

Al menos un año antes de anunciar la creación de la Nueva Marquetalia, ya estaban dando pasos firmes para fundarla. La pista me la dio una buena fuente que me tenía confianza y ahora puedo revelar. A pesar de las insalvables diferencias que nos separaban, podía conversar y confiar en la palabra del Loco Iván, con unos 30 años de vida criminal en las Farc.

Solía quejarse del rumbo que tomaban los altos excomandantes farianos en Bogotá, en los tiempos en que organizaban su partido político. El Loco los veía cada día más distantes y no entendía la súbita pasión por los cocteles y reuniones, hablando naderías con interlocutores nacionales y extranjeros, y viviendo rico a su manera. Entretanto, clamaba, las bases pasaban necesidades porque los ETCR los entregaban tarde y mal hechos, y los proyectos no arrancaban. 

En dos ocasiones lo visité en el ETCR de Playa Rica, entre Meta y Caquetá, que estaba bajo su mando y por el que bregó sin descanso para buscar salidas a su gente.

El 10 de octubre de 2018, cuando le anuncié otro viaje, me contestó que “en vista de que el Gobierno no cumplió, yo me abrí de peor” y agregó que “administraba una finca ganadera en la frontera”.

Pensé que en realidad se habría unido a Gentil Duarte, dueño y señor de la región donde está enclavada Playa Rica (aún esa disidencia manda allá). Hasta que en septiembre de 2019 apareció en el video en el que Iván Márquez anunciaba el nacimiento de la Segunda Marquetalia, con el ampuloso lenguaje que prodigaba.

El 30 de agosto escribí al Loco lamentando su decisión, seguía convencida de que él, a diferencia de Santrich, Romaña o el Paisa, era recuperable. “Es duro, pero no me quedó más”, fue su respuesta. Nunca volvimos a tener contacto, no leía mis mensajes, y solo supe de su suerte por una grabación donde se le veía discutir, de camuflado y armado, con la Guardia Nacional Bolivariana, antes de que lo mataran a tiros.

También cruzó la frontera el sanguinario Hernán Darío Velásquez, alias el Paisa, para instalarse en el santuario chavista. Allá citaba a sus mandos del Huila y Caquetá, como a alias Brandon, ya muerto, para impartir órdenes de homicidios, extorsiones, amenazas y robos de tierras, así como a civiles con el fin de amedrentarlos.

Entre esas órdenes figuraba asesinar a Timochenko, por el que sentía un odio visceral. La razón no hay que buscarla en rivalidades políticas de su jefe Márquez, sino en una cuestión puramente personal, según me contaron allegados a ese criminal al que mataron desconocidos (otros dicen que sigue vivo, pero como un vegetal).

El Paisa estaba convencido de que Timochenko había proporcionado las coordenadas para que el Ejército diera de baja a alias Rodrigo Cadete, aquel comandante que despidió a sus escoltas de la UNP en Caquetá y se unió a las nuevas Farc.

La decisión de poner a Cadete en el punto de mira de los militares, decían mis fuentes, nada tenía que ver con la voluntad de desmantelar unas disidencias que los dejaban mal parados. Timochenko se enamoró de la compañera de Cadete, con la que vive y tiene un hijo, y necesitaba quitarse de en medio al ex para evitarse problemas más adelante.

La hipótesis podría parecer descabellada, pero en la mente del Paisa tenía toda la lógica. Por eso envió a Guambi y a Conejo, ambos de sus entrañas, a liquidarlo.

Si Timochenko y compañía quisieran contar la verdad, confesarían los asesinatos que cometió el excabecilla de la temida Teófilo Forero en su cacería de brujas tras la muerte de alias la Pilosa, su compañera, en un bombardeo. Imaginaba informantes del Ejército por todos lados, tanto guerrilleros como civiles de sus áreas, y mandaba asesinarlos. A un joven inocente lo mataron en Balsillas con el visto bueno de Iván Márquez, cuando fungía de jefe negociador en La Habana. Dio su consentimiento mientras De la Calle tildaba de guerreristas a quienes criticaban su proceso de paz y a Márquez lo matriculaba de pacifista.

Al Paisa nunca le parecía que había vengado suficiente a la Pilosa, y desde Venezuela continuaba con su lista negra. Igual con Rodrigo Cadete. Lo publiqué en su momento y lo reitero: el Paisa fue el cerebro del fallido atentado en el Quindío contra Timochenko que desbarató la policía. También creí que algo tendrían que ver el destino de plata que guardaban en caletas y guacas, que nunca revelaron a sus amigos de la JEP y de la Comisión de la Verdad. Fueron muchas halladas, aunque en algunas los billetes estaban podridos por la humedad.

En cuanto al reciente ataque a Iván Márquez, el móvil es incierto. Pudo ser un ajuste de cuentas de los generales chavistas por el tráfico de coca; o silenciarlo porque sabía tanto de los nexos de Miraflores con las Farc y los negocios ilícitos, como de Farcpolítica. Puede que nunca lo sabremos, y menos con el nuevo Gobierno.