opinión

Alberto Donadio  Columna
Alberto Donadio - Foto: DAVID ESTRADA LARRAÑETA

¿Por qué ganó Rodolfo?

Parece que el electorado le perdonará la acusación de la Fiscalía, el Vichada, Hitler, el coscorrón y votará por un llanero solitario que pare la robadera.


Por: Alberto Donadio

Seis millones de colombianos hicieron el siguiente análisis: el exalcalde Samuel Moreno Rojas nunca le pegó un coscorrón a un concejal, nunca dijo que admiraba a Hitler y seguramente sabe dónde queda el Vichada. Pero cometió el mayor atraco en la historia de Bogotá. Son espeluznantes muchos comentarios de Rodolfo Hernández y es imperdonable que escogiera a la fuerza un consultor para analizar el contrato de las basuras, según pruebas publicadas por Daniel Coronell, Diana Giraldo y otros.

Pero los votantes hicieron una transacción: prefieren a Rodolfo frente a cualquier versión aumentada o disminuida del Ñoño Elías y Musa Besaile y de todos sus congéneres. Saben, además, que los Roy Barreras de la campaña de Petro no son símbolos de virtudes angelicales. Muchos rodolfistas ni siquiera rechazan a Petro, pero van por el ingeniero porque están enardecidos con los desfalcos. No hay nada extraño en el triunfo arrollador de Rodolfo.

Es una prolongación del éxito de la consulta anticorrupción liderada por Claudia López hace cuatro años, en agosto de 2018, que obtuvo más de 11 millones de votos libres y espontáneos, por fuera de los partidos, superando los de Iván Duque o Petro en las presidenciales. Rodolfo tomó la misma bandera y podría ganar el 19 de junio. Los ciudadanos quieren que la chequera la maneje Rodolfo y que un empresario controle el presupuesto nacional. Hace unos meses, un taxista en Bucaramanga me contó que había recogido en la terminal de transporte a unos pasajeros que venían del sur de Bolívar a una cita médica. Le pidieron que antes de ir a la clínica los pasara frente a la casa de Rodolfo. Ese y muchos otros testimonios de cómo Rodolfo ha calado en la opinión pública desde cuando fue alcalde fueron los que me llevaron el 22 de enero a publicar una columna con el mismo título de la actual.

El sur de Bolívar, San Pablo, Simití y muchos municipios que padecieron la violencia guerrillera y paramilitar, se comunica por el río Magdalena con Barrancabermeja y luego por carretera con Bucaramanga. Cartagena les queda muy lejos. Que habitantes de una alejada zona rural espontáneamente buscaran a Rodolfo es algo que no lograron reconocer a tiempo los comentaristas y encuestadores capitalinos. Rodolfo llegó a los campesinos por las entrevistas radiales. Habla su mismo idioma. Es pintoresco. No es refinado, sino chabacano. La gente prefiere un tipo brocha a uno muy elegante que les mete la mano al bolsillo. Rodolfo hace reír. Para explicar que alguien es un vago, dice que trabaja más el buey del pesebre. Este toque de humor es importante resaltarlo porque es una característica bien escasa entre los santandereanos. Algunos comentaristas de la prensa bogotana que creían que Alejandro Gaviria debía ser presidente se olvidaron de un detalle. Nadie lo conoce en el sur de Bolívar.

Si gana Rodolfo, va a estar sometido a la más implacable oposición posible, la de Gustavo Petro y sus 20 senadores, expertos en quemar. Cualquier intento de Rodolfo de aprender portugués y volverse un Bolsonaro será denunciado por Petro. Cualquier desviación del gobierno será escudriñada por Petro. El próximo 7 de agosto se parece al 13 de junio de 1953, cuando Rojas Pinilla subió al poder. Hubo serenatas para el Jefe Supremo y júbilo inmortal porque la matazón era insoportable. Ahora la robazón es insoportable. Pero se sabía que apenas cuatro años antes Rojas Pinilla, como comandante de la Tercera Brigada en Cali, no movió un dedo para impedir la masacre de la Casa Liberal.

El Segundo Libertador que frenó la violencia partidista no era una mansa paloma. Cuando Alberto Lleras Camargo, el más pulcro y el más culto y el más castizo de nuestros gobernantes, y ciertamente el menos chabacano, fue elegido en 1958 en medio de vítores porque regresábamos a la democracia, lo hizo sobre la base de un engendro, el Frente Nacional, que cercenaba la democracia porque imponía una alternación forzosa entre liberales y conservadores y prohibía los otros partidos. ¿Cómo pudo Colombia salir a votar por esa impostura? ¿Por qué el pueblo depositó 2.482.000 votos o el 79 por ciento por Lleras Camargo, que era candidato único, sabiendo que no había verdadera contienda democrática y que no había otra opción válida, pues los votos del candidato conservador Jorge Leyva, que fueron 614.000, se contaban pero no valían? Sencillamente porque lo que había antes, Rojas Pinilla, era peor.

El pueblo hizo una transacción, como ahora. Rodolfo es el candidato anticorrupción que enfrenta un juicio por corrupción, pero parece que el electorado le perdonará la acusación de la Fiscalía, el Vichada, Hitler, el coscorrón y votará por un llanero solitario que pare la robadera.