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Opinión

  • | 2019/11/21 15:48

    Presidente, hora de marcharle al país

    ¿Qué le dice la marcha al equipo del gobierno de Duque y al propio presidente? Que no saben leer al país, que el esfuerzo por disuadir a los potenciales participantes con temores sobre desmanes y advertencias, que disfrazaban amenazas, no sirvió.

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Lo más valioso de la marcha de ayer es que fue ciudadana. Es decir, no hay ningún partido político, ningún populista de ocasión o similar que pueda cobrar la marcha como propia. Ni el clima puede decir que fue gracias al sol radiante y las temperaturas agradables que todo marchó bastante bien. 

Esta tampoco fue la marcha del Congreso y no le servirá como palanca para abrir las puertas a las cuotas burocráticas de la Casa de Nariño; no es la llave en mano para que acomoden sus fichas en ministerios y entidades descentralizadas. Este paro fue político, pero alejado de los políticos de siempre. Una marcha sin mermelada.

Y que ningún poderoso o baboso salga ahora a cobrar como propias las más de siete horas de paro pacífico.  Nada: esta marcha fue de la gente, de miles de personas que cuestionan no solo a este gobierno, sino a la institucionalidad. Esa es la carga de fondo, el gran triunfo de los manifestantes.

¿Qué le dice la marcha al equipo del gobierno de Duque y al propio presidente? Que no saben leer al país, que el esfuerzo por disuadir a los potenciales participantes con temores sobre desmanes y advertencias, que disfrazaban amenazas, no sirvió.

Claro, muchas personas, aturdidas por el ruido que el gobierno generó y que muchos de sus copartidarios tradujeron en descalificación de las movilizaciones y estigmatización (lo cual tal vez alentó aún más la protesta), se quedaron guardadas, evitando la lluvia o el calor y el desmadre ciudadano.

Más allá de la discutible cifra que da el gobierno –con poco más de 200 mil personas en las calles- o el número que suman los sindicatos y organizadores –del orden de 10 millones de participantes- cambia una realidad: esta marcha es un parteaguas para el gobierno y para los nuevos mandatarios que se estrenan en enero, elegidos por este país que ya no es fácil de leer ni para las encuestadoras ni para los expertos y analistas. 

Ayer se hizo evidente, una vez más y en menos de un mes, que hay otro latir entre los colombianos y que la explicación de nuestros problemas no se reduce a la polarización por cuenta del Acuerdo de Paz, ni se resuelve con amenazas de castrochavismo.

Hoy el país amanece con otro tono. Consciente de que se puede movilizar para hacer sentir su inconformidad y de que tiene el poder, inclusive –como sucedió en varios casos-, de frenar los desmanes de vándalos e incendiarios de todo tipo. Nadie quiere más violencia, ni en las ciudades ni en los territorios. Ese fue un mensaje que ayer circuló por todo el país.

Entonces, ¿de qué me hablas, viejo? Para los que hacen oídos sordos, aquí va de nuevo: los colombianos le están diciendo a los poderosos, a la clase política, a los gremios, a las instituciones y al gobierno que es hora y les corre el tiempo en contra para que ellos le marchen al país. 

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