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Columna de opinión Marc Eichmann
Columna de opinión Marc Eichmann - Foto: Cortesía

¿Qué candidato para los informales?

Estamos a tiempo aún de conseguir el apoyo de estos héroes de la calle en segunda vuelta para elegir un presidente que se enfoque en ellos. Tal vez esta sea la deuda histórica más grande que tenga el país.


Por: Marc Eichmann

La informalidad laboral en Colombia ronda el 50 %. Estos colombianos que no tienen un trabajo formal viven realidades distintas a las del resto de la gente, no tienen como referentes a los grandes líderes empresariales y se mueven con paradigmas distintos a los de los empleados asalariados.

Se levantan cada mañana pensando cómo mejorar su sustento diario, sin la seguridad de un ingreso al final de su jornada o del mes.

Para estos trabajadores incansables no existe horario y el concepto de opcionalidad, el de aprovechar las oportunidades puntuales de hacer un extra es el centro de sus prioridades.

La mayoría son pequeños empresarios sin respaldo ni estructura que ven el mundo desde una óptica distinta a los estudiantes, los pensionados o los trabajadores formales.

La exposición a la salud de la economía nacional de los informales es muy superior a la de los demás grupos. Al no estar organizados en grandes empresas que atacan las necesidades más básicas de la población, ellos viven de los excedentes monetarios de los demás, que son mucho más volátiles que el ingreso dedicado a las necesidades básicas.

No cuentan con economías de escala que les permitan compensar una caída en la demanda de sus servicios con otros ingresos: cualquier impacto les da en el corazón de su subsistencia.

Este segmento de la población sería impactado negativamente ante la elección de un presidente que prefiera estrategias de desarrollo no convencionales y se aleje de preceptos básicos, como el control al tamaño del Estado, la economía regida por el mercado (y no por burócratas estatales) y la libertad económica en general.

Un programa de gobierno que centre en sí mismo la regulación de la actividad económica, la repartición de la riqueza y el control de los medios de producción les cohíbe la consecución del pan diario.

Gran parte de los venezolanos que migraron ante el control del omnipotente Estado venezolano que creó Hugo Chávez pertenece a este grupo.

Aquellos sin empleo formal, que no por lo tanto son más pobres, sintieron de lleno la cachetada del régimen bolivariano y ante la falta de posibilidades de sustento, por la caída de los ingresos de la población, huyeron a otras latitudes y longitudes, recorriendo las carreteras de Suramérica. Al golpearse el rebusque en su país, fueron a encontrarlo en el exterior.

Ahora que se acerca la primera vuelta presidencial, los trabajadores informales e independientes son aquellos a quienes más les conviene un presidente que no se ponga a hacer locuras.

El impacto negativo de las propuestas de Gustavo Petro sería sentido mayoritariamente por este sector de la población, que ante la falta de discurso de candidatos más sensatos aún no ha realizado la gravedad de la amenaza que en ellos se cierne.

Las independientes han sido en gran parte ignorados por las campañas presidenciales.

El discurso de los candidatos ha contemplado los intereses de los pensionados, disparado por la propuesta de enajenación de los dineros de los colombianos manejado por los fondos privados del candidato de izquierda, de los estudiantes, con la educación gratuita para jóvenes de estratos bajos y la condonación de créditos del Icetex, de los trabajadores formales, con la mejora del salario mínimo, pero muy poco se ha propuesto con respecto a los intereses de los trabajadores informales.

Qué bueno sería que a este segmento importantísimo de la población se le facilitara el acceso a la salud en condiciones benévolas, que los candidatos enfoquen su discurso a simplificar su formalización sin la amenaza tributaria para que puedan proveer servicios de manera formal a las empresas constituidas.

Estamos a tiempo aún de conseguir el apoyo de estos héroes de la calle en segunda vuelta para elegir un presidente que se enfoque en ellos. Tal vez esta sea la deuda histórica más grande que tenga el país.