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Opinión

  • | 2019/07/01 17:13

    ¿Qué está pasando con la seguridad de nuestras ciudades?

    La peor sensación de las ciudades es la de la desmedida inseguridad ciudadana, el caso de todas las urbes de Colombia comienza a inquietar y por ello obliga que el Gobierno central, en cabeza de la Presidencia de la República, y de las Alcaldías y autoridades territoriales en conjunto con la Policía Nacional en consonancia con el Congreso de la República, se ocupen del tema y consigan devolverle al ciudadano el clima de tranquilidad perdido.

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Pensar en un sistema de metro, ciclovías, y en general calidad de vida sin entregarle al ciudadano un entorno de seguridad real en las calles, parques y barrios es un esfuerzo fútil, en la medida en que el ciudadano de a pie, yace en un trágico escenario de terror, en el que cotidianamente vive inmerso en la amenaza constante; el atraco violento en la calle, el cosquilleo en TransMilenio, los robos a residencias, el hurto de celulares, en fin, un panorama de absoluta desolación en la que las esperanzas parecen desteñirse cada día más. 

Las dramáticas fotografías del delincuente, que piedra en mano atacó a un carro en una calle de Bogotá o las espeluznantes imágenes del robo a varios vehículos en la calle 127 con sus conductores y pasajeros, hombres, mujeres, ancianos y niños, no solo atrapados por el terror de la violencia ejercida por los forajidos sino inmovilizados por el trancón cotidiano. Estos hechos nos obligan, reitero, a pronunciarnos y claro, a plantear propuestas serias y loables que deben ser corolario de soluciones pragmáticas, que permitan a las ramas del poder público interactuar en conjunto, para lograr un fin único; poner tras las rejas a los malhechores que perturban a la ciudadanía y evitar que estos reincidan semana tras semana, como si fuera una cotidiana rutina laboral en la que nada les pasa y cada vez proporcionan más y más daño a todos los sectores de la sociedad. 

El primer componente no puede ser otro que dinamizar y optimizar la operación de los CAI, Comandos de Atención Inmediata, estos muy útiles durante su temprana implementación por allá en los años ochenta, en donde por primera vez el ciudadano tuvo a su mano, dentro de la intimidad de su barrio la presencia de la autoridad policiaca, pero que con las actuales realidades de nuestras ciudades, desbordadas por la grave problemática de los migrantes y desplazados, el micro tráfico de sustancias ilícitas, la presencia de nuevas generaciones de narcotraficantes, han hecho que los CAI, queden cortos y tornan vetustos, casi que han perdido totalmente el influjo sobre su comunidad, hoy en día es lamentable ver agentes que pasan sus días hablando y chateando por sus teléfonos celulares, desatentos con los vecinos que acuden a solicitar su colaboración o cuando lo hacen lo realizan de mala gana o total indiferencia y que incuestionablemente han traducido en una realidad, la desconfianza de los ciudadanos por la fuerza policial. 

Cuando conocimos el trágico suceso de una mujer indefensa en estado de embarazo, atacada entrando a su garaje en uno de los barrios más exclusivos del país, la Policía destinó un vehículo que en otra época eran conocidos como inspecciones móviles de Policía y ahí permanece incólume junto a la Embajada de Rusia como un CAI más pero en la estructura de un bus. 

El ciudadano prefiere que su zona esté cubierta con monitoreo preventivo permanente que permita identificar al extraño que ronda y merodea por sus calles y mucho más, aspira que algún día el Policía en concurso con un delegado de la Fiscalía o de la Policía Judicial, pueda procesar de inmediato al delincuente que lo atacó o agredió, para el caso de la capital de los colombianos se hace necesaria la creación de unidades de justicia permanentes al interior de las 20 localidades de la ciudad, a fin de darle herramientas de autonomía a los entes locales que integran la ciudad para evitar que el delincuente ingrese en el círculo vicioso de todas las semanas: hurto, captura, conducción a la UPJ y después de un par de horas libertad, para, así iniciar nuevamente el ciclo. 

En una época por ejemplo Bogotá tuvo en servicio las inspecciones móviles ubicadas en los sitios que previamente la Inteligencia Policial definía y allí se conducía al capturado con el objeto sustraído, se hacía el reconocimiento del sindicado por parte del ciudadano agredido y ese mismo día resultaba trasladado a las instalaciones penitenciarias de Acacías, Meta, penal que para esa época era célebre por una leyenda policial, en la que general Aparicio comentaba: “Es el sitio de reclusión en donde el recluso consigue su libertad", se le recluía para reintegrar a la sociedad un recluso productivo que encontraba en lo lícito una oportunidad de reencuentro social. 

Hoy la gran tragedia del ciudadano agredido y lacerado es el recorrido que tiene que cumplir para, en la gran mayoría de los casos, servir de idiota útil a la impunidad; que ese no es el sitio; que vaya a Paloquemao; que vuelva al CAI; que ahí no hay jurisdicción por el cuadrante, en fin, el ciudadano prefiere mejor comprar otro teléfono u otro reloj, o pedir un préstamo y olvidarse del daño ocurrido. 

En un solo sitio encontraron 300 bicicletas de alta gama, los roba Rolex dice la información, se trasladaban de otra ciudad a Bogotá robaban hasta 30 relojes semanales que al precio de módicos 10 millones constituían un verdadero emprendimiento de carácter millonario. Tenemos, señores alcaldes, que crear unidades permanentes de cubrimiento Policial para generar el clima perdido de seguridad, ninguna ciclovía sin presencia de seguridad debía ser la consigna. Se habla de poner en servicio elementos de alta tecnología; drones, reconocimiento facial, monitoreo permanente, etc. bienvenido ello ,pero si no acompañamos ese buen propósito a fin de adecuar la infraestructura penitenciaria e idoneidad con los trámites de capturas habremos perdido el dinero y los buenos propósitos. 

Finalmente, señores presidente y congresistas de Colombia, llegó la hora de dictar el estatuto de seguridad ciudadana que le devuelva a los colombianos la sensación de seguridad que hoy tenemos pérdida. 

Señor presidente Duque, qué bueno fue verlo auspiciando el metro de Bogotá, métale la mano a la seguridad de las ciudades de Colombia. 

P.D.: Bogotá por fin tendrá metro. 

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