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Opinión

  • | 2006/02/12 00:00

    Que no se apresuren

    Ricardo Buitrago cree que antes de firmar el TLC se deberían conocer los resultados de las negociaciones de la OMC y de Doha de diciembre.

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Dadas las incertidumbres generadas por la actual ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio, que ha preocupado hasta a los más fervientes defensores del tratado (Uribe, Gómez y Botero), se hace necesario repensar el porqué de estas negociaciones y, más aun, las razones de este cambio de posiciones de último momento.

Negociaciones Multilaterales vs. Bilaterales

En el sistema internacional los países tienen la posibilidad de integrarse comercialmente a través de acuerdos de carácter multilateral o bilateral. La Organización Mundial de Comercio (OMC) es la encargada de regular las negociaciones multilaterales, bajo los principios de reciprocidad y asimetría. De esta forma se propende por un comercio más equitativo y justo.

La otra figura es la de acuerdos bilaterales de carácter regional. El TLC y el Alca pertenecen a esta categoría y el problema aquí es que se negocia sin tener en cuenta las asimetrías de las economías.

Colombia y Estados Unidos en la actualidad se encuentran es tres procesos de negociaciones: TLC, Alca y OMC. En cada uno de ellos la configuración del poder negociador varía.
En el TLC, nuestra dependencia de Estados Unidos es evidente. No hay poder de negociación y existen factores no comerciales que impiden que este proceso se realice de forma equitativa. La necesidad de ayuda militar y económica, la concentración de las exportaciones y la falsa idea de la dependencia de los privilegios arancelarios hacen que se pierda la objetividad y se propenda por un tratado que será en extremo costoso para la economía del país.

En Alca, dadas las características regionales del acuerdo, la posición nuestra no varía mucho de la que tenemos en el TLC. De hecho, se nos ve en el contexto regional como un aliado de los intereses norteamericanos para el logro de sus objetivos expansionistas en la región. La IV Cumbre de las Américas concluyó con una virtual partición del continente en dos bloques: uno compuesto por Estados Unidos y otros 28 países, y el segundo por Brasil y cuatro países más; en este contexto, Brasil y sus aliados demostraron su poder de veto y cómo en conjunto se logra poner freno a procesos que lesionan los intereses de las economías en desarrollo de la región.

En la OMC deberíamos tener otro tipo de planteamientos. Es en este escenario en donde los países en desarrollo cuentan con esquemas de equidad que deben ser aprovechados para el beneficio mutuo. Es aquí donde se plantean los compromisos asimétricos en beneficio de las economías menos favorecidas y es en donde las economías desarrolladas tienen mayores niveles de exigencia. Los compromisos adquiridos en este contexto son de obligatorio cumplimiento para los países miembros y, lo más importante, estamos en igualdad de condiciones un país equivale a un voto.

Las economías en desarrollo encuentran en la OMC el escenario ideal para defender sus posiciones, lograr alianzas y propender por el comercio equitativo. Las grandes economías deben respetar los principios de asimetría y reciprocidad estipulados en la agenda Doha para el desarrollo. Desde 2001, la OMC ha hecho esfuerzos por lograr que las economías más desarrolladas del planeta tomen conciencia de la necesidad de crecer en conjunto respetando las desigualdades entre los países.

¿Por qué esperar?

Como lo mencioné, en cada contexto el poder de negociación varía. Estados Unidos ejerce su poder en la negociación del TLC porque en los otros dos escenarios se ha encontrado con una fuerte oposición. A pesar de contar con el apoyo de la mayoría de los países del continente, no ha podido sacar adelante el Alca y es un hecho que este proceso de integración se encuentra estancado.

En el marco de la OMC, los intereses de la Unión Europea y Estados Unidos siguen chocando frontalmente con los de países en desarrollo (

Dadas las incertidumbres generadas por la actual ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio, que ha preocupado hasta a los más fervientes defensores del tratado (Uribe, Gómez y Botero), se hace necesario repensar el porqué de estas negociaciones y, más aun, las razones de este cambio de posiciones de último momento.

Negociaciones Multilaterales vs. Bilaterales

En el sistema internacional los países tienen la posibilidad de integrarse comercialmente a través de acuerdos de carácter multilateral o bilateral. La Organización Mundial de Comercio (OMC) es la encargada de regular las negociaciones multilaterales, bajo los principios de reciprocidad y asimetría. De esta forma se propende por un comercio más equitativo y justo.

La otra figura es la de acuerdos bilaterales de carácter regional. El TLC y el Alca pertenecen a esta categoría y el problema aquí es que se negocia sin tener en cuenta las asimetrías de las economías.

Colombia y Estados Unidos en la actualidad se encuentran es tres procesos de negociaciones: TLC, Alca y OMC. En cada uno de ellos la configuración del poder negociador varía.
En el TLC, nuestra dependencia de Estados Unidos es evidente. No hay poder de negociación y existen factores no comerciales que impiden que este proceso se realice de forma equitativa. La necesidad de ayuda militar y económica, la concentración de las exportaciones y la falsa idea de la dependencia de los privilegios arancelarios hacen que se pierda la objetividad y se propenda por un tratado que será en extremo costoso para la economía del país.

En Alca, dadas las características regionales del acuerdo, la posición nuestra no varía mucho de la que tenemos en el TLC. De hecho, se nos ve en el contexto regional como un aliado de los intereses norteamericanos para el logro de sus objetivos expansionistas en la región. La IV Cumbre de las Américas concluyó con una virtual partición del continente en dos bloques: uno compuesto por Estados Unidos y otros 28 países, y el segundo por Brasil y cuatro países más; en este contexto, Brasil y sus aliados demostraron su poder de veto y cómo en conjunto se logra poner freno a procesos que lesionan los intereses de las economías en desarrollo de la región.

En la OMC deberíamos tener otro tipo de planteamientos. Es en este escenario en donde los países en desarrollo cuentan con esquemas de equidad que deben ser aprovechados para el beneficio mutuo. Es aquí donde se plantean los compromisos asimétricos en beneficio de las economías menos favorecidas y es en donde las economías desarrolladas tienen mayores niveles de exigencia. Los compromisos adquiridos en este contexto son de obligatorio cumplimiento para los países miembros y, lo más importante, estamos en igualdad de condiciones un país equivale a un voto.

Las economías en desarrollo encuentran en la OMC el escenario ideal para defender sus posiciones, lograr alianzas y propender por el comercio equitativo. Las grandes economías deben respetar los principios de asimetría y reciprocidad estipulados en la agenda Doha para el desarrollo. Desde 2001, la OMC ha hecho esfuerzos por lograr que las economías más desarrolladas del planeta tomen conciencia de la necesidad de crecer en conjunto respetando las desigualdades entre los países.

¿Por qué esperar?

Como lo mencioné, en cada contexto el poder de negociación varía. Estados Unidos ejerce su poder en la negociación del TLC porque en los otros dos escenarios se ha encontrado con una fuerte oposición. A pesar de contar con el apoyo de la mayoría de los países del continente, no ha podido sacar adelante el Alca y es un hecho que este proceso de integración se encuentra estancado.

En el marco de la OMC, los intereses de la Unión Europea y Estados Unidos siguen chocando frontalmente con los de países en desarrollo (G-20, grupo de países liderados por India y Brasil). En el marco de la ronda de OMC en Cancún, el G-20 planteó posturas en conjunto que impidieron que las negociaciones en el tema agrícola avanzaran de acuerdo con los intereses de Estados Unidos y la Unión Europea. De esta forma se evidenció la necesidad de actuar en conjunto en defensa de los intereses de las economías menos favorecidas.

Pero no sólo es en el ámbito agrícola donde se han hecho adelantos de los países en desarrollo frente a la grandes economías. En el tema de propiedad intelectual (Adpic), medio ambiente (Acuerdos multilaterales sobre medio ambiente), obstáculos técnicos al comercio (OTC) y medidas sanitarias y fitosanitarias (MSF) también se ha adquirido poder de negociación en el marco de la OMC.

Desde esta perspectiva, Colombia pertenece a

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