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Opinión

  • | 1987/04/27 00:00

    ¿QUE SE FIZO EL MINISTRO DE GOBIERNO?

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--Con la utilización de la palabra exquisitez, usted me recuerda a una santa.
--Casi que hablo de mi parienta...
--Cómo, ¿de SanTa Teresa?
--Sí. Ella era Cepeda Ahumada y Avila, así que algo me toca.
Entrevista del ministro de Gobierno con Mike Forero

Si el ministro de Gobierno, Fernando Cepeda Ulloa, es de verdad pariente de Santa Teresa de Jesus, haría bien en "pegarse" una repasada de su vida. Descubriría que esta extraordinaria parienta suya pasó, en el año 1571, por un eplsodio que bien podría compararse con el que le ha tocado vivir en la actualidad como ministro de Gobierno, con una diferencia. Santa Teresa lo ganó, y el doctor Cepeda está a Punto de perderlo.
La hija de los señores Cepeda y Ahumada vistió el hábito en el año de 1535, e ingresó de inmediato al Monasterio Carmelitano de Avila. Cerca de 27 años después lo abandonó, por no resultar de su estilo religioso. Pero se vio obligada a regresar a él 10 años más tarde, al ser nombrada priora del convento en contra de las monjas del Monasterio, quienes con ello creyeron irrespetado su derecho de elegir su propia priora.
Algo comparable le sucedió al hijo de los señores Cepeda y Ulloa cuando fue nombrado ministro. Los liberales sintieron que el Presidente se los estaba imponiendo, al no haber seguido la costumbre de consultarles su nombramiento. Y los conservadores no lo tomaron muy en serio por considerarlo demasiado politológico.
En fin, había tan poco ambiente para que Santa Teresa tomara posesión del cargo de priora en el Monasterio, como para que Fernando Cepeda asumiera el suyo en el Ministerio.
Cuando llegó el día señalado, las monjas no quisieron abrirle la puerta a Santa Teresa y a su comitiva. Tuvo el padre provincial que entrar "ayudado por la justicia", y detrás de él, la nueva priora. Al día siguiente, en su ceremonia de posesión, Santa Teresa no se sentó en la silla prioral, donde debía esperar a que desfilara la comunidad, rindiéndole obediencia. A cambio, colocó sobre la silla una estatua de la Virgen, a cuyos pies, sobre el suelo, ella se acurrucó, por debajo de sus súbditas. Con este acto de infinita humildad, Santa Teresa les hizo saber que la Virgen Santísima de la Clemencia sería la verdadera priora de la casa, y ella, la servidora de todas.
¡Qué contraste con la soberbia política que exhibió desde el primer día su pariente, el ministro de Gobierno! En lugar de una virgen, colocó en su propia silla prioral el esquema gobiernooposición. Y con ello dejó muy claro quién mandaría y quiénes obedecerían durante el gobierno que comenzaba.
Pero Santa Teresa se cuidó muy bien de acompañar su acto con las palabras apropiadas. En su primera plática ante las monjas, les dijo: "Hame dado mucha pena esta elección, así por haberme puesto en cosa que yo no sabré hacer, como porque a vuestras mercedes les hayan quitado la mano que tenían que hacer sus elecciones, y les hayan dado priora contra su voluntad y su gusto, y priora tal, que haría harto si acertase a aprender de la menor que aquí está lo mucho bueno que tiene".
¡Qué contraste con el tono de petulancia académica que el ministro Cepeda exhibió durante sus primeras apariciones ante el Congreso! En una oportunidad intento enseñar a los parlamentarios a sesionar con seriedad. En otra necó al partido de oposición el derecho a Interpelarlo en un debate, bajo la queja justa de que le había sido faltado verbalmente el respeto que merecía su investidura.
A Santa Teresa no le habrían faltado menos razones que al ministro para protestar contra las monjas que en un comienzo le cerraron las puertas del convento. Pero no solo las perdonó, sino que rogó su perdón para ella misma.
El ministro Cepeda, en cambio, resolvió más bien castigar a sus opositores. Y eso le mereció un veto indefinido del Partido Conservador que hace meses lo mantiene en vilo. Por cuenta de dicho veto, el ministro de la política no está pudiendo hacer política. Y da la sensación de que ello lo ha frustrado en sus demás funciones, porque tampoco descubre uno su presencia en el manejo de orden público, y se ha convertido en pretexto de conservadores y liberales para obstruir el funcionamiento parlamentario.
Los debates sobre orden público que intentaron adelantarse en el Congreso a finales del año pasado se frustraron, porque el partido Liberal decidio retirarse de ellos como una curiosa medida para evitarle al ministro el desplante de que se retiraran primero los conservadores.
Los grandes pronunciamientos en materia de orden público, los hace el consejero presidencial Carlos Ossa.
Cuando la Dirección Liberal quiere hablar de orden público, se entrevista con el ministro de Defensa y no con el de Gobierno.
A las reuniones que Barco ha sostenido con los ex presidentes de la oposición y de su propio partido, acude con el canciller.
¿Qué se fizo, entonces, el ministro de Gobierno?
Sabemos que en la misa de los 100 años de El Espectador leyó un mensaje enviado por el Presidente, lo que no habría sido malo, si el Presidente no hubiera estado sentado a su lado.
Por las últimas noticias, también sabemos que es uno de los firmantes de un decreto que acaba de crear una comisión para preparar los actos conmemorativos del centenario de Eduardo Santos.
Y presumimos que está ejerciendo las funciones de una especie de copyrighter de ciertas frases semánticamente ingeniosas, aunque políticamente infortunadas, que ha estado diciendo el Presidente por estos días, como la del "terrorismo económico reflexivo" de la oposición frente al problema cafetero; o la del "pánico irreflexivo" que el gobierno achaca al país frente ala situación de orden público; o la del "terrorismo selectivo" categoría que el propio ministro le adjudica a los brotes de violencla en Colombia, y que ha sido muy criticada por quienes piensan que es una frase sacada del panorama político sueco.
A quienes admiramos la lucidez intelectual del doctor Cepeda nos duele sentirlo desaparecido del panorama nacional. Preferiríamos verlo reaparecer en las aulas, con todo su vigor académico, haciendo en voz alta brillantes análisis históricos, en lugar de estarle cuchicheando al Presidente frasecitas en el oído.
A diferencia de Santa Teresa el doctor Cepeda manejó mal el episodio del priorato. Pero eso no significa que tenga que permanecer en el Ministerio hasta que Barco, sencillamente, lo deje caer.--
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