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Opinión

  • | 1994/08/01 00:00

    ¿QUO VADIS, SAMPER?

    Ernesto Samper sólo tiene una salida, y es mostrar con absoluta claridad que tiene una política seria, coherente y sincera de lucha contra el narcotráfico.

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EL AMBIENTE ESTA COMO PARA CORTARlo con tijeras. Hay que caminar con equipo de respiración en la boca y para ver hay que usar sistemas infrarrojos. El episodio de las narcocintas pica y se extiende, como dicen los beibolistas, y entre elucubraciones, cábalas y verdades el asunto está de verdad caliente. El pastranismo sube un punto cada día el volumen de sus acusaciones contra el presidente electo y su campaña política, el correo de las brujas está más activo que nunca con chismes sobre presuntas cintas, cintas propiamente dichas y elucubraciones sobre los autores de las grabaciones y su distribución, versiones que abarcan todo el espectro imaginable del ingenio.
La situación política está tensa. Se intuye una oposición rabiosa de Andrés Pastrana y su gente, pero también se vaticina una postura recia desde el gobierno contra el hombre que lanzó los excrementos al ventilador. Se leen comentarios de prensa según los cuales Andrés reemplazará a Alvaro Górnez en el sitio de honor de los odios liberales, y se transporta uno imaginariamente a la política nacional de los años 40 ó 50, que debía tener un tono parecido. Ya empiezan muchos conservadores a decir que, bueno, que tampoco hay que exagerar los insultos contra Andrés Pastrana, pues si bien es cierto que no comparten el mecanismo que utilizó para enlodar a Samper, también lo es que lo verdaderamente grave no es el insulto sino las cintas. Y desde el ángulo internacional, no se diga. En Estados Unidos ya nos dicen narcodemócratas con la misma naturalidad con la que nosotros los llamamos gringos a ellos, y andan por allá funcionarios colombianos (nombrados o en ejercicio) peleando como gatos patas arriba para tratar de contrarrestar la oleada de comentarios fuertes contra Colombia. Le he oído decir a varias personas mayores que no recuerdan una situación más tensa que la actual.
De todo esto lo más grave es la situación internacional. Aquí se arreglan las cargas casi solas pero allá hay que arreglarlas a pulso. Desde el punto de vista de la investigación sobre la participación de los dineros calientes en las campañas puede salir algo como puede no salir nada, entre otras razones por una muy sencilla: porque puede ser tan cierta como falsa la presunción de que las tesorerías recibieron plata de los narcos. Al que se le compruebe que recibió dinero, que lo pudran, y al que no, que no le sigan mortificando la vida. Pero internacionalmente la duda ya está planteada y el gobierno de Ernesto Samper sólo tiene una salida, y es mostrar con absoluta claridad que tiene una política seria, coherente y sincera de lucha contra el narcotráfico.
En contra de lo que se presume, no es cierto que Estados Unidos imponga políticas específicas de lucha contra el narcotráfico. Ellos suelen ser injustos en cuanto le dan más peso a la obligación de los países productores que a los consumidores de combatir las bandas de traficantes de drogas. Pero los últimos cuatro años demuestran que no hay necesariamente un rompimiento cuando la política no es la que ellos dictan. El gobierno norteamericano no estuvo de acuerdo con la política de sometimiento de los narcos, no estuvo de acuerdo con las condiciones de reclusión de Pablo Escobar; y se enfureció a más no poder cuando éste se fugó. "La única vez quia estuvieron realmente de acuerdo con nosotros fue cuando perseguimos a Escobar como a un animal", dijo un alto funcionario del gobierno.
Sin embargo, pocas veces antes se había visto tanta colaboración entre Colombia y Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, y nunca una política había tenido tanto éxito en el desmantelamiento de una banda, como ocurrió con el cartel de Medellín a partir de 1990. Está demostrado que el gobierno de Estados Unidos entiende las particularidades de cada país, aunque su postura natural sea la de presionar para que se aplique una determinada línea en ese campo. Es natural que así sea. Es por eso que para pasar por encima de esta muralla internacional de dudas sobre su actitud en esa materia, Ernesto Samper está en la obligación de hacer pública su política contra el tráfico de drogas, más allá de las vaguedades retóricas del "tenemos el compromiso indeclinable de luchar contra el narcotráfico ".
Nadie espera que la respuesta sea la de arrasar a sangre y fuego a los narcos. Esa puede ser una ilusión costosa. Pero hay que proclamar a los cuatro vientos una política seria y creíble porque hasta el momento nada de eso se ha visto. A Samper hay que hacerle la pregunta que le hacía un niño a otro con el mayor grado de seriedad, disfrazados ambos de romanos durante una presentación teatral en el colegio: "¿A dónde vas, Quo Vadis? " -
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