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Opinión

  • | 1992/08/31 00:00

    RAFAEL PARDO: LA DEFENSA

    La caída de Pardo, más que un costo internacional, habría tenido un costo nacional muchísimo más alto.

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EL MINISTRO DE DEFENSA, RAFAEL PARDO Rueda, estuvo caído la semana pasada. Y la verdad es que en un país normal, el ministro Pardo debía haberse caído. Sin embargo, una rápida gestión del Presidente de la República lo salvó, cuando la decisión en el Congreso era la de aplicarle el voto de censura. En un par de horas, la noche del miércoles, convenció a 34 senadores liberales de que Pardo debería quedarse.
¿Fue bueno o fue malo que Gaviria hubiera salvado a Pardo? Malo, si tenemos en cuenta que, por ahora, la fuga de Escobar sólo ha producido responsabilidades directas, como la de los generales y coroneles que fallaron de manera personal.
Pero hasta el momento no hay responsabilidades políticas, figura que expresamente consagra la nueva Constitución para los casos en que un ministro falla de manera grave en el manejo de un tema vital de su cartera. Y la verdad es que el Ministro de Defensa falló.
A partir de la orden del Fiscal de trasladar a Escobar se ordenó un operativo que de entrada, todos lo encargados de adelantarlo entendieron de distinta manera. Unos fueron a la cárcel a reforzar su seguridad, otros recibieron la orden de tomársela y otros pensaron que su misión era la de trasladar a Escobar de cárcel. Para unos a una guarnición militar, para otros a una prisión en Bogotá. E incluso los únicos dos, que no deberían entrar, entraron, convirtiéndose en rehenes de los presos. Pero sobre todo, este operativo sin planeación se le encargó a la IV Brigada, donde la influencia de Pablo Escobar es evidente desde años. No se contemplaron escenarios adversos. Y el castillo de naipes comenzó a derrumbarse cuando se produjo lo impensable: el desacato de la orden presidencial a clara para esa hora de tomarse la cárcel, por parte del comandante de la IV Brigada. Como resultado, 150 soldados no pudieron dominar a 15 presos.
En resumen, Pardo debería haberse caído porque lo que falló en el operativo de Escobar no fue un general o un coronel. Fue la estructura que estaba bajo su mando, en diversas etapas y modalidades. Y el era la cabeza de esa estructura.
Sin embargo existe algo peor que la posibilidad de que después de esta hecatombe militar, el Ministro de Defensa no se caiga: que se caiga. Y no precisamente por los méritos de Rafael Pardo, un hombre que con extraordinaria madurez, discreción y don de mando había logrado calar en el difícil mundo militar. Es por el país.
Ante la ya muy debilitada imágen de Colombia en el exterior, la caída de nuestro Ministro de Defensa civil no habría sido vista como el cobro de una responsabilidad política, como efectivamente lo sería, sino como la sanción a un acto de complicidad con la fuga de Escobar. Este fue el argumento con el que el Presidente convenció al Congreso. Pero yo diría que la caída de Pardo, más que un alto costo internacional, habría tenido uno nacional todavía mayor.
Pensar, como pensaron inicialmente los congresistas, que al tumbar a Pardo protegían a Gaviria, es equivocado. Independizar la suerte de un ministro de la suerte del Gobierno es imposible, por lo que más que proteger al Presidente, la caída del Ministro de Defensa lo habría hundido. Rafael Pardo se convirtió en todo este episodio en el muro de contención del descontento militar, justificado en que la función del Ejército no es legítimamente la de cuidar delincuentes, y menos aun la de asumir la responsabilidad cuando estos se fugan.
Pero sobre todo, decir que hay que cambiar a Rafael Pardo es muy fácil. Lo difícil es por quién. Este civil estuvo preparándose como asesor presidencial de dos gobiernos en temas de orden público durante más de tres años, para llegar a ser Ministro de Defensa. El Ejército lo quiere. El Presidente confía ciegamente en él. Y el país ha aprendido a respetarlo, a tal punto de que su imágen de recién nombrado, pasando revista de las tropas, con las manos inelegantemente metidas entre sus bolsillos, ya no se le anota a la hoja de su inexperiencia sino a la de su seguridad personal.
Lo que el país no sabe es que muy probablemente el Ministro de Defensa haya ya renunciado varias veces, sin que el, Presidente le haya aceptado su renuncia.
Porque si hay algo cierto es que al único que le conviene la caída de Rafael Pardo es al propio Rafael Pardo.
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