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Opinión

  • | 1987/03/09 00:00

    REVELACIONES DE UNA CHAQUETA CEBRA

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"Es necesario investigar y buscar las causas del enfrentamiento. Cuando atacan, siempre lo hacen porque son hostigadas y agredidas por el Ejército".
Aunque podría parecer que la descripción anterior corresponde a una colonia de abejas africanizadas, en realidad no es así. Las palabras son de Braulio Herrera, y las que atacan sólo cuando son hostigadas son las FARC. La declaración fue hecha con motivo de los graves hechos de violencia de Cimitarra y Mutatá, atribuídos, y hasta ahora no desmentidos, a dicho grupo guerrillero.
Pero más grave que tan extraña semejanza entre las abejas africanizadas y las FARC es el hecho de que la emboscada de los soldados en Cimitarra y la toma guerrillera de Mutatá, únicamente hubieran logrado sumir al país en la estéril discusión de si la tregua con las FARC se había roto, o si continuaba vigente.
Para bien o para mal, el estado de virginidad de la tregua dejó de ser importante hace varios meses, cuando las relaciones vigentes entre las FARC y el gobierno colombiano pasaron a una nueva etapa de tolerancia, con características capaces de resistir la emboscada de unos soldados indefensos o la toma relámpago de un municipio nacional.
Cuando cambió el gobierno, muchos pensaron que se iba a producir un cambio de estilo en cuanto al manejo del proceso de paz. Lo curioso no fue entonces que, efectivamente, este se hubiera producido, sino que las principales innovaciones provinieran de las FARC.
Los cambios que han corrido por cuenta del gobierno han sido pocos. A la multitudinaria comisión de paz existente en el pasado la reemplazó un consejero presidencial inteligente y buen mozo, que en lugar de llevar a Casa Verde a Gloria Zea, como hacía el gobierno anterior, lleva a su pequeño hijo. Y el segundo cambio importante consiste en que ya no hay una comisión de verificación sino un consejo nacional de normalización, compuesto únicamente por gente del gobierno, para que no parezca que el Presidente se retractó de su decisión inicial de que, durante su administración, el proceso de paz se manejaría desde el Palacio de Nariño.
Las FARC, en cambio, se han modernizado. Ahora Jacobo Arenas "recibe" en Casa Verde, a orillas del río Duda, enfundado en una espectacular chaqueta de rayas de cebra, y son varias las cosas en las que conceptual y políticamente le han tomado ventaja a país.
Por un lado, comprendieron que ya no importa si la tregua se rompe o no, porque lograron inaugurar una nueva etapa de relaciones con el gobierno en la que da lo mismo lo primero que lo segundo. Lo que está vigente en la actualidad es algo mucho más sofisticado. Es una "entente". La palabra, en el lenguaje de la diplomacia de guerra, constituye un término clave para designar el acercamiento pactado entre dos poderes rivales, que no se rompe, no importa cuándo sean los actos de agresión de un bando a otro hasta que las partes, sencillamente, no resuelvan que se rompió.
Las FARC saben que la "entente" en la que está comprometido el gobierno es amplia. Tan amplia, que este último está dispuesto a hacerse el de la vista gorda frente a la sustitución del Estado en sectores del territorio nacional, a cambio de escriturarse una imagen de tolerancia.
La modernización de las FARC ha consistido precisamente en eso. En dejar al país engolosinado con una discusión pasada de moda en torno a la elasticidad de la tregua. Pero sin que nadie se dé mucha cuenta, las FARC aprovechan mientras tanto la circunstancia de que en la "entente" las cosas no están obligadas a ser muy distintas de lo que serían en la guerra. Así la tregua se rompa una y mil veces, la decisión política, o sea, la esencia de la "entente", es que se mantenga la paz.
Pero quizás el punto en el que las FARC están corriendo más rápido que la liebre es en sus relaciones con la Unión Patriótica.
Desde el nacimiento de este grupo político, se insistió en que la UP y las FARC eran dos cosas completamente distintas. Pero jamás pudieron venderle la idea a la opinión pública, porque desde entonces, cada vez que los medios de comunicación marcaban el teléfono de las FARC, contestaba la UP.
Independizar ambos movimientos se convirtió en una necesidad táctica. Por un lado, porque hay que evitar que en la campaña de la elección popular de alcaldes, a la UP le cobren los "pecadillos" armados de las FARC. Y por el otro, porque convertidos en dos interlocutores distintos, pueden apostarle a avanzar políticamente el doble, y a arriesgar, en cambio, sólo la mitad.
Por eso las FARC asaltaron a Mutatá, un municipio con alcalde de la UP. Y por eso el alcalde hizo el pronunciamiento de censura más veloz que haya hecho vez alguna la UP con respecto a las FARC.
Por eso en la última visita de Ossa a Casa Verde, le anunciaron a su interlocutor oficial que deseaban cargos importantes en el gobierno, "pero para las FARC, no para la UP".
Y por eso, mientras a las FARC les pareció bien que el nuevo comité de normalización sólo tuviera gente del gobierno, la UP se apresuró a desautorizarlo, con el argumento de que era una comisión unilateral.
Así, mientras las FARC le van "corriendo la cerca" al gobierno al país va invadiéndolo la sensación, aún no consciente, de que el campo que le va quedando a la paz parece ser cada vez más pequeño.
Pero la chaqueta cebra de Jacobo Arenas debe dejarnos una lección. La de que a veces en el monte se está menos pasado de moda que en la ciudad...
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