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Opinión

  • | 2006/05/26 00:00

    Rita y Ayaan, dos mujeres de armas tomar (Por Amira Armenta)

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La semana pasada tuvo lugar en los Países Bajos un escándalo relacionado con uno de los asuntos de mayor actualidad en este país y en Europa: la inmigración y el asilo político. Unas cuantas mentiras, unas pocas lágrimas ante las cámaras, y el hecho de que una de las protagonistas fuera Ayaan Hirsi Ali, celebrity internacional, señalada por la revista Time como una de las cien figuras más influyentes en el mundo, fueron suficientes ingredientes para que el país mantuviera encendido los televisores hasta altas horas de la noche. La otra protagonista fue Rita Verdonk, la temida ministra de inmigración.

Todo había comenzado unos días antes cuando Hirsi Ali –que es de origen somalí- reveló en un programa de televisión que había mentido para obtener más fácilmente el estatus de refugiada y luego la nacionalidad holandesa. Mintió sobre su apellido, su edad, e incluso sobre el hecho de que su vida hubiera estado en peligro en su país de procedencia, una condición esencial para obtener el estatus de refugiado. Aunque de acuerdo a un informe reciente de la oficina nacional de estadísticas holandesas, es más la gente que se va que la que llega a este país con intenciones de quedarse, no obstante, los Países Bajos tienen una de las legislaciones más estrictas del mundo para controlar la inmigración. En el caso particular de los solicitantes de asilo, la mentira puede ser causa de anulación del proceso, e incluso expulsión inmediata del país.

Las protagonistas

Rita Verdonk (50) se ha convertido en adalid de esta política de mano dura, que le ha hecho ganar una imagen de dama de hierro, intransigente y cruel. Hace unos meses se produjo un incendio en las celdas del aeropuerto de Ámsterdam en donde permanecen las personas que llegan sin los papeles requeridos. Once personas murieron en el accidente, ante lo cual la señora Verdonk mostró una actitud que dejó entender que la culpa era de ellos, quién los mandaba a venir de manera irregular. Verdonk le ha negado la nacionalidad a figuras famosas como el futbolista Salomón Kalou, a pesar del pedido de naturalización que han hecho Marco van Basten y Johan Cruijff que quieren que Kalou juegue en el equipo de Holanda en el Mundial. Ha expulsado a gente que lleva años viviendo en el país, entre los cuales a homosexuales iraníes que podrían ser condenados a muerte en su país de origen. Algunos la tachan de racista y cercana a la extrema derecha.

Ayaan Hirsi Ali (37) llegó por primera vez a Holanda en 1992. En 1997, sólo cinco después, obtendría la nacionalidad holandesa. Eran otros tiempos. Algo así sería hoy, bajo el régimen Verdonk, imposible. De educación musulmana, Hirsi Ali saltó a la fama internacional hace unos años cuando renegando de la religión de su familia se refirió al profeta Mohamed como un hombre perverso, comenzando una carrera política dominada por posiciones anti-islámicas, que han contribuido en Holanda a ahondar una polarización que ha tenido consecuencias nefastas, como el asesinato del cineasta Van Gogh, buen amigo de Hirsi Ali. El hecho de que la mayor parte de la población inmigrante en los Países Bajos sea de origen islámico ha alimentado una confusión entre la xenofobia y el desprecio a la religión y cultura islámica, y muchos analistas coinciden en que Hirsi Ali con sus declaraciones ha tenido mucho que ver en esto. Eran las fechas en que el 11 de septiembre todavía cubría las páginas de los periódicos y en el mundo occidental comenzaba a extenderse el fantasma del Islam como el nuevo enemigo. No es de extrañar que una inmigrante, refugiada, de origen islámico y mujer para completar, pero además inteligente y carismática como ella, recibiera inmediatamente gran atención internacional. Desde entonces es la niña bonita de las élites en el poder. Todo el mundo la invita y quiere salir con ella en las fotos.

Estas dos mujeres aparentemente disímiles tienen no obstante varios puntos importantes en común: pertenecen al mismo partido político (el liberal) y se expresan con la misma intransigencia en los asuntos que defienden. Ambas comparten además el hecho de que inspiran emociones extremas entre el público. La gente las adora o las odia, sin término medio. De acuerdo a estadísticas recientes, un poco más del 50 por ciento de los holandeses admira a Verdonk y piensa que la política de mano dura es lo que se necesita para frenar el ingreso de inmigrantes indeseables. El resto no ve el momento de verla desaparecer de la escena política. Hirsi Ali por su parte cuenta con el desprecio de toda la comunidad islámica -los más radicales incluso la quieren asesinar y por eso vive escondida y no se mueve sin un equipo de guardaespaldas- y de todos los que prefieren un discurso de conciliación entre culturas.

La ley es la ley

Sea lo que sea, lo cierto es que la ministra insiste en que la ley es la ley y hay que aplicarla al pie de la letra. Cuando Verdonk se enteró de las mentirillas de la inmigrante más famosa del país, no tardó en anunciar que aplicaría como de costumbre la ley, anunciando que se le retiraba a Hirsi Ali su pasaporte holandés. Como es de suponer, las reacciones no se hicieron esperar. Los líderes políticos desde la izquierda hasta la derecha pasando por los verdes (con la sola excepción de la extrema derecha) expresaron enfurecidos su rechazo a la ministra. ¡Cómo se atrevía a ‘desholandizar’ a la holandesa más famosa (después de la reina Beatriz)! A los holandeses les preocupa que este asunto se interprete como el fin del espíritu de tolerancia que, según se dice, ha caracterizado al país desde hace siglos.

Pero mientras la prensa y la élite política se ha puesto masivamente del lado de Hirsi Ali, no ha sucedido lo mismo con la opinión pública, es decir con lo que se llamaría el holandés medio. Verdonk sigue siendo tan popular o más entre los que siempre la han admirado, y que encuentran perfectamente lógica su actitud inflexible. La ley no hace excepciones para nadie. Si a diario se descalifica y se expulsa a decenas de extranjeros que no cumplen los requisitos, ¿por qué habría que tener consideración con alguien por el sólo hecho de ser una celebrity? Unas semanas antes, en un caso muy sonado en el país, Verdonk había expulsado sin misericordia a una joven kosovar que vivía en Holanda desde hacía siete años y estaba a punto de graduarse de bachiller.

Un caso curioso

Todo lo cual ha creado una situación bastante curiosa: los musulmanes han resultado alegrándose de la desgracia de una inmigrante como ellos, y respaldando con esto de algún modo la decisión de una ministra que les es claramente hostil. Al mismo tiempo, la élite intelectual y política, que por lo general no dice nada a favor de los inmigrantes, ha resultado oponiéndose abiertamente a alguien de su propio entorno. De hecho ya obtuvieron que Hirsi Ali conservara la nacionalidad holandesa. Después de todo, Hirsi Ali no era una inmigrante más ni tampoco una víctima muy corriente, como suelen serlo los expulsados.

Hirsi Ali derramó unas cuantas lágrimas durante los primeros momentos del escándalo, y anunció que se iba a vivir a Estados Unidos, un país que está dispuesto a acogerla con los brazos abiertos. Lo más seguro es que le concedan en cualquier momento la ciudadanía estadounidense. Algo que llama la atención justamente ahora que EEUU está apretando también su política inmigratoria. Hirsi Ali no mencionó en cambio que en realidad ya ella estaba un poco harta de este país y su tolerancia musulmana (la poca que aún queda) y estaba planeando desde hacía tiempo su partida definitiva a Estados Unidos.

A final de cuentas el escándalo le ha servido a Hirsi Ali para aumentar su popularidad. Los holandeses que la quieren lamentan que se les vaya esta figura fascinante y controversial, que nadie sabe bien si hay que situar a la derecha dado su radicalismo anti islámico sin matices, o a la izquierda por su actitud feminista a favor de la liberación de la mujer de las ataduras de sociedades machistas como la islámica. Como dijera un periodista extranjero residente en Holanda, lástima que se vaya, ella le ponía un poco de sal y pimienta a este país por lo general desabrido. Sea lo que sea, lo cierto es que ella parece sentirse más a gusto en compañía de sectores tradicionalistas y conservadores. No por nada ha aceptado un trabajo en el American Enterprise Institute, uno de los think tank del pensamiento neo-conservador en Washington en donde trabaja gente como la esposa del vicepresidente Chenney.

A la Verdonk por su parte tampoco le ha ido del todo mal. Probablemente salga elegida próximamente como líder de su partido político, el liberal.
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