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Opinión

  • | 1994/08/01 00:00

    SAUDADE

    No creo justo que el actual presidente deje su cargo sin hacerle un reconocimiento a su personalidad, a su gobierno, a su equipo y a su legado.

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UN POCO MAS DE UN MES ESTE GOBIERno habrá terminado, para darle paso a la era Samper. Apenas han pasado cuatro años, pero en un país como Colombia han sucedido tantas cosas durante este lapso, que una década parecería poca para albergar tantos cambios, tantos altibajos, tanto beriberi, tanta violencia, tantos mártires, tantos villanos, pero al mismo tiempo, tanto futuro.
Parece como si hubieran pasado 10 años desde la elección de Gaviria, recién asesinado Galán, con un prospecto más que negro para un país a la deriva. Pero alcanzo a recordar que, sin muchos elementos de juicio, distintos de los que me arrojaron su paso por los Ministerios de Gobierno y de Hacienda, acompañados de un ocasional trato personal en mi calidad de periodista inquisidora, César Gaviria me gustó como candidato presidencial. Tenía la dosis necesaria de manzanillismo, de carrera política, de experiencia gubernamental, de malicia parlamentaria, Y de alguna manera Parecía ungido, desde la propia tumba de Galán, de "un algo" del más allá que no era de despreciar. No voté por él (lo hice por Alvaro Gómez, y lo volvería a hacer mañana), pero Gaviria logró clavar una cuña en mi espíritu electoral. Y para ser sincera, mi entusiasmo era un tanto irresponsable, porque para casi todo el país el entonces candidato era prácticamente una lotería. Elegido Presidente por la decisión de un niño en el entierro de su padre, César Gaviria se convirtió en una apuesta de menos de tres millones de colombianos, y hoy, que falta prácticamente un mes para que termine su cuatrienio, hay que reconocer que esa lotería nos la ganamos tanto los que votaron por él como los que no lo hicimos.
Este es el tipo de columnas que sólo pueden escribirse cuando los presidentes salientes no tienen nada que ofrecerles a los columnistas lambones. A Gaviria se le ha dado palo desde estas mismas páginas cuando en mi humilde parecer se lo ha merecido. Pero no creo justo que el actual Presidente deje su cargo sin hacerle un reconocimiento a su personalidad. a su gobierno, a su equipo y a su legado.
Lo primero que extrañaré del actual gobierno será al propio Gaviria. Su pragmatismo demostró, a pesar de todas las críticas que le movieron y de todos los críticos que se mantienen intactos, que era una fórmula salvadora para un país raro como Colombia. Su frialdad le permitió manejar momentos apretados. transando cuando debía, recogiendo cuando no. Su vocación por el tema económico lo llevó a colocar al país por la senda apropiada. El puede negarlo pero lo vi llorar de rabia y de desconcierto cuando se fugó Escobar de la cárcel, lo que también me reveló que este hombre helado tenía un corazón caliente. Se rodeó bien, salvo en lo que a su pragmatismo respecta, lo que significa que gran parte de su equipo fue excelente, y el resto, estrictamente necesario. Nunca lo sorprendieron los problemas fuera de base. Puso la cara cuando se requería, en momentos de gran impopularidad, y me temo que un problemón como el del "narcocasete" jamás habría tomado las dimensiones que tomó en manos de un hombre de su agudeza política. Una encuesta de Napoleón Franco revela que Gaviria se va del gobierno con cerca de un 60 por ciento de aceptación popular. Irónicamente un ex presidente, con un récord semejante, podría ser candidato a reelección, pero fue el propio Gaviria, a través de la reforma constitucional que promovió, el que cerró una puerta que el país, muy seguramente, habría querido volver a abrirle en un futuro no muy lejano.
Además de Gaviria, extrañaré al ministro Rudolf Hommes. Me producía gran seguridad su manejo económico. Su personalidad desabrochada. Su falta de miedo a nada. Su calor humano. Su mezcla de candidez y de maldad. Extrañaré al ministro Rafael Pardo. Recuperó para el Ejército una Imagen que parecía irrecuperable. Extrañaré los cariñosos regaños del Ministro de Gobierno, su discreción, su permanente disponibilidad para poner la cara en la televisión cada vez que el país necesitó una explicación. Extrañaré, y cómo, la amistad, la inteligencia y la capacidad de análisis de los asesores presidenciales Miguel Silva y Ricardo Avila: ahí hay equipo del bueno para futuros gobiernos. Extrañaré la cara amable y el "ángel" de Noemí Sanín, y el espíritu arrollador, a nivel interplanetario, de Juan Manuel Santos, ministro de Comercio Exterior, aunque a ambos los veremos presentes de alguna manera en la contienda presidencial de 1998.
Sí. Extrañaré el gobierno de Gaviria. Vienen otras épocas, soplan otros vientos, y llegan otras estaciones. Pero al César lo que es del César. -
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