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Opinión

  • | 2007/06/02 00:00

    Se gana con sello y se gana con cara

    Probada la generosidad del gobierno, queda en evidencia la estrategia de manipulación de los secuestrados por las farc

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Ya no hay duda de lo que busca el gobierno con la excarcelación de los guerrilleros de las Farc. El primero de los objetivos es abrir la puerta para que a la decisión de excarcelar a algunos de sus miembros, el grupo guerrillero responda con un gesto similar por el que se ponga en libertad a todos o algunos de los rehenes en su poder.

Es altamente improbable que eso ocurra. Las Farc han calificado la acción gubernamental como una "farsa" y una "cortina de humo". Las razones de la molestia están ligadas a las condiciones del gobierno: los guerrilleros que quieran su libertad deben comprometerse a su desmovilización. Eso exige manifestar su voluntad expresa de abandonar el grupo armado, no reincidir en actividades criminales e ingresar al programa de reinserción de la Presidencia. A las Farc no les conviene ni lo uno ni lo otro. Necesitan cuadros y militantes, no ex guerrilleros reinsertados a la vida civil. Peor aun, como resultado del pulso que se está dando en el interior del sistema penitenciario entre el gobierno, convenciéndolos de la bondad de su iniciativa, y las Farc, atacándola, los desmovilizados del frente carcelario se convertirán, de hecho, en enemigos de la banda y en colaboradores del Estado. Ya hay información sobre una división en las prisiones entre los miembros de las Farc que quieren acogerse a la desmovilización y quienes se oponen. Si el mensaje de que el grupo guerrillero se niega a la liberación de sus miembros encarcelados trasciende en los frentes de combate, se producirá una desmoralización de sus unidades. De contera, la excarcelación demuestra que la zona de despeje es inútil para el "intercambio" y sólo responde a intereses militares de la banda.

El objetivo subsidiario es obtener un cambio estratégico en la posición de Europa, y en particular de Francia, sobre el "intercambio" y la actitud de la administración Uribe. Allende el océano, las Farc han encontrado cierta simpatía, y el gobierno, aunque no sea el responsable de los secuestros, se ha visto sistemáticamente presionado al intercambio. La excarcelación debería cambiar la ecuación. Probadas la disposición y la generosidad gubernamental, queda en evidencia la estrategia de manipulación de los secuestrados por las Farc y su inexistente intención humanitaria. Tras el gesto de Uribe, Francia debería ser la cabeza de una gestión diplomática internacional para liberar de presión al gobierno y, ahora sí, ponerla en el grupo guerrillero. Con la excarcelación de los guerrilleros se devuelve contra las Farc, como un bumerang, el único tema en cual hoy tienen espacio de interlocución política.

Perdidas las ventajas que querían obtener del "intercambio", el costo de retener a los secuestrados sería cada día más grande para las Farc. Como resultado, podrían verse obligadas a liberar a los rehenes.

Así, con la audacia de la excarcelación sin contraprestaciones pactadas, el gobierno gana tanto en el escenario de que las Farc entreguen a algunos de los secuestrados en respuesta, como en el que no lo hagan. Y la ganancia sería mucho mayor si se obtiene que 'Rodrigo Granda' entre al proceso como encargado de hacer nuevas gestiones para buscar el intercambio. Se aprovecharían los contactos internacionales del ex 'canciller' de las Farc y se obtendría un efecto simbólico, en la medida en que es el guerrillero preso de más reconocimiento.

El riesgo está en los mecanismos que aseguren que los excarcelados no vuelvan al crimen. Si esos mecanismos no son eficientes, aumentará la delincuencia, se fortalecerán las Farc y se vendría al piso el discurso tradicional de Uribe de no tomar medidas que alienten la violencia. Por eso es fundamental afinar sin demora el papel que tendrán la Iglesia y los distintos organismos internacionales que entran al juego.

 

Puntilla: la moción de censura contra Juan Manuel Santos no es resultado de su gestión, sino de la confluencia de un conjunto de enemistades personales y juegos por las candidaturas presidenciales para 2010. De triunfar la moción, el presidente Uribe y la coalición recibirán un golpe contundente. De paso, entregaremos en bandeja a Venezuela la cabeza del Ministro de Defensa. Y se sufrirá una herida seria en la articulación de la política de seguridad democrática. Esperemos que los intereses del Estado estén por encima de las mezquindades de la coyuntura.
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