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Opinión

  • | 1995/03/20 00:00

    SE NOS DAÑO EL BARRIO

    Poco a poco los colombianos estamos pasando a ser los ricos de la cuadra, lo cual puede hablar bien de nosotros pero mal del vecindario

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QUIEN LO CREYERA. HACE APENAS un par de años, y después de mucho tiempo, el vecindario colombiano era -por decirlo de alguna manera- un sitio bastante aseado. Dentro de lo que se puede, claro está.
Venezuela, el hermano país, había sido durante 30 años el rico de mostrar. Con una economía irrigada de petróleo hasta en los comportamientos más íntimos de los ciudadanos, los venezolanos se ufanaban de haber enriquecido hasta a los pobres, y el nivel de vida y el ritmo de consumo en todas las esferas era fiel testimonio de esa realidad. Esa economía boyante era el orgullo de los venezolanos y la envidia nuestra, para qué negarlo.
Inclusive en los campos político y cultural, en los que nuestra prepotencia miraba a los vecinos como lobos cerreros, Venezuela nos pasó, y lejos. Y nadie supuso (casi nadie, para ser justos), que eso fuera a cambiar. Pero cambió.
Hoy en día Venezuela vive en un verdadero infierno político, económico y social, tras una transformación vertiginosa en apenas unos años. Y la integración económica, que a mediados del gobierno pasado se veía como la panacea, se convirtió en un drama para nuestros exportadores. El hecho de que nuestras exportaciones hayan bajado de 700 a 300 millones de dólares de 1993 a 1994 es un reflejo de lo que puede suceder, todo eso sin contar que ya hay serios problemas para recibir el pago por los intercambios realizados en el pasado.
Ecuador fue un espejismo similar. Los acuerdos de libre comercio con ese país arrancaron con tales bríos que en pocos meses se multiplicaron las cifras de comercio como nadie lo hubiera soñado unos años antes. Los productos colombianos fluyeron -y fluyen todavía- generosamente, y a vuelta de correo entran sólidos chorros de dinero a las arcas de los empresarios colombianos.
De buenas a primeras el Ecuador y el Perú (éste último en la mira colombiana como el siguiente mercado en la lista) se agarraron a plomo en una confrontación estúpida y de pronóstico incierto. En un par de semanas cada uno de esos países ha gastado en la guerra una cifra cercana a los 1.000 millones de dólares, lo cual permite suponer que, de seguir como van, ambas economías devaluarán sus monedas, con las consiguientes secuelas para la de Colombia.
El caso de México es dramático. Nuestro país se echó en brazos de la teoría del Grupo de los tres, contra la cual nadie se atrevía a apostar, y por estar mirando el deterioro de Venezuela no nos dimos cuenta de la caída en picada de México. Ayer envidiábamos a los aztecas y hoy nos ufanamos de ser uno de los pocos países que no ha sido arrollado por el Efecto Tequila.
La propia Cuba, sólida y próspera bajo el manto del socialismo soviético, quedó a la intemperie tras la caída del comunismo, y a pesar de que nuestros lazos con ese país se han fortalecido en lo diplomático, en lo económico son hilachas que, por el momento, funcionan más de aquí para allá que en el sentido contrario.
Lamentablemente se nos ha ido dañando el barrio, y poco a poco estamos pasando a ser los ricos de la cuadra, lo cual puede hablar muy bien de nosotros pero muy mal del vecindario en que vivimos. Y vivir en un mal barrio es lo mismo o peor que ser el malo de un barrio bueno.
Lo único que nos queda a la mano, económicamente hablando, es nuestro intercambio comercial con Estados Unidos. Pero, para colmo de males, estamos en la mira de los vampiros del embajador Lleras de la Fuente, que están a punto de descertificar a Colombia o de pasarla al humillante régimen de la matrícula condicional. Como quien dice: 'el rancho ardiendo y la mujer pariendo'.
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