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Opinión

  • | 1990/07/02 00:00

    SE VA,SE VA UN GABINETE

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Despues de cincuenta y un cambios que se produjeron en el gabinete ministerial durante estos cuatro años, el Presidente Barco logro la bobadita de que ser ministro dejara de ser muy importante en Colombia. Y el preámbulo de designar a los ministros, que bajo presidentes anteriores radicaba en el suspenso de quién sería la persona escogida, se cambio en éste gobierno por la de quién sería el escogido que aceptara.
Veamos, a vuelo de pájaro, como le fue a la última versión del gabinete.

GOBIERNO: el sexto de seis que pasaron por esta cartera, debo confesar que Horacio Serpa me ha sorprendido favorablemente. Como Procurador me parece que no pasó de ser un líder estudiantil entusiasmado. Como Ministro de Gobierno me ha parecido repetable, digno y valeroso, y lo suficientemente político como para haber logrado sacar al Presidente del berenjenal en que lo dejo metido el episodio Lemos en medio de la peor etapa del país. Serpa pasa.

OBRAS: Segunda de dos que han pasado por esta cartera, doña Priscila Ceballos no pasó de ser una mujer atractiva en un ministerio poco conflictivo. Habría sido una mejor vice ministra. Priscila se raja.

SALUD: Eduardo Días Uribe tuvo la ventaja de ser el cuarto ministro después de tres antecesores inexistentes: unos tales Esmeral, Granada y Arraut. Su principal mérito consiste en haber desbaratado el mito del ministro de salud no médico, y como economista cumplió. Díaz pasa.

MINAS: Tercera ministra de su cartera, a Margarita Mena de Quevedo la favoreció el efecto contraste, en el sentido de que nadie creía que fuera capaz, y más bien sí lo fue. Su conocimiento acerca del tema de su cartera resultó superior a su bajo perfil. Margarita pasa.

AGRICULTURA: Tercer ministro en ocupar su cartera, no hay duda de que Gabriel Rosas es una de las más interesantes figuras del gabinete, más respetables y con mejor imagen. Para algunos de sus críticos, sin embargo, el ministro de agricultura deja tras de sí una pregunta sin responder: ¿Y del arroz, qué? Rosas pasa.

DESARROLLO: Cuarta ministra de esta cartera después de Carlos Arturo Marulanda, el principal mérito de doña María Mercedes Cuéllar fue haber sucedido a su antecesor. Ha demostrado, eso sí, tener el poder de sacar adelante todo lo que se propone, aunque cuando lo logra no brilla. Trascenderá éste gobierno como la madre de la apertura económica. Ademas, ha corrido con la suerte a diferencia de otros ministros, de que el presidente Barco sabe como se llama, la saluda y la lleva a Europa. María Mercedes pasa.

JUSTICIA: Aunque desgraciadamente cuando se és el décimo ministro de una cartera en el término de cuatro años se corre el riesgo de convertirse en una estadística, a Roberto Salazar Manrique hay que reconocerle dos méritos: haber aceptado el ministerio de Justicia, y no haberse caído. A pesar de que muchos le crítican su bajo perfil,lo salvó con creces una frase que pronunció en el congreso, digna de figurar en los anales de las futuras generaciones: " Me tiembla la voz, pero no el espíritu". El ministro de Justicia pasa.

RELACIONES: Se le apunta: fue el único ministro en ocupar ésta cartera. Las impresiones sobre su gestión dividen a la gente en dos bandos: el de los que piensan que es un excelente limitólogo con especialidad en saber donde quedan los sitios, y el de los que creen que, por el contrario, habilísimamente descongeló el diferendo con Venezuela, puso a los EEUU en su sitio y es poseedor de la virtud del excelente subalterno, que le deja los triunfos a su jefe pero asume en cambio las derrotas. Personalmente creo que aunque sabe todo lo que hay que saber de fronteras y de diplomacia, le falta categoría de hombre de Estado. Londoño pasa.

TRABAJO: La quinta ministra de su cartera, doña María Teresa de Saade tiene un argumento categórico a su haber: no hubo durante su gestión graves conflictos laborales. Pero distinto de esta gestión, digamos que de policía, echo de menos en su ministerio un concepto claro sobre política de empleo. Doña María Teresa pasa.

EDUCACION: El tercero de su cartera, Francisco Becerra, aunque se va sin haber solucionado el problema del fútbol, dejó la sensación de haber maniobrado en este campo con astucia, y con la valentía necesaria para suspender el campeonato de fútbol, que tranquilizó a la opinión pública. Y aunque se va y tampoco pudo resolver el problema da los maestros, los manejó con dignidad, haciéndose respetar. Becerra pasa.

COMUNICACIONES: Quinto en pasar por éste ministerio, Enrique Daníes conquistó rapidamente con su temperamento chévere de guajiro culto que habla inglés y francés. Pero así de rápido desilucionó, cuando se dejó quitar su vice-ministra, una funcionaria estrella, por que le caía gorda al nieto de Alberto Lleras, y cuando luego lo obligaron a nombrar un vice-ministro que él mismo había sacado. Me asalta el temor de que el ministro Daníes sea de aquellos manejados por Germán Montoya, que no saben cuando los nombran ni cuando los renuncian. El ministro Danies se va rajando.

DEFENSA: El tercero de su cartera, el Ministro Oscar Botero sí que ha defraudado a la opinión. Parece que desde el primer día hubiera estado quemando tiempo, con un perfil apagado que ni fú ni fá. Sus opiniones tienen la característica de que no tranquilizan a la opinión. Algo debe significar el hecho de que por encima de su dignidad, el país venga discutiendo insistentemente si será o no mejor que el próximo ministro de Defensa sea un civil.

HACIENDA: A la cabeza del segundo ministerio mas estable de éste gobierno, Luis Fernando Alarcón podría clasificarse como el ministro estrella del gabinete. Llegó a donde esta como llegan los ministros en México y la URRS: escalando todos los puestos. No solo domina el tema económico sino que ademas demostró ser excelente político, condición que invirtió en el acertado manejo parlamentario con el que le negoció al congreso todo lo que quiso. Alarcón se mostró como un ministro moderno, con mentalidad abierta, y quizás el típico que habría escogido Gaviria para ejercer el mismo cargo.
Su política económica fue estable y coherente, y aunque ha comenzado a criticársele el índice de inflación que quedará al final de su mandato, yo me atrevería a hacerles a tales críticos una pregunta: ¿ si con Alarcón la inflación será alta, cómo habría sido sin Alarcón?
Tan solo lo rajaría por antipático, pero aquí lo que se está evaluando es el perfil profesional. Alarcón pasa con medalla.
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