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Opinión

  • | 2004/09/12 00:00

    Secretos

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Mientras Colombia decide si su futuro está en el TLC o en achicar el déficit fiscal, no sobra echar una mirada a los países serios para ver cómo lo hicieron. La cosa, después de todo, está hoy bastante más clara de lo que antes parecía.

El desarrollo consiste en usar el saber para ser más productivos, en que la sociedad aplique más y más tecnología. Esto no significa que el obrero sea un genio, sino que su oficio esté bien diseñado. El país se organiza para crear saber, aplicar el saber y adaptarse a los cambios de saber. Por eso la investigación científica y tecnológica, la educación para el trabajo y la constante adaptación o 'ingeniería' social son la primera clave del desarrollo.

Y al revés. El subdesarrollo consiste en que abunda el trabajo improductivo, en que la gente se desperdicia porque está organizada para cosas distintas del saber (para mantener la tradición, para explotar al de abajo, para gloria de Dios...). Aquí entonces la ciencia es marginal, la educación es retórica y no hay ingeniería sino inercia social.

Apropiación de saber es lo que explica los cambios económicos de gran calado: la adopción de la agricultura hace miles de años, la fábrica como modo de producción en el siglo XIX, la informática, la genética y demás 'industrias de inteligencia' en este siglo XXI. La apropiación del saber también explica los auges económicos recientes: el de Japón en los años 70, el de los tigres asiáticos en los 80, el de USA y su 'Nueva Economía' en los 90, o el de hoy en la China y en la India.

Para que el desarrollo se sostenga, sin embargo, es necesario aprovechar el potencial de todos. Por eso los países exitosos incorporaron toda su población al ciclo productivo. Esta simpleza implica nutrición, salud, educación y, en especial, motivación para las clases populares.

O sea que, contra lo que escribe tanto yuppie, la equidad es una condición y no un estorbo para que pueda crecer la economía. Hay sí dos modos de incluir a los sectores populares: la seguridad social universal o la igualdad de oportunidades:

-Europa occidental creció a partir y no a pesar del 'Estado benefactor' que construyó después de la Segunda Guerra. El milagro escandinavo se debió a la decisión de no dejar atrás a ningún ciudadano. En Japón o Corea no es el Estado sino la corporación la que garantiza el bienestar duradero de los suyos.

-Estados Unidos, al contrario, es un país muy desigual, con pobreza extendida y sin seguridad social universal. Pero tiene el sistema más abierto al ascenso económico y social de los de abajo. Es en efecto el land of opportunity, donde toda persona cuenta con los medios para cultivar y explotar sus talentos. Esta igualdad real de oportunidades mantiene el acicate de la competencia e incluso hace que este país aventaje a Europa y Japón, donde el Estado benefactor es una causa de arteriosclerosis.

Lo cual nos trae al tercer secreto de los países serios: un sector privado fuerte, diverso, independiente. Contra lo que siguen diciendo los mamertos, el monopolio estatal y la planificación central no empujan sino que abortan el crecimiento. El mercado es el motor del desarrollo, y lo es por una razón elemental: porque, igual que en biología, sobreviven los más aptos, las empresas y productos mejores o más baratos.

La clave es que compitan muchos, de suerte que 'el más apto' sea excelente de veras. Por eso el capitalismo de compinches, donde el gobierno reparte licitaciones entre un grupito de amigos, termina siempre en fracasos, como cada rato pasa en Asia o en América Latina.

Pero el mercado no funciona en el vacío, sino que necesita del Estado como garante de sus instituciones: el derecho de propiedad, el contrato de trabajo, el crédito bancario... El Estado además debe velar por la competencia, asegurar la equidad y proveer los bienes que no provee el mercado (policía, carreteras...).

Así que los países serios no han 'desmontado' al Estado. ¿O usted cree que son pocos los poderes del Estado sueco, el japonés, el inglés o, si a eso vamos, del norteamericano?

La ruta es conocimiento, inclusión social, competencia y Estado fuerte. Si avanzáramos en esa dirección, algún día llegaríamos. Pero a nosotros lo urgente no nos deja hacer, o siquiera pensar, en lo importante.
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