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Opinión

  • | 1993/12/06 00:00

    Seguro?

    Si el proyecto de ley de seguridad social sigue como va,es mejor servicio hundirlo que aprobarlo.

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EL PROYECTO DE LEY DE SEGURIDAD social que se está tramitando en el Congreso está a punto de convertirse en uno de esos casos típicos en los que el país se queda con el pecado y sin el género.
Hace un par de años se dispararon todas las alarmas enTre quienes algo tenían que ver con el sistema de pensiones.
En dos palabras, lo que estaba ocurriendo era que la bol
sa en la que se metían las cotizaciones para garantizarlas pensiones de los trabajadores no alanzaban ni de lejos para pagarlas,y la situacion se había prolongado tanto que el sistema estaba a punto de explotar. Al mejor estilo colombiano,la alarma sono tarde, pero, por fortuna, no demasiado tarde
Se creó entonces una comisión que investigo modalides rescate y propuso como formula la privatización del sistema de pensiones a la manera en Chile. Y arrancó el debate público. Varios meses después, las conclusiones de las investigaciones gubernamentales desembocaron en el proyecto de ley de seguridad social que se llevó a estudio del Congreso. En
tesis Ios objetivos del proyecto eran corregir el desequilibrio financiero del sistema de pensiones y hacerle frente al caos resultante de la cantidad de entidades de previsión que funcionabab (y funcionan) sin las reservas suficientes y con regímenes distintos, aumentar la cobertura en materia de prestaciones y de salud; fomentar el ahorro nacional y la inversion de capitales, dándoles a los trabajadores un alto grado de participación en el capital productivo del país, y acabar con el monopolio del ISS en estas materias, a cuya
existencia se le atribuyen buena parte de los
males de este males de ese sistema. El esquema que se propuso como solución fue el de permitir el ingreso de entidades privadas para competir con el seguro en el manejo de los aportes de los trabajadores y en la oferta de nuevos sistemas de pago de pensiones.
My poca gente ha estado en desacuerdo con el diagnóstico, y ha habido muchos y muy fuertes debates sobre cuál puede ser la mejor forma de solucionar el problema.
Pero el resultado real de este proceso es que a su paso por el Congreso se le han colgado tal cantidad de accesorios al proyecto de ley, que va a salir de ahí más engallado que un bus intermunicipal,pero posiblemente lo que va a hacer es agravar el problema en lugar de solucionarlo.
La actitud que subyace en buena· parte de las arandelas nuevas del proyecto de ley es la de que importa si hay logica financiera en la estructura que se está diseñando, porque el Estado siempre aparece para meterse la mano al bolsillo en caso de quiebra. El texto se está llenando de preferencias para

determinados sectore laborales, como los subsidios pensionales exagerados para los trabajadores con mayores ingresos, y de obstáculos para que los fondos privados no compitan en plan de igualdad con el ISS.
La fórmula de la competencia fue justamente lo que se ofreció como remedio contra el caos y para evitar la quiebra inminente del régimen de pensiones. En un sistema como ese, que funciona sobre la base de la relación entre aportes y rendimientos, cerrarle la puerta a la competencia privada perjudica, justamente, a quien se busca beneficiar: los trabajadores. Lo democrático y lo moderno es que el ciudadano tenga derecho a decidir, libremete, que le entrega su plata a quien le ofrezca
anejarla mejor. Pero incentivar al sector estatal para perjudicar al privado va a terminar fatalmente en un monopolio ineficiente, que fue lo que llevó a la crisis y, por lo tanto, a la reforma.
Aun hay tiempo de salvar la ley. El proyecto está en la Cámara y existen los mecanismos y el tiempo suficientes para corregirle los defectos, si eso es lo que se quiere. El Gobierno, los ponentes, los candidatos y los partidos ya se dieron la pela en un debate costoso y políticamente desgastador. Pasado ese trance, mucho mejor sería lo obvio y que el resultado fuera bueno en lugar de malo. Pero si hay tiempo para salvar el proyecto también lo hay para hundirlo. Lo único que no se justifica es dejarlo como va, porque hasta el momento la cura está resultando mucho peor que la enfermedad.
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