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Opinión

  • | 1996/09/30 00:00

    SIN HOJA DE PARRA

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Sin hoja de parra Por Plinio Apuleyo Mendoza En qué momento una mujer se deja llevar a la mala vida? Las señoras lo saben. Cuando pierde la vergüenza. Cuando pasa de los deslices furtivos al escándalo público, y ya no le importa el qué dirán. Algo semejante le está ocurriendo a los barones de nuestra clase política. Enjuiciados sin piedad, señalados en las encuestas como causa de nuestros males (muy por encima de la gue- rrilla y el narcotráfico), la opinión pública los tiene ya sin cuidado. Al producirse en la Cámara el fallo que daba por precluidos los cargos contra el presidente Samper, perdieron la hoja de parra que cubría sus últimos pudores. Aquel debió ser para ellos un momento crucial. De un lado, tenían a todo al establecimiento dirigente del país, incluyendo a la prensa y a los gremios económicos, dándole un valor concluyente a las pruebas e indicios suministrados por la Fiscalía. Del otro, al gobierno ofreciéndoles todos los recursos que tenía a su alcance para obtener su apoyo. Comerciantes del voto, los barones entendieron con todo realismo que su poder se deriva de las cuotas en la administración pública, del dinero, de los auxilios disfrazados y de sus electores cautivos, y no de esa franja libre de opinión que sólo aporta críticas a sus manejos. De esta última, pues, se divorciaron de modo definitivo, al tomar la decisión que mejor correspondía a sus intereses. Ahora, libres de todo reato, han decidido echarse por la calle del medio y poner en marcha una aplanadora legislativa. Tienen a su favor el apoyo del gobierno, una contrarreforma electoral a la medida de sus conveniencias y un candidato en perspectiva, el ministro Serpa Uribe, con las verbosas aptitudes de un encantador de serpientes. Ya todos sabemos que la revancha de la clase política es triple: contra la Constitución de 1991 y los espacios abiertos por ella a la libre opinión; contra el fiscal Valdivieso, que les quita el sueño, y contra los medios de comunicación, y en especial los noticieros televisivos, cuya libertad crítica detestan. Semejantes represalias harán definitiva la fractura entre el Congreso y la Nación. Cínica insolencia, la investigación al Fiscal _el personaje más popular dentro y fuera del país_ a cargo de la cuestionadísima Comisión de Acusaciones de la Cámara, no le dejará dudas al mundo de que somos ya, irremediablemente, una narcodemocracia, en la cual los investigadores honestos pueden ser juzgados por quienes merecen de sobra ser investigados. La aparición, dentro del Congreso, de un Frente Unido de Oposición, reviste, por estas razones, una significativa importancia. Si realmente se logra constituir una fuerza de 40 ó 50 parlamentarios, ésta sería el salvavidas de una institución condenada hoy por hoy al más total descrédito. Además, la integración del sector limpio del Congreso con los representantes de una sociedad civil que hoy carece de instrumentos políticos, daría al fin coherencia al actual panorama nacional. Los elementos de esa coherencia están dados: tenemos, mucho más claramente delineados que en la época de Gaitán, un país nacional enfrentado al país político. Ambos miden hoy su fuerza. Y ninguno de los dos, por cierto, debe ser subestimado. El clientelismo tiene de su lado el poder ejecutivo y el legislativo, que no son poca cosa; tiene el narcotráfico que obtiene de los barones la garantía de la no extradición; tiene, en fin, su propia maquinaria y un discurso populista para vestirse de colores atrayentes. Todo eso confiere opciones. De su lado, el país nacional capta el voto ajeno a la maquinaria, que es hoy el más numeroso. Lo dicen las encuestas. Cuatro de los precandidatos -Noemí Sanin, De la Calle, Lleras y Santos- nunca han sido congresistas, diputados o concejales. Desde ese punto de vista, ostentan cierta aureola de virginidad política. También libres de contaminación, Valdivieso y Pastrana aportan, contra el caciquismo tradicional, un considerable caudal de simpatizantes.. Muchos caciques y pocos indios, dice con euforia D'Artagnan. ¿Está seguro? Si cogiera un lápiz y sumara los indios, se daría cuenta de que su triunfalismo no toma en cuenta la aritmética. Sus amigos -del gobierno y del Congreso- sí: por eso, soltándose el moño como las muchachas que mencionábamos al comienzo de esta página, deciden ahora cambiar las reglas de juego, unir el calendario electoral, establecer la afiliación obligatoria a un solo partido y la circunscripción departamental para elegir senadores, quebrar la autonomía del Banco de la República, darle tiránicos poderes al gobierno en el manejo presupuestal y de ñapa amordazar a la Fiscalía, sólo para que sean los verdaderos caciques, los viejos y corruptos caciques del Congreso, y no los colombianos libres de clientelismo los que dicten sobre este infortunado país su voluntad.
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