opinión

Nicole Levy. Columna Semana
Nicole Levy. Periodista. Bogotá, marzo 1 de 2022. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana. - Foto: JUAN CARLOS SIERRA

Sinfín de crímenes

Si nos ponemos a pensar, día a día se están llevando a cabo a nivel mundial asesinatos a causa de venganza, de diferencias políticas, culturales y religiosas.


Por: Nicole Levy

El pasado jueves en la madrugada, en Tegucigalpa, fueron asesinados a sangre fría cuatro hombres identificados como Said Lobo Bonilla, quien era hijo del expresidente Porfirio Lobo; Luis Zelaya, quien era sobrino del exgeneral Romeo Vásquez; Salomón Velásquez, y Norlan Enrique Rodríguez. El brutal asesinato ocurrió cuando los jóvenes salían de una discoteca en sus camionetas y fueron obligados a detenerse en un supuesto retén de policías. Una vez afuera del vehículo, fueron asesinados a tiros por la espalda sin piedad alguna.

Tras investigaciones durante el fin de semana, la policía hondureña pudo probar la participación en el asesinato de once personas, de las cuales seis ya fueron capturadas. También pudieron probar que dicho crimen fue perpetrado por la MS13 (más conocida como la Mara Salvatrucha). Algunos detalles sugieren que el atentado iba dirigido al hijo del expresidente Lobo.

¿Posible crimen de venganza? Cabe recordar que Porfirio Lobo fue presidente de Honduras del 2010 al 2014 y que ocupó su cargo solo un año después del golpe de estado del 2009 en ese país. Su esposa, Rosita Bonilla, está en la cárcel por los delitos de fraude y apropiación indebida de fondos públicos. Otro de sus hijos, Fabio Lobo, está preso en Estados Unidos por narcotráfico. Ya se sabe que posiblemente venían por el hijo del expresidente, la pregunta es, ¿por qué?

¿Será que muchos no quedaron contentos con su gobierno?, ¿será que tiene que ver con los delitos por los que están acusados su hijo y su esposa?, ¿tendrá que ver con tomar el poder tras el golpe de estado del 2009? Sea cual sea la razón, es un crimen atroz que, como cualquier otro, no debió haber sucedido.

En Colombia no hay que irse hasta la época de los ochenta y noventa, cuando se llevaban a cabo atentados a diestra y siniestra, orquestados por los carteles de la época, inclusive en otros países: por ejemplo, contra el ministro de Justicia Enrique Parejo en Budapest. Hoy en día está sucediendo lo mismo. Un claro ejemplo es el caso del fiscal paraguayo, Marcelo Pecci, quien dirigía uno de los mayores operativos antimafia en Paraguay, asesinado en las playas de Barú. En Japón, el ex primer ministro Shinzo Abe fue asesinado en pleno discurso por su cercanía con la Iglesia de la Unificación. En Brasil, hace pocos días, un policía federal, simpatizante del actual presidente, Jair Bolsonaro, asesinó a Marcelo Arruda, dirigente del Partido de los Trabajadores y militante del expresidente Lula da Silva.

Si nos ponemos a pensar, día a día se están llevando a cabo a nivel mundial asesinatos a causa de venganza, de diferencias políticas, culturales y religiosas. Produce tristeza extrema a lo que ha llegado el ser humano, a un punto en que no puede respetar las diferencias y todo lo quiere arreglar a tiros. Como sociedad, no podemos seguir permitiendo que personas inocentes o no inocentes sean asesinadas día a día por aquellos que se creen dueños de la inocencia de cada uno. Los hombres no son los dueños de la verdad; para eso, las cortes, los jueces y la justicia divina.

Como dijo Mahatma Gandhi: “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”. No sigamos permitiendo tanta maldad.