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Opinión

  • | 2018/05/15 19:33

    El gobierno Santos de rodillas ante Trump

    El conflicto con la Andi por los aranceles al acero y aluminio evidencia el fracaso del TLC con Estados Unidos y que, en su agonía, el gobierno piensa más en el ingreso a la Ocde y en sus líos con la Casa Blanca, que en los intereses del país.

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Este mes de mayo, cuando llegamos al sexto aniversario de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), Bruce Mac Master, denunció que al incluirnos en la imposición de aranceles al acero y al aluminio -otra agresiva medida de Donald Trump contra varios países que causa estupor y rechazo en el mundo-, nuestro principal socio comercial está incumpliendo el tratado.

Con la actitud enérgica y altiva que corresponde a la defensa de un tema vital para el país, Mac Master afirma que es inadmisible que Estados Unidos castigue nuestras exportaciones de acero y aluminio, que apenas representan 0,12 % de lo que ese país importa, cuando Colombia ha cumplido rigurosamente sus obligaciones en el TLC y es uno de los principales aliados estratégicos de Estados Unidos en la región.

Es tragicómico, pero la única opción que tenemos para impedir que eso suceda es lograr, antes de la primera semana de junio, cuando Trump confirmará las sanciones y las exenciones, que el complejo presidente de Estados Unidos sepa y acepte que nuestra industria metalmecánica no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.

El tema mayor es que el TLC con Estados Unidos ha sido un fracaso monumental. Colombia y EE. UU tuvieron un intercambio comercial de USD 23.000 millones en 2017. Ese resultado y el balance de los seis años de actividad -con una caída de 50 % en nuestras exportaciones-, evidencian las limitaciones, inequidades, miserias e improvisaciones que caracterizan la promiscuidad comercial en la que nos embarcaron los últimos gobiernos: 16 tratados de libre comercio, la mayoría con grandes potencias, que nos superan abrumadoramente en productividad y competitividad, cuando ni siquiera tenemos política industrial, política agrícola, oferta de exportación, ni condiciones para desarrollar los tratados.

Causa tristeza e indignación que después de 6 años de TLC, 82 % de nuestro comercio con Estados Unidos siga concentrado en combustibles, piedras y metales preciosos, flores y café. Sin las exportaciones mineras, lo que queda del tratado es un déficit monumental que debería causar vergüenza a los gobiernos y grandes preocupaciones a los empresarios.

Pero sorprende e indigna mucho más la actitud sumisa y genuflexa del gobierno en la respuesta al manotazo de Trump. En la agonía de su mandato este conflicto es más que una papa caliente para Santos, que ha invertido tanto dinero y soberanía en busca de que Estados Unidos apuntale el ingreso del país a la Ocde y que tiene otro conflicto en marcha con la Casa Blanca por su descabellado viraje en la política antidrogas. Eso explica que en las últimas semanas haya cedido a la agresiva presión de los laboratorios farmacéuticos y les haya entregado un decreto a la medida de sus intereses, que demerita y adelgaza los avances del Ministro Alejandro Gaviria para enfrentar los abusos y saqueos de los afiliados de Afidro contra el sistema de salud.  Y la encendida reacción de la ministra de Comercio, Industria y Turismo, María Lorena Gutiérrez contra la propuesta del presidente de la Andi de dirimir las diferencias con Trump respecto del TLC a través de los mecanismos previstos en el tratado: “Esto de ponernos machitos ahora que vamos a renegociar el TLC me parece muy grave para el país”, dijo.

Si se consuma el atropello caerán nuestras exportaciones de aluminio y acero a Estados Unidos, -que fueron de 41.772 toneladas en 2017- un golpe muy grave para un sector que venía en recuperación tras un largo período de pérdidas. Pero además se malograrían los resultados que acumula la Andi para contener los excedentes de acero y aluminio que han tratado de introducir otros países en nuestro mercado, en forma irregular, fenómeno que se podría desbordar por la reducción de compras de Estados Unidos.

Es comprensible la irritación del gobierno con Mac Master porque más que la crisis del acero y el aluminio puso al descubierto el gran fracaso de la gestión de nuestro  comercio exterior, con 16 tratados de libre comercio suscritos, sin tener nada para vender, tan rezagados de nuestros socios en los resultados y complejidad del aparato productivo, un esquema voluminoso, inútil y caótico, sin autoridad que lo administre, ni mecanismos de coordinación interinstitucional entre las agencias del gobierno involucradas, ni entre el sector público y el privado. Y parece otro mal chiste, pero esta administración se despide con otro proyecto que empeoraría el panorama: un TLC con Japón.   

Ojalá el próximo gobierno enderece el rumbo, tome en serio los desafíos de la productividad y competitividad, diversifique la producción y las exportaciones y la inserción de nuestros productores en cadenas globales de valor.  

En pocos días los hechos dirán quién tenía la razón, si el gobierno o la Andi. El 25 de mayo se definirá el ingreso de nuestro país a la Ocde. Y lo que decida Trump en la primera semana de junio sobre los aranceles al acero y aluminio, será un mensaje potente y claro para definir, no solo la viabilidad económica y financiera de la industria siderúrgica y metalmecánica nacional, sino el presente y el futuro del TLC con Estados Unidos, ya no a la luz de lo que quiere y le conviene al gobierno Santos, sino de los intereses fundamentales de todos los colombianos.

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