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Opinión

  • | 2019/05/29 14:38

    Las guerras de Antioquia

    El departamento de Antioquia, en la actualidad, vive tres grandes guerras. Son de tal intensidad que hay municipios que se están desocupando con desplazamientos gota a gota y violencia selectiva.

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Lo dramático del asunto es que las autoridades hacen poco y la corrupción institucional en estos municipios es rampante. Al final, la conclusión, tal vez sea que esta ola de violencia terminará beneficiando a los candidatos a alcaldías y concejos municipales cercanos a las estructuras armadas ilegales. Toda la gente que está saliendo desplazada no podrá votar en las próximas elecciones de octubre. Antioquia está ad portas de que en 12 de sus alcaldías los criminales pongan alcalde y concejales.  

La primera guerra y tal vez la más dramática se vive en el Bajo Cauca antioqueño. Allí, desde principios de 2018 comenzó un violento enfrentamiento entre dos viejos aliados: el Clan del Golfo disputándose el territorio con los Caparrapos o el Bloque Virgilio Peralta.

La guerra habría estallado por dos motivos: 1. La intención de un sector del clan de someterse a la justicia y el desacuerdo de otra parte importante de la estructura y 2. La llegada de una serie de ejércitos del narcotráfico, que vía venta de franquicias causaron desacuerdos entre los viejos aliados. Varios sectores de Cáceres y Tarazá se están convirtiendo en zonas fantasmas. Literalmente están vaciando algunos sectores de esos municipios. Por ejemplo, en Tarazá, el Clan del Golfo controla los sectores El Doce y La Caucana, pero la cabecera municipal está bajo el dominio armado de los Caparrapos, grupo que le disputa estos corregimientos a los primeros con métodos que la población compara con los implementados por el extinto Bloque Mineros de las AUC.

Además, líderes campesinos adscritos al PNIS manifiestan que nunca habían sentido tal temor al punto que les ha llevado a cerrar todos sus establecimientos de comercio durante casi una semana, como lo hicieron desde el pasado 17 de mayo hasta el 22 del mismo mes. El cierre no se hizo por un tema de extorsiones, como se registró en algunos medios, sino que se hizo por miedo a perder la vida, ya que, según estos, integrantes de los Caparrapos llevaban varios días al azar, entre abril y mayo de 2019, subiendo en moto a La Caucana y a El Doce a disparar indiscriminadamente contra las casas y los locales comerciales.

Sin embargo, la situación más dramática se vive en Cáceres, municipio que ha aumentado las estadísticas de homicidios y que tiene como epicentro la base de los Caparrapos en la zona conocida como Guarumo. También, en ese municipio está la base del Clan del Golfo. Es tan dramática la situación, que entre 2017 y 2018 el homicidio se incrementó en más de 100 por ciento en la región del Bajo Cauca. En 2017 hubo un total de 128 homicidios y en 2018 la cifra llegó a 396.

La segunda guerra se vive en el norte de Antioquia, particularmente en Ituango. Allí la situación es critica desde hace más de 18 meses y las autoridades poco han hecho. En lo fundamental, una de las disidencias de las Farc al mando de Cabuyo y Ramiro, ha establecido una alianza con los Caparrapos y los Pachelly, esta última es una banda de crimen organizado proveniente del Valle de Aburrá e integrante de La Oficina. La alianza tiene como objetivo detener el avance o entrada del Clan del Golfo. A continuación, se muestra la evolución del homicidio en dicho municipio.

Homicidios Ituango 2012-2018

 

 

Datos: Policía Nacional, procesado por la Fundación Paz y Reconciliación.

 

La tercera guerra se vive en el municipio de Bello, uno de los más grandes del país. En dicho municipio hay alrededor de ocho estructuras criminales. Tres de estas han mantenido una confrontación en 2019: los Pachelly, el Mesa y Niquía-Camacol. Entre otras estructuras criminales se encuentran: los Chatas, los de la Meseta, los del Mirador, los Triana (que tiene la parte oriental) y el Clan del Golfo. Bello es un corredor estratégico entre Medellín y los municipios del oriente, norte y nordeste. Además, la institucionalidad es débil o está cooptada por los grupos armados.

La última de las guerras de Bello arrancó por temas de extorsión. Todo parece indicar que una de las organizaciones criminales pedía una alta extorsión a cambio de permitir la construcción de diferentes proyectos urbanísticos. Ante tal situación, comenzó una disputa por el control de dicha renta.  En Bello, la extorsión también es cotidiana, por ejemplo, cuando alguien tiene un carro y lo deja en la calle, le toca pagar. Si va a construir le toca dar la “liga”.

En algún momento la institucionalidad se sentó con la criminalidad y de allí se derivó una repartición del territorio que terminó en la legitimación de estructuras criminales y les permitió empezar un proceso de lavado de dinero. Los combos también administran justicia. Algunas personas han estado llamando a combos para “ajusticiar” a jóvenes que consumen marihuana en los parques.

 

 

 

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