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Opinión

  • | 2004/04/18 00:00

    Son dos guerras

    Las consecuencias de esta confusión están a la vista. Ni fin del terrorismo, ni democracia en Irak, ni -esperemos- reelección del responsable

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Digamos que uno era el problema de Ben Laden y otro distinto el problema de Husssein, que Bush los confundió y que a eso se deben las bombas en Madrid y el caos en Irak.

El asunto Ben Laden es terrorismo islámico, el asunto Hussein es pura geopolítica. El uno viene de la cuestión palestina, el otro se alimenta del petróleo. Lo uno es más religioso y más cultural, lo otro es más secular y más imperialista. Sobre todo, el uno es obra de grupos islamistas, el otro es cosa de Estados soberanos.

En efecto: el terrorista depende de la clandestinidad para actuar en Madrid, Nueva York o Tel Aviv; pero un gobierno árabe que practicara el terrorismo o de veras patrocinara bandas terroristas sería descubierto y arrasado de inmediato. Por eso la OLP dejó de poner bombas cuando llegó al poder, y por eso Gadafi es hoy un corderito.

Aunque ambas guerras estén emparentadas, una y otra pedían distinto tratamiento. Para decirlo en breve: la guerra antiterrorista se hace con los Estados, la guerra convencional se hace contra un Estado. Lo inteligente, el 11 de Septiembre, hubiera sido convocar a la ONU, empezando por sus 18 miembros árabes, para un operativo policial de gran escala en contra de Al Qaeda, y con un tribunal donde hubiera al menos un juez musulmán.

Pero G. W. Bush andaba en la otra guerra. A él el terrorismo le importaba muy poco, como han revelado el consejero Clarke y la Comisión que investiga los hechos. En cambio se soñaba con invadir Irak y completar la obra de su padre; de hecho, su gabinete en la sombra cocinaba un plan para "llevar la democracia" a Oriente Medio que, además de Hussein, suponía tumbar los gobiernos de Irán, Afganistán, Siria y Arabia Saudita.

Esa visión geopolítica predominó desde un comienzo e hizo que Bush no aplicara la estrategia adecuada al desafío que se le vino encima. En vez de aprovechar la plena solidaridad de la ONU ante Septiembre 11, Estados Unidos puso en marcha su plan para el Medio Oriente. No envió un cuerpo de policía internacional a destruir Al Qaeda sino un ejército a ocupar Afganistán. No convocó una corte internacional, sino que enjauló talibanes en Guantánamo. Y en lugar de contenerlo, le dio cuerda a Sharon en Palestina.

Peor aún, Bush ha montado su popularidad y su campaña por la reelección sobre el pavor a un nuevo ataque terrorista. El pavor que dio pie al esperpento de las "guerras preventivas", y que usó para justificar su ataque a Irak. O sea: el antiterrorismo como pretexto de la geopolítica, el cuento de los "nexos probados" entre Al Qaeda y Hussein para "llevar la democracia" a un país del Oriente -y asegurar, de paso, las fuentes de petróleo-.

Las consecuencias de esta confusión están hoy a la vista: ni fin del terrorismo, ni democracia en Irak, ni -esperemos- reelección del señor que se enredó en la pita. Veamos cada una de estas tres consecuencias:

-Ben Laden sigue libre, los talibanes u otros islamistas rodean a Kabul, y Al Qaeda, muerta como organización, florece como ideología. La ocupación de tres países árabes (Afganistán, Irak, Palestina) más hechos como el asesinato del líder de Hammas, la masacre de Faluja o el arresto de clérigos avivan más y más el terrorismo. Y por su error de acompañar a Bush en confundir una guerra con la otra, ahora son los aliados vulnerables -caso España- quienes pagan el pato.

-¡Ojalá el 30 de junio los gringos entreguen el poder, comiencen la retirada y vengan las elecciones! Pero Ted Kennedy cree que "Irak será el Vietnam de Bush" -hay choques armados en 11 ciudades, hay el Ejército de Mahdi que crece como un cáncer y hay otras varias milicias a la espera-. Y detrás vienen la guerra civil y la ruptura de Irak en tres pedazos, porque la mayoría chíta pide la presidencia mientras suníes y kurdos quieren gobierno colegiado.

-Entretanto los gringos han ido descubriendo la confusión que tiene Mr. Bush, y por eso las encuestas muestran cada vez más distancia entre su popularidad como antiterrorista y la impopularidad de la guerra en Irak. Tanto que el senador Kerry, su rival, reclama abiertamente que la ONU rectifique el entuerto. ¡Ojalá le hicieran caso y ojalá no fuera tarde!
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