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Opinión

  • | 2011/01/25 00:00

    Tiempos difíciles se avecinan

    Después del asesinato de unos jóvenes estudiantes de la Universidad de los Andes, el gobierno nacional se ha esforzado por tomar cartas en el asunto, sin embargo, la situación puede ser peor de lo imaginada.

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En enero de 2009 el Sistema de Alerta Temprana de la defensoría del Pueblo emitió un informe en el que advertía riesgo alto para la ciudad de Cartagena, los municipios Arjona y Turbaco.

En el documento se señalaban amenazas contra dirigentes sindicales, líderes de organizaciones de población en situación de desplazamiento, trabajadores y estudiantes de la Universidad de Cartagena, representantes de organizaciones sociales, líderes cívicos, defensores de Derechos Humanos, y comerciantes.

En el texto se hizo especial énfasis en las múltiples amenazas contra las mujeres desplazadas y el macabro crimen en el barrio El Pozón, en el que fueron asesinadas cuatro personas de una misma familia dentro de su vivienda.

Cartagena ha sido considerada como una de las ciudades más seguras del país, el informe de la Defensoría era la punta del iceberg de lo que estaba ocurriendo en el resto de Colombia, en especial, de lo que estaba ocurriendo en la región.

Panfletos firmados por las Aguilas Negras han llegado recientemente a San Juan Nepomuceno, población de Montes de María, y hace pocos días los medios registraron la entrega de panfletos con similares características en Valledupar. Todos con advertencias amenazantes supuestamente firmados por bandas criminales. Como lo advertí en una columna para Semana.com titulada “Esto se está revolviendo”, la paz en la región es una ilusión. Lo dije, así como lo dijeron los cuerpos de las víctimas desangradas en el departamento de Córdoba.

Después del asesinato de unos jóvenes estudiantes de la Universidad de los Andes, el gobierno nacional se ha esforzado por tomar cartas en el asunto y ha concentrado acciones en el departamento de Córdoba, sin embargo, la situación puede ser peor de lo imaginada y el terror está sembrado en la tierra, se ha sembrado con amenazas y se ha abonado con sangre.

Y no es que al presidente Santos se le haya salido el país de las manos, el país se había salido mucho antes de que él llegara a la Presidencia, con una desmovilización limítrofe, fracasada y débil en sus estructuras. Las llamadas “bandas criminales” que se disputan hoy el poder, son hijos abandonados de un proceso hecho en papel crepé, un proceso que a la media noche, como Cenicienta, vuelve a su triste vestido sucio de hollín.

La situación en la región del Pacífico no es diferente. La inseguridad va más allá de enfrentamientos entre bandas. No son los malos contra los malos. No son balas perdidas. No se trata únicamente de ajustes de cuentas. Se trata de poder, control, dominio del territorio, que está generando más desplazamiento y dolor. Tiempos difíciles avecinan. Tiempos de horror.

El actual gobierno tiene ante sus ojos un desafío inaplazable. Señor Presidente Santos, no sólo mire hacia Córdoba, mire hacia la región, mire hacia el país. Pregunte quién y cómo compran las tierras de los desplazados de Montes de María, pregunte por los toques de queda declarados por grupos criminales, pregunte por el miedo, pregunte por los acosos a las mujeres desplazadas, pregunte ahora y tome medidas, porque después será demasiado tarde.
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