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Opinión

  • | 1993/12/13 00:00

    A tres por hora

    La gente protestó con más furia por el culo al descubierto del rector Antanas Mockus que por el asesinato del Senador Darío Londoño.

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EN UN PAIS DONDE AL AÑO MUEREN ASESINADAS cerca de 20 mil personas, lo sorprendente no es que cada vez haya menos indignación cuando se presenta un nuevo de caso de sangre, sino que todavía la gente se impresione con eso. Esa cifra aterradora significa que cada vez que un colombiano realiza cualquiera de las actividades mas elementales, como desayunar, viajar en bus o ver un programa de televisión, en ese mismo lapso hay dos compatriotas que han encontrado la muerte atravesados por un balazo o ensartados de una puñalada.
Esa convivencia con la muerte a llegado a tal extremo, que tras el asesinato del senador Dario Londoño no había una sino seis hipótesis sobre los posibles móviles del crimen. Se dijo que podía haber sido el cartel de Medellin o el de Cali, según si el análisis indicaba que sus gestiones ante el Congreso o la Fiscalía perjudicaban al uno o al otro. Se afirmó que había sido el ELN en ejecución de la consigna de sabotear las elecciones. Se sostuvo también que podrían haber sido las Farc en desarrollo de una estrategia igual a la de los elenos.
Se le echó la culpa a las bandas de sicarios de Medellín, las cuales habrían podido adelantar el homicidio por voluntad y cuenta propias. Y se afirmó, incluso, que podrían haber sido bandas de sicarios pagadas por las Farc o el ELN, o quizás el ELN o las Farc pagados por cualquiera de los carteles de la droga. Lo peor es que pudo haber sido cualquiera de esas hipótesis.
Pero da la impresión de que se quiere convertir el asesinato del senador antioqueño en un debate sobre garantías electorales. Ese puede ser el camino equivocado para tratar problema bien hondo. El de las garantías tambien lo es, pero ese debe estar enfocado más por el lado del aumento impresionante de la influencia guerrillera sobre candidatos en campaña y alcaldes en ejercicio. Si al poder de la intimidación que ejerce la guerrilla sobre candidatos, electores y elegidos se le suma su poca o mucha capacidad de convocatoria políticael resultado es que se está ahorcando en buena parte del país el único mecanismo conocido para implantar la democracia, que es el voto libre.(Porque a bala no se ha podido).
Quién sabe quién mataría al senador Londoño.Si lo mató el crimen organizado, el asunto es gravísimo. Pero si lo mató alguien que no forma parte de una banda conocida, el asunto es mucho peor. Cada vez que surge un nuevo crimen resulta más difícil establecer los móviles, y eso lo único que demuestra es que no era un asunto importante. Aquí se mata la gente en episodios tan triviales como el robo del espejo de un carro o la discusión sobre un partido de fútbol. Es cierto que el homicidio de personas importantes es, de por sí, un hecho político, y es lógico en esa medida que quienes se dedican a la política pidan garantías oficiales para circular por ahi. Están, además, en todo su derecho. Pero ese debe ser tema de campaha para plantear soluciones y no para pedir protección.
La consternación por el asesinato de Londoño Cardona debe ser aprovechada por los candidatos a la Presidencia o a las corporaciones públicas para plantear soluciones a la inseguridad ciudadana y a la degradación moral de un país que ve morir violentamente a tres compatriotas cada hora. Esa discusión tiene más que ver con la política educativa que con las seguridades de la campaña electoral. Y ya que hay todavia capacidad de indignación, se deberia utilizar el momento para proponer alternativas en el campo acertado.
Claro que eso no significa que se descuiden temas de gran interés para la Nación, como el bigote de Andrés Pastrana. Pero si se sigue dejando que el pais se acostumbre de esa manera a la violencia, se va a volver normal lo que pasó hace pocos días: que la gente protestaba con más furia por el culo al descubierto del rector Antanas Mockus que por el asesinato del senador Darío Londoño.
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